Primera historieta
La mañana despertaba del profundo sueño que cada día la hace yacer en su colchón de tierra al otro lado del hemisferio. El horizonte se divisaba como una estampa casi tétrica, aun oscuro, como un negro telón ribeteado con el naranja de un alba frío, helador, paralizante, cuando Allan fue citado por su superior, un hombre serio, calculador y soberbio, aunque justo en el fondo. La empresa requería un representante ladino y sagaz que consiguiese mediante el diálogo obtener una serie de ventajas que permitirian la expansión de esta por distintas partes de Francia. El destino de Allan era Saint Lô, ciudad situada a un par de días al Oeste del París natal de Allan. Partiría al amanecer del día siguiente.








