Inspiración
De nuevo frente al ordenador… ideas vacias que carecen de sentido y de final pasan por mi mente, pero ninguna lo suficientemente buena como para escribir el perfecto relato que ando buscando.
Princesas, dragones, presos y soldados pasan volando por mi imaginación, pero ese personaje cuya personalidad y actos asombren al lector está aún lejos de ser encontrado.
Otro café, un par de cigarrillos y de vuelta a la mesa a continuar escribiendo.
Y entonces me doy cuenta de lo que ocurre: busco la inspiración, trato de forzarla a aparecer, pero no me doy cuenta de que la estoy tratando mal… Insulto a mi mejor aliado frente al público, y ella se niega a aparecer; no es un instrumento, es un amigo, y no puedo tratar de usarla sólo cuando me plazca… Debe acompañarme en mi día a día, tiene que ser un compañero, no una mochila que llevo a rastras para tratar de abrirla a mi imaginación cuando me convenga.







