PODÍA ELEGIR
El hombre entró en la habitación y encendió la luz. La mujer se incorporó de la cama y lo miró expectante. Él llevaba la camisa fuera del pantalón, tenía los ojos enrojecidos y en su cara se dibujaba una gran sonrisa.
–Hoy estoy contento. Esta noche puedes pedirme lo que quieras.
La mujer se quedó callada.
–Vamos… te doy a elegir, como el viernes pasado.
–Pero no es necesario, yo me conformo con…
–Claro que es necesario. Hoy estoy muy excitado. No me hagas perder el tiempo porque no voy a poder aguantarme. Dime.
La mujer volvió a callar, preguntándose sus posibilidades y sopesando las ventajas y desventajas de cada una. Quizás sólo sopesaba las desventajas.
–Venga… que te estoy dando a elegir… Deberías agradecérmelo, no todos los hombres son tan generosos con sus mujeres. ¿No crees que deberías darme las gracias?







