SOPA DE RELATOS

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Primera historieta


La mañana despertaba del profundo sueño que cada día la hace yacer en su colchón de tierra al otro lado del hemisferio. El horizonte se divisaba como una estampa casi tétrica, aun oscuro, como un negro telón ribeteado con el naranja de un alba frío, helador, paralizante, cuando Allan fue citado por su superior, un hombre serio, calculador y soberbio, aunque justo en el fondo. La empresa requería un representante ladino y sagaz que consiguiese mediante el diálogo obtener una serie de ventajas que permitirian la expansión de esta por distintas partes de Francia. El destino de Allan era Saint Lô, ciudad situada a un par de días al Oeste del París natal de Allan. Partiría al amanecer del día siguiente.


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Ninfas.


Erase una vez, una joven ninfa, la cual era diferente al resto de sus compañeras, y por eso la rechazaban y se negaban a aceptarla como una más. La ninfa fue creando con hojas de sauce una pequeña manta, la cual al cubrirse con ella la rociaba en unas esencias que la apartaban de la realidad. Tal era su obsesión por escapar de lo que le hacia daño, que se creo su propio mundo al cual viajaba constantemente. Un dia fue a su placebo, aquel lugar donde se refugiaba, y solo ella podia ir, donde se rodeaba de sus pensamientos, sus sentiemientos y quedaba aislada de todo aquello que era absurdo, que dolia, que era real.. Y perdió la noción del tiempo, y la noche inundó aquel lugar, y con ella, el frio. La ninfa temblaba; al llegar alli, las preocupaciones desaparecian, y todo era bueno, simple y perfecto, pero la noche vino acompañada del miedo, el dolor, impotencia, envidia, desilusion.. La ninfa corria, y aunque la oscuridad le seguia, ella seguia corriendo, aun sabiendo que le iba a alcanzar. Era mas la angustia que sentia de pensar que podria quedar atrapada en la noche, que el miedo que le producia estar allí. Pero no se puede huir eternamente, y aunque ella corriese, la oscuridad seguia estando allí. La ninfa era fuerte, y lo sabia.


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