SOPA DE RELATOS

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Corazones sangrantes


Un corazón roto sangra, porque está vivo.
Sangra, para arrojar todo el veneno que le han inyectado; desinfectarse, restablecerse.
Y duele, no siempre de la misma forma, pero duele.
Y ese dolor que nos afixia,en verdad nos está curando.
Nos hace más resistentes. Parece estar acabando con nosotros, cuando en realidad nos da vida, porque nos hace sentir, darnos cuenta de que todavía seguimos vivos.
Porque, cuando de verdad estamos [casi] muertos, es cuando no sentimos nada.

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irónico


Durante la vida,

La tristeza llama a la puerta cada dos por tres,

No sé si soy idiota,

Tonto,

Imbécil,

O a mi cabeza le falta algo,…

Pero no se

Porqué me he de reír

Cuando el tonto de turno

Se sacia con la sonrisa de sus hienas

Hay veces que me pregunto la causa,

De porqué ser humano,

Y no perro o gato.

Si la vida dicen,

Es maravillosa,..

Aún no le he encontrado la belleza.

Siento ser iluso,

Si,

Llegué a creer en la eternidad de lo nuestro.

Siento ser tan idiota de no poder perder

El último vestigio de tu efluvio en mi piel.

La vida,

 Es un movimiento,

 Un giro inesperado,

 Una situación de frenesí extrema,

 Que te hace  delirar por algo


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XVII


Aun recuerdo aquel árbol de mi jardín, de tronco firme y largas ramas vestidas de hojas de violáceo color, haciéndole excepcionalmente bello cuando, en los días de tiempo revuelto, veías resistirse a cada una de ellas a dejarse llevar por los caprichos del viento.
Recuerdo también aquel otoño, en que, como de costumbre, salí a contemplarlo y a admirar el esplendor y brillante colorido de sus hojas frente al semblante mortecino de todas las demás. No pude creer lo que ví cuando lo alcancé a mirar: El árbol había perdido todas sus hojas, quedando solamente una única de ellas en el extremo de la rama más alta.

El invierno llegó: Fuertes nevadas, lluvias y ventiscas amenazaron con arrancar al árbol de cuajo, pero éste resistió junto a su única hoja hospedada en lo más alto.
No obstante, uno de aquellos días, una leve brisa acarició a la hoja que, en un movimiento casi imperceptible, se soltó.


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Elegía a los posesivos


Tal vez el olor a café y la luz aterciopelada me hayan emborrachado de nostalgia. Demasiado tiempo lleva B.Holiday llorando en mi habitación – letras rasgadas al son de una trompeta con sordina y un clarinete lastimero-.

Queda claro que soy humana; he tropezado tantas veces con la misma piedra… Lo que no esperaba era darme la vuelta para volverlo a hacer. He disfrutado entre tus brazos, seamos realistas. Engañarse no sienta bien.

CONFIESO que echaba de menos que tu voz susurrara en mi cuarto. CONFIESO que me he equivocado, pero cuántas veces lo pienso repetir.

La taza se está enfriando mientras miro cómo la tarde se diluye en grises bajo esta lluvia.

Michael Stipe canta “Be mine”.

Pensamiento errante número 4955861:
Nuestros recuerdos no tienen dueño, se nos escapan entre los dedos. Nos parecemos demasiado al viento.

¡Al diablo los pronombres!


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Quise


Cuántas veces quise ser de otra manera, estar en otro sitio, tener lo que no tuve.
Cuántas veces quise perderme entre la gente, irme lejos y que al volver preguntaras por mí.
Cuántas veces te compare con los demás, con su forma de hablar, de caminar, de ser.
Cuántas veces me calle lo que te tuve que decir, cuánto espere a que me dijeses lo que quería oír.
Cuántas veces quise olvidarme de mí para olvidarte, no pronunciar tu nombre, no saber que hacías o dejabas de hacer, donde estabas o donde te ocultabas.
A veces creo que siento pena, por saber todo lo que sabes y ver como lo desaprovechas, por arrastrar a los demás sin preguntar ni siquiera que quieren de verdad, pena… porque no sé cuándo empecé a huir de ti.

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Tragedia en Chile


Duermo y me estremezco…..sueño y me muevo….es un sueño? es real?  Gritos¡¡¡  vidriosrotos,  no puedo caminar, un ruido gutural desde el centro de la tierra me arrebata…  estoy sola, mi mamá….mi papá….estoy sola y no puedo caminar ,  no hay luz solo gritos….gritos…a lo lejos….cada vez más lejos… y luego solo luz…es un sueño?

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La última noche del asesino parte 1


1

Estaba sentado en el charco formado por la sangre de mi más reciente victima  cuando recibí una llamada en el celular. Era Roy (lo más cercano que tengo a un jefe). Me tenía aun nuevo “cliente”. Dije que sí, que cuando tenía que hacerlo y colgué. Realmente no planeaba hacer otro trabajo. Ya había tenido suficiente.

Alicia Winters, mi última víctima –una hermosa joven neoyorquina de unos 21 años, eso creo– me miraba con unos hermosos ojos castaños con esa fijeza y languidez que yo ya había visto muchas veces.  Su cabello negro  ahora era rojo, rojo sangre.

“¿Quién es usted?”, había preguntado ella, que en ese momento estaba caminando por su apartamento con una copa de vino en su mano, cuando abrí la puerta de su apartamento de una patada. Era un buen apartamento. Estilo art decó, o alfo así, en un edificio de lujo.  Rica e independiente.  Una bella heredera de millones. No era su culpa, pero que se le iba a hacer.


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La última noche del asesino parte 2


Entré tranquilamente y dije en recepción que venía a buscar a una amiga, que no, no necesitaba ayuda, que sabia en que habitación estaba, gracias. Me dirigí hacia el ascensor y cuando estaba a unos metros de encamine él, las puertas se abrieron y aparecieron dos botones riendo y charlando. Me sonrieron y yo les devolví la sonrisa. Todo seguiría igual para ellos.

Bien, manos a la obra. Con los años y la práctica me había hecho un experto en abrir cerraduras, así que abrir la minúscula cerradura que le daba acceso al ascensor a los últimos pisos (las suites más lujosas) fue extremadamente fácil.  unos segundos después el ascensor empezaba a subir con un sacudida.

Las puertas del ascensor se abrieron de nuevo, pero esta vez daba a un pasillo que terminaba en unas puertas de doble hoja. Caminé hacia las puertas con mi paso decidido habitual mientras sacaba mi arma y le colocaba el silenciador. Cuando me encontré frente a ellas las abrí de una patada (como lo haría cinco años después).


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“Sonríe”.


Llegué a casa después de pasar todo el día en el trabajo, y la encontré ahí, en ese rincón, cogiéndose las rodillas, y sollozando silenciosamente. Me acerqué.
-¿Qué te pasa? -estaba preocupado. Ella negó con la cabeza, sin decirme nada. Insistí:
-¿Te han hecho daño? ¿Te han dicho algo? ¿Te han cogido alguna cosa?… -paré al verla sacudir la cabeza de nuevo. No se me ocurría que podía ser. Al fin habló:
-Esta mañana me he despertado… Y me ha llamado mi hermano por teléfono. Él también estaba llorando. -explicó, como si eso lo solucionara todo. La miré extrañado.
-¿Cómo? Osea… ¿No te ha pasado nada a ti? No comprendo.
Ella alzó la cabeza y me miró con esos grandes ojos negros, en ese momento tristísimos.
-¿No entiendes? ¡Intenté alegrarle, intenté consolarle, y fallé! No paró de llorar, hiciera lo que hiciera… Por eso estoy tan triste, ya sólo me queda acompañarle. -concluyó ella.
Sonreí con ternura. Qué buena e inocente era ella. Siempre preocupándose por los demás, siempre con sus seres amados, en los buenos y en los malos momentos. Le levanté la cabeza con la mano en su barbilla para obligarla a que me mirara.
-Sí, es cierto que la mejor manera de alegrarte es intentar alegrar a alguien, pero, aunque acompañar a alguien en su tristeza es un acto muy noble, no la ayudas. La mejor manera de alegrar a un ser querido si no puedes ayudarlo es ser optimista, para que te vea feliz, y entonces se alegre por ti.
Ella se enjugó unas lágrimas y soltó un suspiro.
-¿Va en serio? ¿De verdad tú crees eso?
Asentí con la cabeza y me levanté de mi incómoda posición arrodillada. Le tendí la mano, sonriente.
-Por supuesto. Vamos, iremos a merendar algo, a tomar un helado, y después de eso, cuando ya hayas recuperado tu sonrisa, iremos a ver a tu hermano para que, al igual que él te contagió su llanto, tú le puedas contagiar tu sonrisa.
Ella cogió mi mano y se impulsó para levantarse. Sonrió, aunque un poco melancólicamente.
Le tendí su abrigo y me puse el mío.
-Mejor, aunque en comparación con las sonrisas que sueles llevar tú, esa no es nada.
Ahora sonrió con malicia, y rió un poco.
-Cierto, pero es que tú nunca has sido tan bueno como yo, y la sonrisa de antes me la has pegado tú. -puse mala cara, y ella rió un poco, y me dio un beso en la mejilla.
-Gracias. -susurró, esta vez, feliz de verdad.


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El Valle de Todas las Cosas


Érase una vez en no sé dónde, que nació y creció un niño llamado Alguien. Creció fuerte y alto como un roble y se enamoró de la princesa Fulanita de Tal. La corte y la caza le aburrían, así que Alguien decidió acudir al rey antes de casarse con Fulanita.

Con sus mejores galas entró en la sala del trono del Rey Mengano de Cual.

-Deseo vivir aventuras, ver el amanecer sobre el mar y el canto de los halcones sobre los árboles.

-En realidad lo que quieres es hacer algo, joven Alguien.-El rey se volvió y llamó al Mayordomo Real-. Que ensillen a Rápido y que carguen en sus alforjas comida para un largo viaje.

Alguien emprendió su marcha al amanecer, tras despedirse de una atribulada Fulanita, con el sol en su espalda y el camino bajo los pies de su caballo.


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Sólo cinco minutos más


Eché de menos tu llamada el día de mi cumpleaños, eché de menos tu llamada a la vuelta de mi aventura por tierras cántabras, eché de menos tu llamada a la vuelta de clase para preguntarme que había que hacer, y por supuesto eché de menos contarte mis aventuras navideñas con aquel que me trae de cabeza, eché de menos tantas cosas…

Echo de menos tu voz, tu sonrisa, tu valor, tu coraje, tus palabras, echo de menos tu vida.

Ojala estuvieses aquí, contarte todo lo que me ha pasado a lo largo de estos meses en los que tu ya no estas aquí, te quiero como el primer día que te conocí.
Entonces me prometí no quererte, tarde o temprano sabia que te ibas a ir, pero era imposible, tu sonrisa desmontaba hasta la mas grande de las murallas, hasta el mas grande de los escudos que era el de mi corazón.


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