La Balada del Hombre y el Espectro
Ahí estaba otra vez, ya se había acostumbrado a aquella sensación. Llevaba mucho tiempo sintiendo lo mismo, podía sentirlo todos los días durante semanas o una vez al mes, siempre y cuando estuviese a punto de quedarse dormido o a punto de despertarse. Tampoco importaba si era de noche, porque en varias ocasiones le había ocurrido mientras tomaba una siesta durante el día.
Empezaba como una pequeña molestia en medio de la frente, como cuando alguien acerca un dedo a esta zona mientras se permanece con los ojos cerrados; las mejillas se le templaban y la boca se le sellaba súbitamente; Después el hormigueo le bajaba por los brazos para llegar, finalmente, hasta la punta de los dedos de la mano; después el frío se le clavaba en la espalda y la parálisis se le trasladaba, por último, a la planta de los pies.







