Parte2
En el bar, Jacob fumaba un puro habano, acomodado en un rincón, tras la barra. La noche comenzaba a tranquilizarse gradualmente. Muchos clientes iban abandonando el local a medida que avanzaba el tiempo y disminuía el caudal de sus bolsillos. Las chicas se agolpaban en las hediondas duchas de los camerinos incapaces de soportar más humillaciones. Y él se abstraía en la imagen y el sabor del humo del tabaco.
Cerró los ojos, y escuchó algo. Venía de arriba.
Al principio sonó como una canica rebotando contra el suelo, luego como una corriente de aire que cierra repentinamente una puerta, y finalmente, se dio cuenta de que alguien estaba dando una paliza a una de sus chicas.
—¡Joder! ...