Las tardes grises I
Davo Valdés
Estaba Natalia mirando unas sombras en el pasto: siluetas de golondrinas avisando la lluvia tardía. La humedad se sentía en todo su cuerpo; el calor se impregnaba en los troncos de las palmeras que sudaban en silencio, elevando sus rosotros al cielo. A lo lejos un camino de hormigas huía del mal tiempo: viento, nubes grises y dentro de Natalia, una sensación de excitación se transformó en instinto animal. Su mano se deslizó por sus piernas pálidas, su falda corta se entreabrió y con la mano tocó su sexo. Adentro también iniciaba una tormenta, y el orgasmo llegó con la primera lluvia de la temporada. Sus ojos ahora fijos en las nubes fugaces y caricias del cielo caían en forma de besos mojados.







