SOPA DE RELATOS

Encuentra al escritor que tienes dentro

Señor Hernández


Después de una ducha fugaz, puse el i-pod en la mini-cadena y empecé a escuchar todo el repertorio de música instrumental de mi grupo favorito, The Corrs. Mi cuerpo se movía solo, y a ritmo de las notas que de sus instrumentos salían, fui a mi vestidor en busca de la ropa que utilizaría esa mañana.Una falda tubo de Amaia Arzuaga, una blusa de la misma diseñadora, y unos zapatos de tacón que firmaba Jimmy Choo.Todo en conjunto, hacía que pareciera una estupenda ejecutiva de una importante empresa.

Cuando terminé con mi vestuario,comencé a elegir las armas para ese día. Abrí un cajón, y, utilizando su lateral, hice que se abriera un sobre-fondo que se encontraba detrás de mi colección de zapatos. Allí, junto a sus cargadores, se encontraba mi revólver favorito, aquel que era una copia exacta de los causantes de la muerte de los señores Black y Smith. Los puse en mis pantorrillas gracias a las cintas con las que siempre ataba mis armas. Cogí dos puñales que metí en un maletín porta-documentos que utilizaría para mejorar mi disfraz.


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Los misteriosos misterios de Lillibeth (Parte 2)


Era Lil.

Y ser Lil, significaba ser la jefa de la pandilla, ser una chica dura, y sobre todo, no permitir que los demás pasasen a “su” territorio.

Por eso no entendía cómo se había dejado convencer aquélla tarde. Y por eso esa noche sentía cómo sus sentimientos permanecían encontrados hacia sus… Sus… ¿Eran amigos?

Nah… ¡Ellos eran camaradas de combate!

Claro, eso sería. “Camaradas”.

Últimamente se había aficionado a las películas bélicas, y posiblemente aquéllo le revolviese más la cabeza de lo que ya estaba.

Pero era feliz así, y era lo que contaba. Bueno, era feliz siempre y cuando no acabase castigada como estaba segura de que acabaría esta vez, de no encontrar una rápida solución…


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