SOPA DE RELATOS

Encuentra al escritor que tienes dentro

Me pierden.


Me he perdido. Estoy perdido y condenado. Maldita sea. No hay luz. Eso es irónico. Hace horas que lo pienso. Hay humedad. Llevo días aquí. Perdí la cuenta. Lo peor es que no me he perdido yo. Lo peor es que yo no tengo patas para perderme, ni para encontrarme. Me han perdido. Me buscaron unos días. Los escuché preguntar por mí. Luego desistieron.


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El Cadáver parlante


El Cadáver parlante

El ambiente cerrado húmedo y poco acogedor de la sala del velatorio, no suponía ningún obstáculo para nuestro amigo.

Hijo venido a menos pero, el único que tenia su madre. Una persona miserable y avara, más agarrada que un sello.

Aprovechando el tumulto general del velatorio, se escondió en los retretes. Cuando todos se fueron, se acercó cauteloso y dubitativo.

-Madre… le decía al oído del cadáver, naturalmente no recibió respuesta alguna. Él siguió susurrándole.

-Madre… cada vez más nervioso, al ver que su familiar seguía tan pálida e inmóvil.

-Vamos mísera, ¿dime donde lo escondes? Hablaba ya elevando la voz y zarandeando el cuerpo.

Unos paso y murmullos le pusieron alerta. Una pareja muy animada venia dándose besos y arrumacos.

A nuestro amigo, le vino justo para esconderse tras una pesada cortina.


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El sacrificio


Cargaba con la muerte a sus espaldas, no había otra forma de describir la situación.

Andaba por esas calles atestadas y todos lo sabían… Iba a morir.

No iba a ser voluntario, por supuesto, aunque lo hiciese por ellos. Él sería su regalo, su salvación, la de todos aquellos que le condenarían y la de los que no harían nada por él.

Había tenido la esperanza de poder prescindir de ello, había tenido fe… Soñado que tal vez cambiarían, y él podría de algún modo acabar su vida de manera feliz al lado de ella, pero ahora éso era imposible.

Su padre, su verdadero padre, le había avisado de ello. Le había dicho muchas cosas… a pesar de no haberle visto nunca. Pero era normal, él era la esencia de toda vida… Él lo era todo.


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