Los misteriosos misterios de Lillibeth (Parte 1)
Era la noche de las confesiones.
La noche de las peleas, y la noche de las preocupaciones.
Lil no quería pensar en ello, pero no podía evitarlo.
Una madeja de recuerdos, palabras y frases que por separado no parecían tener sentido, azotaban su mente sin descanso.
Estiró un brazo, y tocó a la Sra. Darcy, quien, ajena al mundo para nada ideal de los humanos, dormitaba plácidamente a su lado.
Quién pudiera ser una gata. O un gato. Lil daría lo que fuese para cerrar los ojos y evadirse de la realidad un buen rato, aunque luego se riesen de ella por mover los bigotes o las paticas “en sueños”.
Pero eso ahora daba igual. Ahora necesitaba concentrarse y sacar algo en claro de todo aquéllo. Aquél asunto se había ido de sus manos, y el muy maldito no le había pedido permiso.







