Parapeto
Los edificios parecen doblados, como si fueran a caerse hacia dentro, sobre las cabezas de los transeúntes. Al mirar hacia arriba veo que los pisos casi se rozan por los tejados, dejando tan sólo una rendija por la que contemplar el cielo, que es de color verde. Supongo que por eso hay tan poca luz, a pesar de los farolillos chinos que alumbran el ambiente, los cuales antes me habían pasado desapercibidos. El suelo es de gravilla y mientras camino veo pequeños brillos en él, azules y verdes y blancos, como si fueran piedras preciosas, pero no lo son. Son canicas. Huele a carne. El aire parece impregnado de ese olor, como si en todas las casas estuviesen asando chuletas, y en lugar de abrirme el apetito, me sobrecoge una arcada.







