Amor, fidelidad, amistad y poder
Se ha escrito mucho sobre lo inscribible pero yo voy a escribir sobre unos valores muy concretos relacionados con la fuerza, la debilidad, el poder de lo que la socialización hace con el transcurso del tiempo. Desde pequeñitos buscamos sueños, nos centramos en ellos por los cuales tienes que encontrar durante el camino un apoyo, un oxígeno, tus amigos; empiezan siendo algo abstracto para ti, sin mucha importancia, hasta que el tiempo y los hechos revelan lo que verdaderamente sientes por ellos, no amor sino un sentimiento de fidelidad, un sentimiento de tener que devolverles todo lo que ellos han sacrificado por ti y viceversa. Finalmente, los afortunados encuentran algo más, algo nuevo que supera la amistad, es algo que te corrompe y te condiciona, el amor. Cuando el amor se vuelve correspondido todos los días de tu vida con esa persona son como aquellos sueños que no cumpliste de pequeño.
Los Pajaros
Con miedo, con mucho miedo salí corriendo, las piernas casi no me respondían, me tropecé y caí al suelo. Me levante, mire a mí alrededor, vi cuerpos de personas, desmembrados, tirados por ahí. Una mano se agarro a mi tobillo, era la mano de un hombre que lo habían cortado por la mitad, a la altura del estomago, me estaba pidiendo ayuda. Antes de que pudiera ni siquiera agacharme, el mutilado me soltó y cerró los ojos para siempre. Mire hacia arriba y vi a unos pájaros enormes, de dos cabezas que se dirigía hacia donde yo estaba. Los pájaros se tiraron en picado, con sus garras abiertas en busca de una presa fácil, se posaron justo a mi lado, cogieron al muerto que me agarro del tobillo y salieron volando.
Volví a salir corriendo, esta vez las piernas si me respondieron. Vi una lluvia de personas, los pájaros los raptaban salían volando y los dejaban caer desde una altura mortal, Cuando caían al suelo reventaban literalmente, desmembrándose en varios trozos. Uno de esos trozos, ¿creo que fue una cabeza? Me golpeo en la espalda y me dejo de caer de boca. Me dejo aturdido, casi sin conocimiento, me puse de rodillas ande a gatas y pude esconderme bajo de un coche. Debajo de este había un niño, según me dijo tenía 9 años, se escondió hay cuando empezaron a caer los primeros cadáveres.
Le dije al niño que se quedara quieto bajo el coche, me dijo que sí, me puse de pié y ande calle abajo en busca de ayuda. No me había retirado ni 200 metros del coche cuando los pájaros empezaron a posarse sobre el coche, agarrándolo e intentando mover lo para coger al niño. El niño se salió de debajo del coche, echo a corren hacia donde me encontraba y uno de los pájaros lo cogió por los hombros, antes de que echara a volar agarre al niño para que no se lo llevara, fue inútil, el pájaro agito sus alas y desapareció del mapa. Instantes después el niño volvió a la tierra, pero le paso lo mismo que a los que había en el suelo.
Esta vez me quede paralizado totalmente. Un pájaro me cogió de un brazo y empezó a levantarme del suelo, cuando escuche un disparo, Era una mujer con una escopeta, el pájaro cayó al suelo, y se volatilizo al momento. La mujer me hizo señas para que la siguiera. Abrió una tapadera de alcantarilla y nos metimos dentro del túnel. Camine por el túnel hasta llegar aquí…
Interrogando a J. Perez
Preg.: Señor Pérez. ¿porque mato a esas personas?
Resp.: No se…
Preg.: Señor Pérez. ¿no sabe porque mato a esas personas?
Resp.: No se, tal vez me miraran de forma extraña. No se..
Preg.: Señor Pérez. ¿sabe usted que ha matado a 5 personas y ha herido a otras 3?
Resp.: JAJAJA…¿ Solo 5? llego a saber eso y ato mas gente a la cuerda.
Preg.: Señor Pérez. ¿ porque utilizo este método de tortura?
Resp.: ….hoy me levante inspirado.
Preg.: Señor Pérez. ¿Sabe que se le acusa de 5 asesinatos, 3 intentos de asesinato y es sospecho de 11 crímenes mas? ¿ Y sabe también que se va a tirar lo que le queda de vida en la cárcel?
Resp.: JAJAJA… ahora saldré en los periódicos y en las noticias, seré un hombre ¡¡famoso!!
El siguiente Texto está extraído del periódico La radio de Papel.
James
- ¡James!, ¡Joder, James! ¿Qué cojones está sucediendo ahí?
Los gritos del sargento Vicary quedaban entrecortados por las ráfagas de disparos. Avanzó a través del complejo abandonado. Las paredes, a medio caer, dejaban a la vista cables y conexiones de todo tipo; el suelo, levantado en muchos lugares, sostenía una gran cantidad de polvo de escombros y restos de la construcción. No había demasiados muebles, y los que quedaban, estaban en su mayor parte destrozados.
De nuevo, disparos.
- ¡Maldita sea! – dijo una vez más – ¿quieres contestar, James?
Se colocó de espaldas al lado del hueco de una puerta. Con un rápido vistazo se aseguró de que estaba despejado, después hizo una seña con la mano para que los dos soldados que le seguían avanzaran hasta su posición. El silencio era casi más incómodo que los disparos. Lo único que rondaba por la cabeza de Vicary era saber si James aún vivía.
Reality Show.
Había una vez un hombre que hablaba poco. Era frío, racional en exceso, insensible e impersonal. No se merecía nada, no merecía que nadie le quisiera, pero aún así… Adela lo amaba.
Se conocieron en el trabajo, un empleo sencillo en una oficina. Pura burocrácia. Aún no sé por qué, pero desde el primer momento, ella no le quitó los ojos de encima. Y yo, como siempre, atento a las historias que se desarrollan a mi alrededor, seguía sus movimientos, expectante, esperando el próximo día laborable como quien espera con ánsias el siguiente capítulo de la telenovela.
Adela, una secretaria, suspiraba por el jefe de servicios informáticos, un hombre arrogante y seco, que nadie soportaba. Nadie menos ella, por supuesto. Día tras día, contemplaba las tentativas de Adela para acercarse a su amado, todas en vano. Era desolador ver como la chica se iba marchitando ante los maravillados ojos de la otra gente de la oficina, que, a diferencia de mí, no aprecia los detalles. Poco observadores, por que, francamente, salta a la vista.
Finalmente, tomó una dura decisión: dejaría el trabajo, por que, como ella misma decía con sonrisa triste, “la estaba matando lentamente”. El supervisor aceptó con lástima su dimisión, y ella volvió al cabo de unos días para recoger sus cosas. Una vez metidas todas dentro de una caja de cartón, se acercó pesarosa al objeto de su amor y desgracia, y se despidió con timidez. Nunca olvidaré la despedida de aquel hombre:
-Ya era hora de que lo hicieras. Estabas demasiado distraída, y ya eres suficiente mayorcita como para saber que en el trabajo se viene a trabajar, no a hacer manitas. -ni la miró. Ella suspiró, y se marchó para no volver más.
Realmente, pocos guionistas habrían podido siquiera pensar una mejor frase para el final de una serie.








