SOPA DE RELATOS

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Voy esquiando a toda velocidad, con la sensación del viento en la cara, pero… ¿Qué haces? ¡Frena! ¡Frena! ¡¡FRENA!!

Nada, otro accidente, si es que si coges el rifle… ¡apunta siempre a los ciervos! Con esos cuernos que tienen… Yo diría que aún no saben que sus mujeres son unas zorras…, o lo que es lo mismo, ¡el maldito animal que de nuevo se te ha vuelto a escapar! ¿Cómo quieres que a esto se le llame cárcel si continuamente salen y entran los ladrones cuando les viene en gana? Deberías poner una maldita alarma para controlarlo… ¡Esto no es un niño es un demonio! Así que ya sabes llama al maldito sacerdote. ¡No pienso confesarme! Pero tío… que has violado a una oveja… Se la esquila, ¿Esquía? Pues macho… Vaya velocidad, debería frenar… ¡Oye frena! ¡Frena! ¡¡FRENA!!

-Así que… No sé doctor… ¿Usted que diría?


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La ratonera


Correr, correr, correr sin parar.

Una carrera desesperada sin mirar atrás, y con la sensación de no estar avanzando.

Paras a beber agua y a comer lombrices o lo primero que encuentres…

De nuevo un pie moviéndose tras otro, una pierna, y luego otra; no hay descanso, no hay dolor, sólo la sensación de estar dando vueltas y esa cara infernal  y fea que no paras de ver.

Tienes que huír y por tanto sigues corriendo. Echas de menos a tu familia, pero sabes que no la volverás a ver; ellos ya pasaron por lo mismo, y no se salvaron, y tú no serás especial; pero a pesar de todo tienes que continuar para intentarlo.

Al final desfalleces y tienes que parar a descansar; aún con esa cara enorme ahí delante, mírandote, que sabes que tarde o temprano será lo último que veas…

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