SOPA DE RELATOS

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La estantería


Libros apilados cuyas hojas apenas vieron la luz. Un marco improvisado que protegía a una foto que marcaba el tiempo pasado dos veces. Magia. Unos cuantos botes, algún que otro pincel sin utilizar, posiblemente, esperando a rozar pronto alguna paleta llena de óleos.
Más libros. Más magia: esta vez una cajita que atesoraba pequeños recuerdos, ornamentada de una forma tosca. Una felicitación que hizo llorar. Botes de colonia. Más libros: las 7 llaves del misterio junto a los 3 libros que hicieron pensar en la otra magia. A la vista. Dando el cante. Un revoltijo de papeles, CD’s, una grapadora sin grapas, cascos, música y un cajón entreabierto que precede a otros tres cerrados.
La estantería.
La vista de lejos es enigmática. Y esta llena de pequeños detalles. Detalles que podrían pervivir. O quizá no. Una estantería unica.
Sin embargo, pese a estar llena de cosas, la estantería estaba cubierta por una finísima capa de polvo, que dejaba entrever el desuso. Se trataba de algo extraño. Una movilidad estática. Una guerra de opuestos.
Pensé para mis adentros que nadie querría tener una estantería cómo aquélla, y me pregunte seriamente quién sería el que había creado todo aquello sin pensarlo.


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¿Qué más te puede pasar?


Óvulo y espermatozoide.
Cigoto.
Mórula.
Blástula.
Células.
Tejidos.
Órganos.
Tú.
Naces.
Sobrevives.
Hablas y caminas.
Te caes, te lastimas.
Mamá está ahí detrás.
Lloras y ella te rescata.
Te sientes protegido.
Llegas a un sitio donde ella no está para protegerte.
Y papá tampoco.
Es raro, pero te adaptas. Siempre te adaptas.
Conoces seres que, como tú, están allí sin papá y sin mamá.
Si al principio lloras para que, como siempre, mamá venga, luego no lo haces.
Si ellos aguantan, tu también.
Pasan los años y pronto el Sr. Pérez te hace constantes visitas.
Sigues cayendo, pero mamá ya no te hace tanto caso.
Te dicen: ¡Levántate!
Y asi, poco a poco, vas aprendiendo.
Eliges sin pensar.
Eliges amigos.
Eliges gente que te acompañará en tu vida un año o dos.
Eliges gente que estará ahí siempre.
Eliges qué hacer con el tiempo libre que te sobra, sin saber que nunca más te sobrará tiempo libre. Nunca.
Cambias los juguetes por libros, y las diez por las doce, o una.
Cambias de estilo, de música, de vida.
Te defines. Esto sí, aquello no, lo otro no me gusta, esto sí se me da bien.
Sigues eligiendo sin darte cuenta. La eterna alternativa.
Eliges un futuro.
E intentas lograrlo. Eso sí, sin saber si has acertado o no, sin saber si es la decisión correcta. Como siempre.
Y… ¿qué más te puede pasar?


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