Todos
A veces la verdad duele, duele decirla y duele escucharla. A veces nos convertimos en testigos silenciosos del sufrimiento de los demás.
Y allí estábamos todos, el grupo de siempre, paseando por las mismas calles y haciendo las mismas cosas. Y de repente, sin saber muy bien el motivo, estábamos contemplando una escena como si fuésemos unos espectadores ante la gran pantalla.
Ella le grito delante de todos que no le quería, que nunca le había querido, que si estaba con él era porque se sentía bien a su lado. Pero que aún sentía algo por el otro chico con el que estuvo y que tanto daño le había hecho. A veces me pregunto si el dolor es consentido, como un niño caprichoso y malcriado, que coge una rabieta para llamar la atención y conseguir lo que quiere. Por qué bailamos al son de los demás y dejamos que jueguen con nuestros sentimientos.







