Recuerdos y reuniones
Penélope se encontraba frente al lugar donde había trabajado por veinte años: el hospital Santa Catalina… o lo que quedaba de él. Después de hacer sus compras matutinas caminaba hacia su casa pensando en el ingrato de su hijo, que había puesto pies en polvorosa ante la proposición del doctor de que la cuidara para evitar el gasto en una enfermera personal. Todo el drama había terminado con su hijo desaparecido –quizá en alguna isla tropical– y con ella viviendo sola en una casa que se le hacía demasiado grande.







