SOPA DE RELATOS

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El Rayo


Soy en las nubes presencia que el viento convoca. De las manos de un dios rubio fui la extensión que destrozó vastos hielos, árboles robustos, incendió bosques y mató animales de todos los tipos y tamaños. La sed de destrucción de aquél dios era casi tan grande como el miedo y bronca hacia su escurridizo hermano. Ocupaban todo el firmamento con sus persecuciones. Cuando esas contiendas juveniles llegaban a oídos del padre, éste enarcaba las pobladas cejas pero los dejaba estar, por no interrumpir el desarrollo de sus hijos, en todo caso, los juguetes destruidos no tenían la más mínima importancia.

Esos dioses murieron. El cielo quedó vacío por un momento para luego dar luz a un dios solitario y violento que impartía castigos sin modificar el rostro. Abajo, entre los árboles, uno de los animales agarró el pedazo incendiado de un tronco caído y lo llevó a su horda donde lo recibieron dando saltos y gritos. A partir de ese momento la oscuridad comenzó llenarse de puntos de luz.


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