SOPA DE RELATOS

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Ideas y sendas


Escenario Vacío

Personajes anónimos en anónimo blanco escenario vacío

Gobierna la calma entre ellos, no tienen nombres pero tampoco los necesitan

Si el género no fuera congénito se les acusaría de tomar un bando

Sus mentes están en blanco; son superhombres, entrenados en el blanco de sus mentes

No conocen yo alguno, solo la virgen e inviolada senda única, alejada de todo camino

Solo paisajes de una senda, una sola senda intransitada que solo ellos conocen

No recuerdan haber estado en ella anteriormente y, sin embargo, deberían tener mentes blancas

No pueden recordar, el camino es tirano y sabe hacer obedecer su ley

El camino tocaría a su fin si no supiese hacerse obedecer

Se es en el momento de la presencia motriz del camino

No se sabe final alguno; el ahora impide pensar e impide recordar


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CONCURSO: Los mejores de SOPA DE RELATOS


¡Hola, soperos!

Dado que SOPA DE RELATOS lleva en funcionamiento más de un año, nos gustaría poder elegir el mejor relato de todo este tiempo. Por ello, convocamos el 1º CONCURSO “LOS MEJORES DE SOPA DE RELATOS”, donde se votarán el mejor o los mejores relatos que han sido destacados.

Estos relatos son:

Paciente Nº 214 (destacado de julio de 2008), por Lascivo.

Mr. Pípez (destacado de agosto de 2008), por Articmasteray.

El Náufrago Humillado (destacado de agosto de 2008), por Pequadt.

Cuatro Genios y una Isla (destacado de septiembre de 2008), por Pequadt.

La Cumbre de Kioto (destacado de octubre de 2008), por Pequadt.

Caperucita Boba, la Historia Nunca Contada (destacado de noviembre de 2008), por Zilniya.

La Boca de Metro, parte I y parte II (destacado de noviembre de 2008), por Champinon.

El Diario de… Invitado Especial (destacado de diciembre de 2008), por Lascivo.


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Ganador del cuncurso de terror (y 2)


Aunque con un poco de retraso, anunciamos a los ganadores del concurso de relatos de terror.

Este relato fue escrito por Newowen y ha sido uno de los ganadores del concurso. ¡Felicidades!

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SÉ PULCRO

Los hombres intentan purificarse manchándose de sangre. Es como si, después de haberse manchado con barro, quisieran limpiarse con barro.
Heráclito de Éfeso.

Mi madre me lo enseño desde muy pequeña; Nada como la belleza de una casa limpia y respirar tranquila.

Se sentía bien llegar y sentir la tranquilidad de un entorno higiénico. Por eso me asqueaban los dientes azules del tutor que venía a darme las clases: el Dr. Robertson.

A Philip le conocí cuando mi aversión por los gérmenes empezó a crearme dificultades para encontrar trabajo a pesar de mi impecable curriculum. No entendían mis necesidades.


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Ganador del concurso de terror (1)


Aunque con un poco de retraso, anunciamos a los ganadores del concurso de relatos de terror.

Este relato fue escrito por Darthgavin y ha sido uno de los ganadores del concurso. ¡Felicidades!

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LOS CAZADORES

Llovía mucho. Una negra figura se colaba entre los grandes árboles, pero caminaba con mucha dificultad. También jadeaba. Estaba caminando, pero lo perseguían, así que empezó a correr. Tropezó. Ahora que había salido de la espesura del bosque la luna ilumino su rostro. El miedo más puro brillaba en sus ojos verdes.

Sus perseguidores se acercaban cada vez más, no había tiempo que perder; debía advertirles a todos. Sin embargo, sus heridas lo hacían cada vez más lento y faltaba mucho camino hasta su pueblo.

Maldición, pensó.


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Recuerdos de familia capitulo 3: la casa de Roberto


Cuando Eddie cruzó el umbral de la puerta y salió al porche persiguiendo a Roberto, quedó paralizado.

El normalmente tranquilo vecindario en el que había vivido toda su vida parecía ahora salido de alguna película de desastres. Se escuchaban gritos desde todas direcciones. Personas salían de sus casas gritando como si estuvieran en llamas –algunos de hecho lo estaban. La mayoría de ellos  tenían los brazos y las pernas en su totalidad surcados por profundas heridas. Otros habían perdido algún miembro y de ahí donde había estado ahora solo chorreaba sangre y colgaban tendones– ¿Cuándo pasó esto?, se preguntó Eddie, y ¿Cómo?

–Es eso que viene –dijo Roberto. Estaba parado en la acera viendo la escena con más ira que miedo–. Viene y necesita sacrificios. Muchos.

Por un momento Eddie no pudo decir nada. Los gritos no hacían más que aumentar en intensidad. Eddie pensó que se volvería loco. Cuando por fin puso hablar, gritó:


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Un señor vaso.


Bizqueaba ante el vaso. Parecía esforzarse por penetrar en la esencia del vaso, desentrañar su misterio. Pero estoy seguro que no, que no pretendía parecer esforzarse. Aun así, yo lo veía con los ojos del viejo fanático coleccionista de situaciones pretenciosas. La objetividad era el propio vaso, que yo, indudablemente, veía desde otro ángulo. Y en el fondo lo sabía, como es natural a todo cerebro relativista, y es que él solo observaba la luz reflejarse y refractarse en eterno jugar con la doble percepción que tenemos los humanos de la luz y que podemos, en cualquier momento, reducir a una o incluso a nula percepción si la disposición es favorable. La única verdad que optamos a conocer es la mentira de lo conformante, que sabemos insuficiente, pero que necesitamos constituir como verdad, a fuerza de no quedar indigente y al descubierto durante la propia precipitación sobre uno mismo.
No recuerdo si estaba convencido o dudaba de la secreta comunicación posible entre nosotros. Solo sabía, que cabía, en esa dirección, la posibilidad de un pensamiento por su parte, de una comunicación inefable sobre el mismo ámbito de dudas y que, sin duda, no se podía dar en ningún ámbito de concreción, sino en el absoluto dudar que, de absolutismo, se conforma en absoluto convencimiento y, de total omnipresencia del conocimiento, es decir, de absoluta duda, se conforma en parcial dudar. Sabía, durante el mismo instante de contrucción de dicha idea, que la propia contrucción de una idea encaminada al relucir del detalle de la posible comunicación, y que yo veía como la simetría total entre mente y mente incluyendo pausas y negligencias, era completamente imposible como es imposible la repetición de un momento del ser o del no-ser o del espacio o tiempo o ambos o ninguno.
El vaso era particular, era completamente incoloro y transparente. Su contexto era extremádamente boscoso. Depositaba todo su peso sobre un viejo tocón de árbol del que ya hacían varios años crecían pequeños proto-árboles que enrevesaban con las opacidades y semiopacidades el vislumbrar de los juegos de la luz con el vaso. Él, acuclillado en desastrosas posturas que debían ser consecuencia de la inconsciencia del propio ser y esta, a su vez, consecuencia de su identificación con los ramajes, omnipresentes menos vaso, fabricaba con su mente (o proyectaba el fabricar de su mente) el vacío, que en sí mismo era el que fabricaba el fabricar del vacío. El tiempo tornose en un estatismo mayestático, del que surgían, en un único y eterno respirar, olas de impermeable pensamiento proyectadas. Vivió todas las vidas posibles en el haz de aquel instante, rodeado del vaso, observando el bosque, adherido, por fuera y por dentro del vaso, a la visión de ubicuidad. Sin percatarse aún del contexto del bosque, éste, desapareció completamente durante un instante tan eterno que tardo aún unos dos minutos en recuperarse del poderoso trance y de su violenta muerte. Se hayaba, increiblemente, sentado en una silla (a pesar del dolor que sentía en las rodillas, consecuencia del largo periodo de tiempo que había pasado acuclillado), su mano izquierda sujetaba un cilindro poliédrico con capacidades de almacenamiento de fluidos y derecha se encontraba deslizada por entre piel y ropajes al interior de algún movimiento repetitivo. Volvió sobre el bosque, que recordó desaparecido y observo la figura de un edificio; un perfil solamente, que ensombrecido en su area interior, podía pensarse se tratase de una figura geométrica proyecctada sobre una lona y que podría ser el comienzo de alguna banal continuidad. Pero en tanto que se proyecta sobre la idea abstracta, confluyente sobre la misma idea que se perpetúa en intemporal nada sobre el presente, acechando, condensandose, y después, precipitando y alimentando las alimañas y árboles parapetadas en la insignificante porción de tiempo, como dirían los pensadores. Sin irrupciones, ni puntos, ni apartes, ni ambos, el coreógrafo tiende conexiones, puentes, y caminos entre las innumerables realidades presentes en dicho momento presente. Predice, en ocasiones, los artículos correspondientes a la palabras exactas que desea utilizar, otras, en cambio, deja que los artículos cobren vida e influyan, con su encanto y existencia y ambos, sobre el aciago concepto, que el compositor solo podrá elegir de entre todos los que tengan el aleatorio género determinado y, así, conviven en la existencia independiente del mundo, que intruído en su propia razón, acaparará los indeseables designios del pan de unas alimañas que, gobernadas por la razón, el infortunio y el cercenado autodomeñe, solo se conservan aglutinadas tras la opaca guarida de la memoria que, depositada en algún estante de ordenación, activado en la mente del espectador de dichos conceptos, no podrá controlar el ángulo de visión con que será observado, con lo que el arquitecto pierde los estribos, olvidando, tal vez, que si no determina lo suficiente la presencia de alguna viga maestra en la memoria, el que observa caerá en la contemplación de la gracia concerniente a toda estructura en su agigantado apocalipsis en pos de la ruina.


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