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Guión Literario – “El chico del ojo vago”


El chico del ojo vago

El primer amor es una pequeña locura y una gran curiosidad.
George Bernard Shaw

Situación: Parada exterior o interior del Hoyo

Voz en off de Odile::
“Aquel día estaba sumida en mi propio aburrimiento; me había saltado las aburridas clases de don Elliot con una excusa que no tenía nada de mentira; me estaba quedando dormida y como era de mala educación hacerlo delante del profesor, prefería marcharme y dormir en mi propia cama. Sé que es una excusa no muy válida, pero me entenderían si asistieran a una de sus “estimulantes” clases sobre la propagación de la luz.
En el momento en que bostecé al recordar la Teoría Copuscular, vi algo que me llamó la atención; un chico. No era especialmente guapo pero tenía “ese algo”, ya sabes… ese atractivo especial que tienen cierto tipo de personas que te paras a mirarla dos veces por la calle… en mi caso, fue la seguridad que emanaban sus pasos, la forma tan desgarbada en la que se colgaba la mochila, su camiseta desteñida con un contraste de colores fríos y cálidos, sus pantalones anchos que arrastraba por el sucio suelo de la estación y sus deportivas que lo delataban como patinador.
Pero el factor más impactante de su atractivo, era, sin más ni menos, que su ojo vago. Cuando se sentó en el mismo banco y a unos pocos centímetros, sentí que no había marcha atrás; había quedado atrapada”


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Reencuentro


Qué momento tan tenso, no recordaba sentirse así desde la primera vez que se besaron, y ahora después de casi un año iba a reencontrarse con él.

Parecía haber pasado una eternidad, se sentía vieja de cuerpo y de corazón. Aquella mirada celeste, brillante y pizpireta ya no estaba; en su lugar, dos ojos grisáceos y caídos la miraban desde el espejo preguntándole ¿qué ha sido de ti?

Se puso sus mejores galas, un largo vestido rojo de raso con escote por la espalda, zapatos negros de tacón, y todas las joyas de oro que él le regaló.

No reparó en gastos: vajilla de porcelana, cubertería de oro, Château Petrus en dos copas de cristal de Murano, langosta termidor y de postre, crema de yogur con frutas del bosque.

Encendió unas velas y el ambiente quedó con una tenue luz, acompañado del olor de incienso de canela quemándose.


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