Y si hubiese sido verdad
… porque en el fondo de su alma sabía que aquello iba a ocurrir, sabía que la verdad no podía ocultarse eternamente y que cuando fuese desvelada, el vengador acudiría a su hogar para matarlo. Lo supo desde la noche en que hubo cometido el delito, un delito de traición e infidelidad, sin sangre, pero un delito al fin y al cabo. El crimen, aunque hubiese acontecido bajo el influjo del alcohol y dentro de la esfera de sus amistades, no dejaba de ser un crimen.
Se sentó en el sillón y dejó la puerta de la casa abierta. No podía cambiar el destino, la suerte estaba echada y las cartas a la vista de todos, incluso de Dios. Por ello, resultaba inútil pretender cambiar los designios del hado. Esperó, con los ojos clavados en la entrada del salón, a que su mejor amigo llegara. No tardó mucho. Siempre había sido puntual.








