SOPA DE RELATOS

Encuentra al escritor que tienes dentro

El sacrificio


Cargaba con la muerte a sus espaldas, no había otra forma de describir la situación.

Andaba por esas calles atestadas y todos lo sabían… Iba a morir.

No iba a ser voluntario, por supuesto, aunque lo hiciese por ellos. Él sería su regalo, su salvación, la de todos aquellos que le condenarían y la de los que no harían nada por él.

Había tenido la esperanza de poder prescindir de ello, había tenido fe… Soñado que tal vez cambiarían, y él podría de algún modo acabar su vida de manera feliz al lado de ella, pero ahora éso era imposible.

Su padre, su verdadero padre, le había avisado de ello. Le había dicho muchas cosas… a pesar de no haberle visto nunca. Pero era normal, él era la esencia de toda vida… Él lo era todo.


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Guión Literario – “El chico del ojo vago”


El chico del ojo vago

El primer amor es una pequeña locura y una gran curiosidad.
George Bernard Shaw

Situación: Parada exterior o interior del Hoyo

Voz en off de Odile::
“Aquel día estaba sumida en mi propio aburrimiento; me había saltado las aburridas clases de don Elliot con una excusa que no tenía nada de mentira; me estaba quedando dormida y como era de mala educación hacerlo delante del profesor, prefería marcharme y dormir en mi propia cama. Sé que es una excusa no muy válida, pero me entenderían si asistieran a una de sus “estimulantes” clases sobre la propagación de la luz.
En el momento en que bostecé al recordar la Teoría Copuscular, vi algo que me llamó la atención; un chico. No era especialmente guapo pero tenía “ese algo”, ya sabes… ese atractivo especial que tienen cierto tipo de personas que te paras a mirarla dos veces por la calle… en mi caso, fue la seguridad que emanaban sus pasos, la forma tan desgarbada en la que se colgaba la mochila, su camiseta desteñida con un contraste de colores fríos y cálidos, sus pantalones anchos que arrastraba por el sucio suelo de la estación y sus deportivas que lo delataban como patinador.
Pero el factor más impactante de su atractivo, era, sin más ni menos, que su ojo vago. Cuando se sentó en el mismo banco y a unos pocos centímetros, sentí que no había marcha atrás; había quedado atrapada”


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Reencuentro


Qué momento tan tenso, no recordaba sentirse así desde la primera vez que se besaron, y ahora después de casi un año iba a reencontrarse con él.

Parecía haber pasado una eternidad, se sentía vieja de cuerpo y de corazón. Aquella mirada celeste, brillante y pizpireta ya no estaba; en su lugar, dos ojos grisáceos y caídos la miraban desde el espejo preguntándole ¿qué ha sido de ti?

Se puso sus mejores galas, un largo vestido rojo de raso con escote por la espalda, zapatos negros de tacón, y todas las joyas de oro que él le regaló.

No reparó en gastos: vajilla de porcelana, cubertería de oro, Château Petrus en dos copas de cristal de Murano, langosta termidor y de postre, crema de yogur con frutas del bosque.

Encendió unas velas y el ambiente quedó con una tenue luz, acompañado del olor de incienso de canela quemándose.


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Yo, soy poeta


Yo, soy poeta

Ellos pensaban que iban a verme perecer.

Búscate un trabajo me decían,

¿con qué dinero piensas ganarte la vida?

ni dinero ni fama la poesía te va a dar.

Yo, me negaba a aceptar la realidad.

Ellos pensaban que iban a verme caer.

La poesía no sirve para prosperar,

¿quizás con aire te piensas alimentar?

Ni riqueza ni fortuna iba a esperar,

Yo, me negaba a aceptar la realidad.

Ahora que crean lo que quieran creer.

Escribo lo que quiero sin preguntar

a veces dudo de a quien le puede interesar

sin embargo me pongo a pensar,

¿sigo negando la realidad?

De la poesía ya no me puedo desprender.

Hago lo que me gusta sin cesar

sin gente a mis espaldas que venga a protestar


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Rápido, dáte prisa


Rápido, date prisa.

Salí de mi casa con las llaves en la mano. Su perfume aún se olía en el ambiente cuando atravesaba el umbral de la puerta. Corrí hasta el coche con nerviosismo. Abría la puerta con el pulso revolucionado mientras mi cabeza no dejaba de dar vueltas.

Qué idiota. La he dejado ir. ¿Por qué?

El ruido del contacto y del motor, me tranquilizaron durante unos momentos. Por fín ya estaba en movimiento. Ella había formado parte de mi vida durante tantos años. Realmente la quería con locura. No se porqué todo se había ido estropeando. Ahora ella se iba,… se iba para siempre. No podía permitirlo. Aceleré hasta que el coche volaba sobre imaginaciones, sobre recuerdos, sobre una calzada con principio y fin pero no trayecto. Las ruedas giraban sin parar. Oh, sí,… las ruedas se movían tan rápido como los engranajes de mi cabeza. Una y otra vez me decía a mi mismo lo idiota que había sido.


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Una preciosa muñeca de porcelana.


Una preciosa muñeca de porcelana. Eso era ella. Y no es ninguna metáfora.
Era una preciosa muñeca de madera pulida recubierta por una fina capa de blanca porcelana china con un mecanismo interno metálico de lo más sofisticado. Tenía unos mofletes artificialmente sonrosados y los labios pintados de color rojo. Oh, sí, lo recuerdo perfectamente. Los pinté con mucho cariño y esmero.
Cuando la terminé, contemplé el resultado de mi duro trabajo largamente. Al final, me emocioné tanto por su perfección, que una humedad diferente al sudor al que estaba acostumbrado brotó de mis ojos. Lloré, sí, pero esa primera vez que lloré por ella fue felizmente. Rocé su perfecto perfil, sus pómulos mármoleos, sus labios, cuya pintura se acababa de secar, su naricita respingona, la redondez del óvalo de su cara, con mis dedos después de limpiarlos de grasa, polvo, serrín y otros residuos.
Y, finalmente, le di cuerda. Fue simplemente maravilloso. Mágico. Se puso en marcha, algo rígida, como todas, pero con una belleza y gracilidad de movimientos inusitada, inigualable a cualquier otra máquina.
Desde el primer momento, me dije que no podría venderla. No podía. Habría sido un crimen terrible, cualquier precio habría sido un insulto para tal perfección, armonía de formas y movimientos.
En resumen: hermosa. Así la definiría yo. Y todos sabemos que la hermosura es el peor enemigo de los hombres. Los atrae, los embelesa hasta que olvidan lo peligroso que es dejarse llevar así, los captura.
Yo lo olvidé. La amé. Me dejé llevar por su aparente perfección, su belleza efectivamente inhumana. Me hizo daño. Pero no volveré a olvidarlo. Ni a ella tampoco.
A ella, menos.
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Amor, fidelidad, amistad y poder


Se ha escrito mucho sobre lo inscribible pero yo voy a escribir sobre unos valores muy concretos relacionados con la fuerza, la debilidad, el poder de lo que la socialización hace con el transcurso del tiempo. Desde pequeñitos buscamos sueños, nos centramos en ellos por los cuales tienes que encontrar durante el camino un apoyo, un oxígeno, tus amigos; empiezan siendo algo abstracto para ti, sin mucha importancia, hasta que el tiempo y los hechos revelan lo que verdaderamente sientes por ellos, no amor sino un sentimiento de fidelidad, un sentimiento de tener que devolverles todo lo que ellos han sacrificado por ti y viceversa. Finalmente, los afortunados encuentran algo más, algo nuevo que supera la amistad, es algo que te corrompe y te condiciona, el amor. Cuando el amor se vuelve correspondido todos los días de tu vida con esa persona son como aquellos sueños que no cumpliste de pequeño.


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Los Pajaros


Con miedo, con mucho miedo salí corriendo, las piernas casi no me respondían, me tropecé y caí al suelo. Me levante, mire a mí alrededor, vi cuerpos de personas, desmembrados, tirados por ahí. Una mano se agarro a mi tobillo, era la mano de un hombre que lo habían cortado por la mitad, a la altura del estomago, me estaba pidiendo ayuda. Antes de que pudiera ni siquiera agacharme, el mutilado me soltó y cerró los ojos para siempre. Mire hacia arriba y vi a unos pájaros enormes, de dos cabezas que se dirigía hacia donde yo estaba. Los pájaros se tiraron en picado, con sus garras abiertas en busca de una presa fácil, se posaron justo a mi lado, cogieron al muerto que me agarro del tobillo y salieron volando.
Volví a salir corriendo, esta vez las piernas si me respondieron. Vi una lluvia de personas, los pájaros los raptaban salían volando y los dejaban caer desde una altura mortal, Cuando caían al suelo reventaban literalmente, desmembrándose en varios trozos. Uno de esos trozos, ¿creo que fue una cabeza? Me golpeo en la espalda y me dejo de caer de boca. Me dejo aturdido, casi sin conocimiento, me puse de rodillas ande a gatas y pude esconderme bajo de un coche. Debajo de este había un niño, según me dijo tenía 9 años, se escondió hay cuando empezaron a caer los primeros cadáveres.
Le dije al niño que se quedara quieto bajo el coche, me dijo que sí, me puse de pié y ande calle abajo en busca de ayuda. No me había retirado ni 200 metros del coche cuando los pájaros empezaron a posarse sobre el coche, agarrándolo e intentando mover lo para coger al niño. El niño se salió de debajo del coche, echo a corren hacia donde me encontraba y uno de los pájaros lo cogió por los hombros, antes de que echara a volar agarre al niño para que no se lo llevara, fue inútil, el pájaro agito sus alas y desapareció del mapa. Instantes después el niño volvió a la tierra, pero le paso lo mismo que a los que había en el suelo.
Esta vez me quede paralizado totalmente. Un pájaro me cogió de un brazo y empezó a levantarme del suelo, cuando escuche un disparo, Era una mujer con una escopeta, el pájaro cayó al suelo, y se volatilizo al momento. La mujer me hizo señas para que la siguiera. Abrió una tapadera de alcantarilla y nos metimos dentro del túnel. Camine por el túnel hasta llegar aquí…


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Interrogando a J. Perez


Preg.: Señor Pérez. ¿porque mato a esas personas?
Resp.: No se…
Preg.: Señor Pérez. ¿no sabe porque mato a esas personas?
Resp.: No se, tal vez me miraran de forma extraña. No se..
Preg.: Señor Pérez. ¿sabe usted que ha matado a 5 personas y ha herido a otras 3?
Resp.: JAJAJA…¿ Solo 5? llego a saber eso y ato mas gente a la cuerda.
Preg.: Señor Pérez. ¿ porque utilizo este método de tortura?
Resp.: ….hoy me levante inspirado.
Preg.: Señor Pérez. ¿Sabe que se le acusa de 5 asesinatos, 3 intentos de asesinato y es sospecho de 11 crímenes mas? ¿ Y sabe también que se va a tirar lo que le queda de vida en la cárcel?
Resp.: JAJAJA… ahora saldré en los periódicos y en las noticias, seré un hombre ¡¡famoso!!

El siguiente Texto está extraído del periódico La radio de Papel.


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James


- ¡James!, ¡Joder, James! ¿Qué cojones está sucediendo ahí?

Los gritos del sargento Vicary quedaban entrecortados por las ráfagas de disparos. Avanzó a través del complejo abandonado. Las paredes, a medio caer, dejaban a la vista cables y conexiones de todo tipo; el suelo, levantado en muchos lugares, sostenía una gran cantidad de polvo de escombros y restos de la construcción. No había demasiados muebles, y los que quedaban, estaban en su mayor parte destrozados.
De nuevo, disparos.

- ¡Maldita sea! – dijo una vez más – ¿quieres contestar, James?

Se colocó de espaldas al lado del hueco de una puerta. Con un rápido vistazo se aseguró de que estaba despejado, después hizo una seña con la mano para que los dos soldados que le seguían avanzaran hasta su posición. El silencio era casi más incómodo que los disparos. Lo único que rondaba por la cabeza de Vicary era saber si James aún vivía.


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Reality Show.


Había una vez un hombre que hablaba poco. Era frío, racional en exceso, insensible e impersonal. No se merecía nada, no merecía que nadie le quisiera, pero aún así… Adela lo amaba.
Se conocieron en el trabajo, un empleo sencillo en una oficina. Pura burocrácia. Aún no sé por qué, pero desde el primer momento, ella no le quitó los ojos de encima. Y yo, como siempre, atento a las historias que se desarrollan a mi alrededor, seguía sus movimientos, expectante, esperando el próximo día laborable como quien espera con ánsias el siguiente capítulo de la telenovela.
Adela, una secretaria, suspiraba por el jefe de servicios informáticos, un hombre arrogante y seco, que nadie soportaba. Nadie menos ella, por supuesto. Día tras día, contemplaba las tentativas de Adela para acercarse a su amado, todas en vano. Era desolador ver como la chica se iba marchitando ante los maravillados ojos de la otra gente de la oficina, que, a diferencia de mí, no aprecia los detalles. Poco observadores, por que, francamente, salta a la vista.
Finalmente, tomó una dura decisión: dejaría el trabajo, por que, como ella misma decía con sonrisa triste, “la estaba matando lentamente”. El supervisor aceptó con lástima su dimisión, y ella volvió al cabo de unos días para recoger sus cosas. Una vez metidas todas dentro de una caja de cartón, se acercó pesarosa al objeto de su amor y desgracia, y se despidió con timidez. Nunca olvidaré la despedida de aquel hombre:
-Ya era hora de que lo hicieras. Estabas demasiado distraída, y ya eres suficiente mayorcita como para saber que en el trabajo se viene a trabajar, no a hacer manitas. -ni la miró. Ella suspiró, y se marchó para no volver más.
Realmente, pocos guionistas habrían podido siquiera pensar una mejor frase para el final de una serie.


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Consulta


Voy esquiando a toda velocidad, con la sensación del viento en la cara, pero… ¿Qué haces? ¡Frena! ¡Frena! ¡¡FRENA!!

Nada, otro accidente, si es que si coges el rifle… ¡apunta siempre a los ciervos! Con esos cuernos que tienen… Yo diría que aún no saben que sus mujeres son unas zorras…, o lo que es lo mismo, ¡el maldito animal que de nuevo se te ha vuelto a escapar! ¿Cómo quieres que a esto se le llame cárcel si continuamente salen y entran los ladrones cuando les viene en gana? Deberías poner una maldita alarma para controlarlo… ¡Esto no es un niño es un demonio! Así que ya sabes llama al maldito sacerdote. ¡No pienso confesarme! Pero tío… que has violado a una oveja… Se la esquila, ¿Esquía? Pues macho… Vaya velocidad, debería frenar… ¡Oye frena! ¡Frena! ¡¡FRENA!!

-Así que… No sé doctor… ¿Usted que diría?


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La ratonera


Correr, correr, correr sin parar.

Una carrera desesperada sin mirar atrás, y con la sensación de no estar avanzando.

Paras a beber agua y a comer lombrices o lo primero que encuentres…

De nuevo un pie moviéndose tras otro, una pierna, y luego otra; no hay descanso, no hay dolor, sólo la sensación de estar dando vueltas y esa cara infernal  y fea que no paras de ver.

Tienes que huír y por tanto sigues corriendo. Echas de menos a tu familia, pero sabes que no la volverás a ver; ellos ya pasaron por lo mismo, y no se salvaron, y tú no serás especial; pero a pesar de todo tienes que continuar para intentarlo.

Al final desfalleces y tienes que parar a descansar; aún con esa cara enorme ahí delante, mírandote, que sabes que tarde o temprano será lo último que veas…

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