SOPA DE RELATOS

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Una Pequeña Conspiración


La tarde era oscura y siniestra. El cielo gris apenas dejaba pasar más luz que la necesaria para orientarse entre los ligeros jirones de tenue niebla. A pocos pasos frente a mi posición, un hombre de aspecto siniestro a la par que desaliñado me miraba fijamente. Parecía perturbado, como escondiéndose de algo o de alguien. Se acercó a mí.

—Oye, lo tengo ya todo planeado –me dijo.

—Ah, ¿sí?

—Sí, pero… —se quedó mirando al guardia que había en la esquina. Lo hacía con expresión de desprecio, y terminó señalando en su dirección—. Necesito que te encargues de ese tipo.

Miré al guardia y volví la vista a mi interlocutor. Me mantuve en silencio. Al fin y al cabo, siempre he sido un profesional. Él se me quedó mirando, callado, unos pocos segundos. Entonces se giró y se fue.


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