Una, dos, tres veces…
Abrió los ojos y la oscuridad que ya había sentido, se hizo aún más profunda. Nada parecía en su sitio, y todo simulaba estar fuera de lugar.
Respiró agitadamente, preguntándose por qué no podía distinguir tan siquiera una mísera gota de luz…
Intentó levantarse, separarse de aquélla superficie gélida con la que su cuerpo tomaba contacto, desprendiendo poco a poco y cada vez más la mínima cordura que aún en su mente quería creer que existía…
Fue entonces cuando lo recordó. O al menos fue cuando recordó parte…
Había un pasillo.
Un largo pasillo, lleno de puertas con números impares, a un lado y a otro. Su cuerpo corría, se esforzaba por huir. Pero… No recordaba el por qué. Era la misma sensación que se experimenta en un sueño, cuando se intenta caminar, pero fallan las piernas, y misteriosamente, no se puede avanzar.








