SOPA DE RELATOS

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Tres relojes rotos


Hubo una vez en Roma un famosísimo relojero que cayó en bancarrota. Desesperado reunió todos sus ahorros y consiguió fabricar tres perfectos relojes: uno de oro, otro de plata y otro de cobre.

De los tres relojes el más orgulloso era el reloj de oro, pues aseguraba que lo habían fabricado con material del astro Sol. La más presumida era sin duda alguna el reloj de plata ya que según ella su material venía de la Luna. Y de los tres relojes, el más afligido era el reloj de cobre, el cual se lamentaba de haber sido fabricado con un material muy simple y abundante de la Tierra.

Cierto día le acaeció a cada reloj una desgracia. El reloj de oro fue robado del establecimiento del pobre relojero. El ladrón, para intentar que la policía no le atrapara con el reloj encima, lo arrojó al río Tíber. No obstante la policía pudo encontrar el reloj en el fondo del río, pero se había roto al chocar contra una roca del cauce.


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Juegos de Relatos


Abrí mi Skinhead Sorpresa sin esperar lo que encontraría dentro: las Cuatro Meninas del Apocalipsis invitándome a ir de vacaciones a la Manga del Mal Menor.

—Pero yo prefiero el Anime del Mar Menor —contesté. Y antes de que pudieran replicarme, una Tortilla Ninja salió de detrás de una esquina. Me miraba amenazante, y me dijo:

—Toma colega, caramelos del Zodiaco.

—No, gracias —le dije, y añadí—. Tengo una piruletagoyena, y tú deberías morir bajo los efectos de la sosa holocáustica, el orinaranjus y los gusanos de sida, maldito seas.

—Pues nada —se encogió de hombros—. Habrá que hacer mojón y cuenta nueva —y desapareció súbitamente.


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cuanto le quería


Cuanto le quería.

Era como un león salvaje, aunque también se dejaba querer.

Cariñoso como nadie, apuesto a que hubiera dado la vida por mí.

Era lo mejor que me había pasado, era mi hermano de otra madre.

Tenía un bigotillo como el de un chaval de 15 años sin afeitarse.

Sus ojos eran pequeños y desprendían cariño.

Tenía los dientes un poco grandes pero eso era lo de menos.

Un pelo suave como ninguno… más suave que el culito de un bebé.

No sé cómo explicar lo que había entre él y yo, era algo mágico.

Mi pokemon pikachu era el mejor de todos.

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