SOPA DE RELATOS

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Amont – Capítulo 1


Este es una de las partes de un relato largo que estamos escribiendo entre Lascivo y Champinon. Para más información y ver todos los capítulos, pulsa el enlace.

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- Pero, ¿Por qué precisamente él? No es más que un perdedor.

La pequeña pantalla que tenían delante mostraba la figura de un hombre dentro de una habitación de hotel. Estaba tumbado sobre una cama sin sábanas, con las manos detrás de la cabeza. A su alrededor, sólo el punto de iluminación de una bombilla tintineante demostraba que aquello era habitable. Las paredes desconchadas dejaban ver las tuberías a través de los huecos que las desnudaban, las numerosas humedades del techo dibujaban formas sombrías y siniestras, y como mobiliario, tan solo un cenicero lleno de colillas, una silla, una cama y una neverita de cincuenta centímetros de altura.


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HIELO: QUINTA PARTE


Primera parte
Cuarta parte

Las letras aquí son más difíciles de entender, y el papel está arrugado allí donde cayó alguna lágrima. En uno de los bordes hay una mancha marrón.

Hemos empezado a oír gritos inhumanos en la habitación de las literas. Dressler ha cogido los sedantes, Ana se ha hecho con el hacha y yo me he armado con el revólver naranja de bengalas. ¡Yo tendría que haber cogido el hacha! Yo soy más fuerte, y Dressler tenía la muñeca rota. No podré perdonármelo nunca.

Los gritos eran espantosos, pero a veces me recordaban a la voz de Wolff. Hemos abierto la puerta y…Había sangre en las paredes, en el suelo y en las literas. La luz era tan escasa que las manchas eran de color negro. Wolff estaba de pie, con algunos cinturones colgando de sus brazos, golpeándose torpemente contra la pared, una y otra vez. Le chorreaba sangre de la boca y tenía la cara deformada por los golpes.


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La muda de otoño


Él ya había muerto. No del modo en el que la mayoría de gente fallece; él aún respiraba, su corazón latía sin gana y sus ojos todavía recordaban como llorar. Pero pocos indicios más de lo que podría llamarse vida eran visibles en él.

En este punto ya entenderéis de a qué me refiero. Su muerte había sido interna. En resumidas cuentas, estaba muerto por dentro: Su mente y espíritu habían sido quebrados y vueltos a unir tantas veces, que ninguna pieza encajaba ya en el puzle remendado de su alma. Y habían ido cayendo por su propio peso. Estaba vacío.

Y así siguió mucho tiempo –o no, ya que a fin de cuentas aquel concepto por momentos dejaba de tener sentido para él- ese caparazón ausente de vida, ese extraño chico de mirada vacua. ¿Pero qué más da? A veces hacía como que sonreía, y eso era prueba irrefutable para el mundo entero de que todo iba bien. Como siempre, como cada día.


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