Señor Hernández
Después de una ducha fugaz, puse el i-pod en la mini-cadena y empecé a escuchar todo el repertorio de música instrumental de mi grupo favorito, The Corrs. Mi cuerpo se movía solo, y a ritmo de las notas que de sus instrumentos salían, fui a mi vestidor en busca de la ropa que utilizaría esa mañana.Una falda tubo de Amaia Arzuaga, una blusa de la misma diseñadora, y unos zapatos de tacón que firmaba Jimmy Choo.Todo en conjunto, hacía que pareciera una estupenda ejecutiva de una importante empresa.
Cuando terminé con mi vestuario,comencé a elegir las armas para ese día. Abrí un cajón, y, utilizando su lateral, hice que se abriera un sobre-fondo que se encontraba detrás de mi colección de zapatos. Allí, junto a sus cargadores, se encontraba mi revólver favorito, aquel que era una copia exacta de los causantes de la muerte de los señores Black y Smith. Los puse en mis pantorrillas gracias a las cintas con las que siempre ataba mis armas. Cogí dos puñales que metí en un maletín porta-documentos que utilizaría para mejorar mi disfraz.







