Un beso y un melocotón
Aquel río arrastraba grandes derrubios por su gran fuerza erosiva, pero el amor que se escondía camuflado por su pacífico arrullo hubiera conseguido arrollar cualquier obstáculo, excepto un rechazo de la Providencia.
Como todas las mañanas muy temprano, la ninfa Gloria paseaba por la orilla de un río, maravillándose con la vegetación y los helechos que la naturaleza ofrecía para su deleite, fruto de la gran humedad de aquellos parajes durante todo el año. Por su condición de ninfa, Gloria estaba en todo momento ojo avizor para evitar el acoso de los sátiros que rondaban a sus alrededores como golondrinas en primavera. Ella era una hamadríade, una de las nueve hijas ninfas de Óxilo y con la capacidad de transformarse en árbol, hecho por el que los dioses del Olimpo castigaban a todo aquel que profiriera algún tipo de injuria contra estos seres de la naturaleza.



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