Los roces del destino
Es todo más extraño.
Desde que el cielo dejó de estar presente en mi vida de idiota adolescente, nada ha vuelto a la normalidad.
Sentir que los días no son más que pura rutina no ayuda a dejar la dependencia que creaste a un amor que no tenía ni pies ni cabeza.
Se que hoy por hoy me encuentro tan o más solo que cuando el hechizo de la ignorancia consumía mis sentidos.
La maldita pubertad está haciendo que cada día odie más este maldito lugar en el que me ha tocado vivir por un tiempo tan indefinido como finito.
Aún recuerdo la voz de mi abuelo, la sonrisa, su forma de tratar la vida,… El día era corto cuando tenía que ir a algún lugar en la compañía de uno de los hombres más inteligentes que conocí.
No quiero olvidarlo nunca nunca nunca,..







