SOPA DE RELATOS

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Alas de mariposa.


Fue tan oscura y trágica, esa noche. La noche en que me separé de este mundo, la noche en que di un disgusto a mi querida hermana. La noche que morí.
Lo recuerdo nítidamente, era una noche ventosa de verano, en que el rítmico golpeteo de los pórticos de las persianas contra las paredes de afuera me despertó de mi dulce sueño infantil.
Traté de dormirme; de veras que sí, pero simplemente no podía. Me había desvelado ya, y tras unos minutos manteniéndome quieta y tensa para no despertar también a Sue, cuya casi inaudible respiración sonaba acompasada en la cama debajo de mí, me levanté con cuidado de no hacer ruidos innecesarios. Abrí la ventana, salté a la escalera de incendios que había justo al lado, y subí rápida a la azotea, dónde tantas veces había ido en las noches de insomnio, sola o con Sue.
Aspiré profundamente, saboreando la fresca brisa de aquella noche, y contemplando las luces de la ciudad por debajo de mí. Me embelesé, pensando en cosas de niñas, dejando el tiempo pasar, entreteniéndome adivinando de qué color sería el próximo coche en pasar, cuando un destello rojo que cruzó mi campo de visión me desencantó; seguí esa mancha con la mirada. Se trataba de una pequeña mariposa de un intenso color escarlata, que revoloteaba apaciblemente, aparentemente ajena a la brisa que me apartaba el pelo de la cara.
Aplaudí, contenta. ¡Era tan bonita…! Brinqué detrás de ella, quería atraparla, que con sus alas de algodón me acariciara las mejillas. La perseguí, pero no se dejaba atrapar. Hubiera jurado que jugaba conmigo, hasta que después vi que jugaba conmigo, no como con una compañera, sino como con un juguete.
Se posó grácil en la barandilla que delimitaba la azotea, y sonreí, confiada. Ya la tenía, ¿no? Corrí veloz y con las manos abiertas, la tenía, la tenía… pero no. Salió volando, aguardándome apenas un metro más allá de la barandilla. Fruncí el ceño, y me encaramé, moviendo el brazo, tratando de alcanzarla. Se alejó un poco más, me apoyé para tratar de llegar más lejos, y entonces…, pasó.
 Mis pies, de puntillas, resbalaron con el frío hormigón del suelo, y no pude agarrarme al frío metal pintado de la barandilla. Me caí, mi camisa de dormir ondeando al viento, mis brazos extendidos, aún no sé si tratando de agarrar la barandilla o bien la mariposa, que seguía revoloteando a la misma altura que antes, riéndose de mí.
 Parpadeé muchas veces, la caída me tomó tan de sorpresa que no me imaginaba el sordo ruido de mis huesos crujiendo contra la claraboya iluminada que había bajo mi cuerpo, y que cada vez se acercaba más.
 La última imagen que mis ojos grabaron antes de morir, fue un intenso color rojo oscuro que salía disparado, no sabía de dónde, rodeándome. Y me sentí feliz entre tanta confusión, pues creía que se trataba de las alas de la roja mariposa que me acogían con ternura.
Una fracción de segundo después de tocar el frío cristal, ya no estaba ahí. Y el suave viento seguía moviendo mis ropas y cabellos, en esa cálida y ventosa noche de verano en que morí.


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XVIII


No es de esperar, ni bajo todas las burdas leyendas que recaen sobre la noche, que tal transformación se llegara a realizar.
Su fisionomía se desencajaba en una mueca feroz, las venas de sus manos se dilataban pues la sangre se agolpaba arrítmicamente con una fuerza superior debajo de su piel. La mirada estaba totalmente atravesada por el oscuro amenazador de sus pupilas. Algo también, como un alarido reprimido, le serraba la garganta de arriba abajo, casi apresándole con crueldad el estómago cuando le terminaba de recorrer. Digamos que llevaba cosido a fuego el infierno en sus entrañas, y también, podría decirse que el alma se le desdoblaba en más de un ser.
Y arriba, ella: Se encontraba inminente, luminosa, enorme, inalcanzable, atemporal, perfecta, ideal, poderosa, dominante desde aquel cielo apocalíptico negro como los fondos de ese ser que la alcanzaba a contemplar.
Definirlo como un amor desarraigado, no correspondido, incluso diría que limitado por dos mundos diferentes se quedaría lejos de la auténtica realidad.
La existencia vertió en solo poder rozarla, un momento de sosiego, un segundo de paz; Si  su alma en algún momento llegó al Nirvana fue cuando las llamas del ocaso consiguieron liberarle de su cuerpo… Y logró besarla.
No hay forma más horrible y bella de morir.


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Desprecio


-Entonces… quieres la verdad ¿No?
-Sí, eso es lo que quiero.
-¿Segura?
-Muy segura
-Bien, esta es la verdad- dije poniéndome de frente a ella –En este momento tengo cosas que requieren más atención que tu, en este momento de mi vida tu eres solo un beneficio segundario del que puedo sacar provecho cuando así lo requiero.
Tus ojos se llenaron en lágrimas y te alejaste sin decir nada. Aunque no me sentí bien al decirlo, era necesario que lo sentdo tantas veces po mi durante tantos años, tu lo sintieras por lo menos una vez, era lo justo… desde mi punto de vista.

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Defectos y virtudes


Perdona, si a veces olvido tu nombre, si no me acuerdo de ti, si estoy ausente, distante, si camino entre la gente creando historias paralelas a mí.
Perdona, si digo cosas incoherentes, si hago cosas sin sentido, si las fuerzas flaquean, me pierdo, me busco y no me encuentro.
Perdona, si a veces no me soporto o no te soporte, si me enfado, si estoy alegre, si rio o lloro.
Perdona, por llevarte a esa habitación vacía con una ventana el mundo exterior y llena de nada.
Perdona, si algún vez te entiendo y otras no te comprendo, si invento castillos en el aire, si no se estar en el mundo real.

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Llamada a una salvación


¿Cuántas lágrimas he de guardar, en mi bote de cristal?

¿Cuántos días he de olvidar para volver a ser feliz?

La vida, pura rutina, puro azar,..

No hace falta que diga todo lo bueno que me trajo la soledad en ciertos momentos, pero, si bien es cierto, sigo sin creer que haya un día sin mañana, una noche que no vaya más que a la deriva.

No creo que sea ético poder pegar una paliza a alguien, y encima, pegarnos unas risotadas.

Dejé de llorar hace tiempo en público a un amor prohibido, a una noche que no quiere volverse a repetir.

Sé que no puedo pedir que alguien reconozca lo que siente, imponer la verdad en la que yo creo, por mucho que sepa que en el fondo tengo razón, pero es lo que mi corazón manda como señal al cerebro.


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Basura prima


Mañana regordeta de inflada presencia en su despertar tras de noche y dia y noche y. Amarramiento de un utensilio de escritura ¡zas, zas! esquematización concluida. Convecciones de matinal emanación del trasero en infinita gradación de materias y presencias. Una mañana se despertó con pús en el rostro después de haber vivido todos los dias de su vida. Una cafetera coloreada, un manillar sucio de tradición, un vaso de conceptos bien calientes… con leche. Un tan poca luz que ni leer los propios pensamientos se puede ¡Vaya mañana! ¡Esta mañana! Un loco me salta de la tinta de „a“ de „Mercaderes asírios boicotean la cámara de comercio de Estonia“ de Perez Prado en el matinal „Augusto Augurio“.

¡El loco es él! ¡No le creais! ¡Nació de la tinta! ¡De la tinta!

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basura literaria nº 1


Un embalaje me era infiel…

Lorro lorro y lorro y no paro de llorar…

Unas veladuras me tapaban su interior

¡No seas recatada! – Yo la decía

Úrgame por y entre el lazo – Replicaba enfurruñada

¡Ay! ¡Que no se deja ver por dentro!

¡Ay! ¡Que no es tiesto y lleva flores! – cantaban en el pueblo

Un dia amaneció el pueblo sin cantares…

¡Oiga! ¡Florencio! ¡Despierte! ¡No se oyen ruidos de cantares! ¿Será que algún embalaje, que yo me sé, ha desvelado su secreto?

No hombre, hijo, nieto, sus veladuras son de cobre y de metal, de sillería y de artillería… son más inamovibles que Dios en persona mi hombre, hijo, nieto

Gracias a ese mismo ¡Si! ¡Menos mal! Corramos a comprar pan

No, hijo, hoy no queda pan, se ha acabado, corre y díselo a Florencio


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Iquor L-3


La música acariciaba la psique de Fangor Eisenhart mientras levitaba sobre la vasta extensión de un océano virtual. Descendió hasta casi tocar la superficie del metano y aceleró tanto que levantó una enorme estela espumosa que podría estallar con una leve chispa. De repente, el horizonte se abombó y ante él se materializó el rostro de Coriolis, su segundo al mando.

-Krutzberg, hemos llegado a Iquor L-3. -El oficial parecía brotar directamente de las ondulantes extensiones del océano. Fangor cerró el sistema de simulación y la onírica escena dio paso a las frías paredes del camarote. Se frotó los ojos y suspiró.

-Bien. Ahora bajo.

-Is tian, Krutzberg.

Cuando Coriolis cerró la compuerta, el Krutzberg Fangor se aproximó al ventanal para observar aquel objeto errante. A simple vista no percibió nada en particular. A poca distancia, una estrella bastante mediocre llamada Iquor mantenía en su órbita un reducido sistema de masas.


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Experiencias


Orilla de un lago, con una gran piedra.
Lock y Tim están sentados en el borde del agua, sobre una roca. Ignorándose mutuamente observan la nada, el horizonte a su alrededor.
LOCK se quita la chaqueta. TIM se recuesta hacia atrás con las manos tras la nuca. LOCK se quita los zapatos.

TIM:Cuentame más
LOCK: (Sorprendido) ¿Más? ¿De qué?
TIM: De tu viaje
LOCK: (Mirando alrededor de sí mismo) Estoy aquí. He estado aquí todo el rato.
TIM: Aparentemente
LOCK: Eso parece
TIM: Tan cerca
LOCK: Pero he estado lejos
TIM: ¿Lejos? Has estado aqui todo el rato
LOCK: Si, pero he viajado
TIM: Tan cerca
LOCK: No sé a qué te refieres
TIM: Y sin embargo, tan lejos
LOCK: (Comienza a cansarse) ¿Me has oido? He dicho que he viajado
TIM: (Pacificador) ¿A dónde?
LOCK: Al interior de mi mente
TIM: ¿Al interior de tu mente?
LOCK: (Contento de recibir atención) Sí, ¡Qué miedo!
TIM: Cuentame más
LOCK: ¿Más? ¿De qué?
TIM: (Con el mismo tono) De tu viaje
LOCK: ¡AH! Encontré las sombras
TIM: Los recuerdos
LOCK: Qué miedo
TIM: Pobre


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Los roces del destino


Es todo más extraño.

Desde que el cielo dejó de estar presente en mi vida de idiota adolescente, nada ha vuelto a la normalidad.

Sentir que los días no son más que pura rutina no ayuda a dejar la dependencia que creaste a un amor que no tenía ni pies ni cabeza.

Se que hoy por hoy me encuentro tan o más solo que cuando el hechizo de la ignorancia consumía mis sentidos.

La maldita pubertad está haciendo que cada día odie más este maldito lugar en el que me ha tocado vivir por un tiempo tan indefinido como finito.

Aún recuerdo la voz de mi abuelo, la sonrisa, su forma de tratar la vida,… El día era corto cuando tenía que ir a algún lugar en la compañía de uno de los hombres más inteligentes que conocí.

No quiero olvidarlo nunca nunca nunca,..


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Memorias


Orilla de un lago, con una gran piedra.
Lock y Tim están sentados en la orilla de un lago. Ignorándose mutuamente observan la nada, el horizonte a su alrededor. De pronto Lock se levanta exaltado y enojado. Tim le sigue mirándole de cerca y tratando de averiguar qué le pasa

LOCK.- Dame respuestas
TIM.- ¿Respuestas?
LOCK.- (Suplicante) Por favor
TIM.- (Cada vez más extrañado) ¿Respuestas?
LOCK.- Sí, las necesito
TIM.- Primero tienes que preguntar
LOCK.- (Sorprendido) Ah, claro,…pues…
TIM.- (Inclinándose hacia él y alargando la pregunta) ¿Si?
LOCK.- (Débilmente) Veamos,…(Pausa y sube la voz) Si desvanecerse en el espacio es desaparecer, ¿Qué es desvancerse en el tiempo?
TIM.- Es fácil, morir
LOCK.- Olvidarle a uno
TIM.- Que no te recuerden
LOCK.- Estar sólo
TIM.- Morir
LOCK.- (Con desesperación) ¿Me olvidarás?
TIM.- Ni aunque quisiera podría
LOCK.- (Débilmente) Gracias

(Se miran unos segundos. Después TIM se aleja para dar una vuelta por el escenario y acabar en el mismo lugar)


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EL AUTOR


La luna se guarda temprano aquella fatídica noche, las bestias carniceras deambulaban sedientas de sangre, nada ni nadie las paraba, amas y señoras de las tinieblas.

Danzaban en la oscuridad.  Los ojos inyectados de sangre, la boca espumosa, dando alaridos de gozo y placer, esperando el momento para atacar.

El fétido olor que emanaba de su cuerpo era insoportable, el ambiente estaba cargado de muerte y destrucción…

De donde salieron? Y como llegaron hasta allí? Difícil de saber lo cierto es que estaban y hambrientas…

Solo alguien podía parar aquella horda infernal, antes que diera rienda suelta a su ritual sangriento…

El autor…  Que con un simple golpe de teclado borro aquella ficción macabra.

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ASESINO SERIAL


Quien se iba a imaginar que aquel tierno anciano, de pelo blanco chaparro y bonachón, de ojos cansados por el peso de los años, fuera el asesino más cruel y despiadado sobre la faz de la tierra

Si, eso era. Con premeditación, alevosía y ventaja, atacaba a sus indefensas victimas,

Usaba diversos métodos, pero el mas infalible era el de introducirse en casa de sus victimas y ya adentro descargaba su furia.

Acabo con familias enteras en poco tiempo, era como quien dice un profesional en el arte de matar.

Muchas veces lo contrataban para hacer el trabajo sucio, no-tenia remordimiento alguno por sus victimas. 

Esa era su vida, su pasión y además un buen negocio.

Era el exterminador de Termitas.

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DIALOGO FINAL


El sonido de tierra que va tirándose se hace más intenso…

-         Quién esta allí? Conteste.  Se escucha una voz cavernosa. La tierra para de caer.

-         Solamente es alguien aquí presente.

-         ¡Porque me dejaron abandonado!

-         Nadie te abandono

-         ¿Y entonces porque me siento solo?

-         Tu así lo quisiste.

-         Mentira, siempre estuve rodeado de amigos.

-         De aduladores y serviles querrás decir.

-          

-         De mis hijos y familiares.

-         Que olvidaste con el correr de los años.

-         Ellos fueron injustos conmigo.

-         De tal palo tal astilla no te parece.

-         De que lado estas tu.

-         Del lado de afuera, eso creo.

-         No sé porque hablo contigo.

-         Porque soy el único aquí  en este momento.

-         Es verdad, y te lo agradezco.


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Bello ángel con alas de sangre.


Volví a soñar con eso, con aquel día en que mi infancia se rompió en mil pedazos, en que mi mundo se desmoronó ante mis propios ojos, rasgando esa agradable máscara que cubre la realidad, y mostrándome esta última con toda su crudeza. Nunca olvidaré esos minutos, tal vez los más angustiosos de mi vida. Nunca olvidaré cómo me desperté, en mitad de la noche, a causa del fuerte viento que soplaba aquella noche. Ni tampoco lo silencioso que me parecía todo, mientras trataba de dormirme, ni los eternos minutos que tardé en darme cuenta de que lo que faltaba era la respiración de Abigail encima de mí. Me levanté de un salto.
Sabía perfectamente dónde estaba, por algo éramos hermanas. Fui como una exhalación, salí por la ventana y con cuidado diposité mi pie descalzo en la escalera de incendios. Subí a toda velocidad a la azotea; no la vi.
Una vez ahí, la vista nocturna de la ciudad me cautivó una vez más, y me olvidé del paradero de mi hermana por un segundo. Contemplé entretenida la ciudad de noche, encaramada a la barandilla, pensando en que cuando fuera mayor pasaría las noches divirtiéndome entre luces de neón, dominando las callejuelas nocturnas de esa ciudad que nunca duerme. Entonces fue cuando la vi, y teniéndome a mí tan embelesada, me tomó aún más por sorpresa, como un puñetazo que viene por detrás.
En la claraboya de cristal que daba a ese lado de la azotea, en el edificio de enfrente, muchas plantas más abajo, la vi.
Una mancha oscura, como disparada, cubría la iluminada claraboya ante mis impresionados ojos. En medio de ese charco de sangre negra, ella, Abigail, Abby, mi hermana, una delicada figura blanca, como una pequeña paloma de seis años, sus plumas un ondeante camisón de algodón blanco, mancilladas aquí y allí por alguna que otra salpicadura de negro fluido vital. Su pelo claro ondeante, sus ojos abiertos de par en par, sorprendidos, fijos al infinito. Fuera de mi alcance. Con ese gesto de sorpresa, de horror, en su dulce rostro infantil. Con esas dos alas de sangre negra brotando de sus espaldas. Un bello ángel caído con sus alas teñidas de sangre.


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Tres relojes rotos


Hubo una vez en Roma un famosísimo relojero que cayó en bancarrota. Desesperado reunió todos sus ahorros y consiguió fabricar tres perfectos relojes: uno de oro, otro de plata y otro de cobre.

De los tres relojes el más orgulloso era el reloj de oro, pues aseguraba que lo habían fabricado con material del astro Sol. La más presumida era sin duda alguna el reloj de plata ya que según ella su material venía de la Luna. Y de los tres relojes, el más afligido era el reloj de cobre, el cual se lamentaba de haber sido fabricado con un material muy simple y abundante de la Tierra.

Cierto día le acaeció a cada reloj una desgracia. El reloj de oro fue robado del establecimiento del pobre relojero. El ladrón, para intentar que la policía no le atrapara con el reloj encima, lo arrojó al río Tíber. No obstante la policía pudo encontrar el reloj en el fondo del río, pero se había roto al chocar contra una roca del cauce.


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Juegos de Relatos


Abrí mi Skinhead Sorpresa sin esperar lo que encontraría dentro: las Cuatro Meninas del Apocalipsis invitándome a ir de vacaciones a la Manga del Mal Menor.

—Pero yo prefiero el Anime del Mar Menor —contesté. Y antes de que pudieran replicarme, una Tortilla Ninja salió de detrás de una esquina. Me miraba amenazante, y me dijo:

—Toma colega, caramelos del Zodiaco.

—No, gracias —le dije, y añadí—. Tengo una piruletagoyena, y tú deberías morir bajo los efectos de la sosa holocáustica, el orinaranjus y los gusanos de sida, maldito seas.

—Pues nada —se encogió de hombros—. Habrá que hacer mojón y cuenta nueva —y desapareció súbitamente.


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cuanto le quería


Cuanto le quería.

Era como un león salvaje, aunque también se dejaba querer.

Cariñoso como nadie, apuesto a que hubiera dado la vida por mí.

Era lo mejor que me había pasado, era mi hermano de otra madre.

Tenía un bigotillo como el de un chaval de 15 años sin afeitarse.

Sus ojos eran pequeños y desprendían cariño.

Tenía los dientes un poco grandes pero eso era lo de menos.

Un pelo suave como ninguno… más suave que el culito de un bebé.

No sé cómo explicar lo que había entre él y yo, era algo mágico.

Mi pokemon pikachu era el mejor de todos.

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Me pierden.


Me he perdido. Estoy perdido y condenado. Maldita sea. No hay luz. Eso es irónico. Hace horas que lo pienso. Hay humedad. Llevo días aquí. Perdí la cuenta. Lo peor es que no me he perdido yo. Lo peor es que yo no tengo patas para perderme, ni para encontrarme. Me han perdido. Me buscaron unos días. Los escuché preguntar por mí. Luego desistieron.


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El Cadáver parlante


El Cadáver parlante

El ambiente cerrado húmedo y poco acogedor de la sala del velatorio, no suponía ningún obstáculo para nuestro amigo.

Hijo venido a menos pero, el único que tenia su madre. Una persona miserable y avara, más agarrada que un sello.

Aprovechando el tumulto general del velatorio, se escondió en los retretes. Cuando todos se fueron, se acercó cauteloso y dubitativo.

-Madre… le decía al oído del cadáver, naturalmente no recibió respuesta alguna. Él siguió susurrándole.

-Madre… cada vez más nervioso, al ver que su familiar seguía tan pálida e inmóvil.

-Vamos mísera, ¿dime donde lo escondes? Hablaba ya elevando la voz y zarandeando el cuerpo.

Unos paso y murmullos le pusieron alerta. Una pareja muy animada venia dándose besos y arrumacos.

A nuestro amigo, le vino justo para esconderse tras una pesada cortina.


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