SOPA DE RELATOS

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NOTICIA: Cambio de servidor


Nos enorgullece informaros de que en pocos días nos pondremos manos a la obra para mejorar la experiencia de Sopa de Relatos.

Desde hace tiempo nos propusimos a cambiar de servidor ya que WordPress.com, pese a estar muy bien, tiene muchas limitaciones que impiden mejorar el aspecto de la web y añadir plugins especiales para los usuarios. Estamos aprendiendo a mover la web a un servidor privado usando la skin de WordPress.org, y ya casi tenemos todo a punto para realizar el traslado. En menos de 14 días, previsiblemente este fin de semana, nos pondremos a ello.

Esperamos que con este cambio la web vaya a mejor. Asi mismo, si tenéis alguna sugerencia, duda o queja, no dudeis en hacérnoslo saber poniendo un comentario en este mismo post.

¡Ah! La web en sí no cambiará de aspecto. En esencia será prácticamente igual a como está ahora, salvo que podremos editar todos los rincones de la web a nuestro antojo.


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Cobarde


Se me hace imposible, casi raro.

Quizás no es nada más que algo obtuso, algo que no debería volver a suceder, algo que nunca debí recordar bajo la sombra de aquella encina de la meseta castellana. Pero esos tres o cuatro besos que te dí, me quitan el sueño desde entonces.

Quizás nada de esto debería existir ni si quiera en mi pequeña e ilusa cabeza.

Después de haber absorbido el humo de mi último cigarro, cuando ya creía que nada más podría hacer cambiar mi vida, apareciste tú para joder lo que había conseguido tras meses de relax.

Por mucho que no te lo creas, esto que yo reclamo, lo reclamo por eso que siempre he creído que sientes cuando amas.

Por mucho que me pidas el olvido, no soy lo suficientemente capaz de dejar de pensar en ti.


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El cielo de tu espalda.


Me encanta tu espalda. Tu espalda, ancha, blanca, suave, salpicada de pequitas aquí y allí. Donde se marcan tus vértebras cuando la arqueas, y donde te da un escalofrío cuando paso mis dedos por encima de tu columna, sin apenas tocarla, sólo rozándola, y te ríes con esa risa tuya tan natural que se contagia.
Y entonces es cuando te giras sonriendo y me dices que me quieres.
Y entonces es cuando bajo la mirada y me pongo a contar esas pecas que tienes repartidas aquí y allá por toda la espalda.
Y es cuando, con mis dedos, me dedico a trazar dibujos entre ellas, como un barco que navega por la blancura de tu piel evitando obstáculos redonditos y pequeños.
O cuando me dedico conectar los lunares entre sí, como en los libros de actividades de cuando era pequeña, en donde trazabas líneas entre los puntos para formar dibujos. Sí, eso mismo: tu espalda es como una hoja de un cuaderno de actividades para niños. O mejor aún. Tu espalda es un cielo blanco con miles de estrellas que forman constelaciones desconocidas. Y yo, cual astrónomo estudioso, me las conozco todas.

Tienes 74 estrellas en el cielo de tu espalda. Y sé encontrarlas todas sin necesidad de telescopio.
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Gritando aunque no me ves (hace demasiado que no escribo, lo siento)


Llegó aquel temido día antes de lo esperado, llegó el desquicio a mi lamento, a mis ganas de no seguir con esto que llamo mi vida, mi arrepentimiento por haberme enganchado tanto a ti a sabiendas de que nunca sentirías nada parecido por mí.
Intenté reprimir mis lágrimas aquella mañana en clase de inglés, y, mostrando la mayor voluntad que nunca me haya invadido ni siquiera en sueños, mostré la máscara, aquella que le decía a la profesora que quizás fuera un alumno atento pero algo distraído.
Quise recordar el ritmo de una canción del movimiento dance para intentar no recordarte, he hice que mi pequeño nudo en la garganta simulara decrecer por unos segundos. Pero ¿A quién quería yo engañar? Cada segundo que pasaba de aquella fatídica hora era más duro, intentaba huir de todo aquello, salir corriendo tal y como decía una de mis canciones favoritas del grupo Amaral. Me vi reflejado en un pensamiento en el que me propinaba yo mismo un disparo a la vez que caía desde la ventana de aquel segundo piso, y aún me cuestiono el porqué de no hacerlo.
Cuando por fin el timbre sonó, una fuerza simultánea a mis ganas de querer salir de allí hizo que recorriera el instituto a una velocidad hasta entonces insospechada para mis Converse moradas, y en menos tiempo del que yo creía que fuera capaz de encontrar la salida, la imagen de la multitud de alumnos que aguardaban la salida de los demás se dibujó en mi mente, y con esta, tu bici me recordó que aún tu clase de biología no había finalizado.
En menos de dos segundos mil veces me hice la misma pregunta: ¿Le espero? Pero, como si una fuerza antinatural invadiera mis piernas, corrí hacia el coche en el que mi madre me esperaba leyendo una revista del Leroy Merlín. Ingenua la pobre no sabía ni la mitad de sentimientos homicidas y suicidas que estaban teniendo lugar en mi mente en aquellos segundos de desesperación interna.
Me arrepiento. ¿De qué? Te preguntarás. La respuesta es muy simple: me arrepiento de haberte conocido, de haberlo intentado todo, de no poder eliminar las lágrimas que invaden día a día mis ojos, de aquello que te prometí y que ahora sé que cuando ella llegue no podré cumplir por puro egoísmo y pura necedad. Me arrepiento porque te quiero, te necesito, te adoro y te amo a la vez que necesito eliminar todo rastro de ti de mi cabeza, cada pensamiento, cada caricia o cada risa.
Amor y odio. Odio y amor.
Para mí, dos sentimientos tan fuertes que es difícil tenerlos hacia la misma persona.
Pero a ti te amo, y a ti te odio.
Y lo malo es que no puedo recriminarte nada.
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¿Kafkiano o Quijotesco?


Pocas veces en la vida puedes encontrarte en un dilema tal que, de no resolverlo, podría hacer que tu vida se estancara en una monotonía sin sentido.

Miles de historias en una vida, cual miles de colores sobre un lienzo, historias que mediante una cadena de suceso pueden terminar incluso peor de cómo empezaron; o en dados casos, no terminar.

Miles de vidas en una historia, miles de personas en el mundo que están solas en medio del sobrepoblado planeta en que existimos; cada uno con sus locuras y mentiras creídas a medias con el único objetivo de escapar de la realidad opresora que de otra manera nos veríamos obligados a aceptar.

La vida, y las vidas… una conjunción de relatos kafkianos y quijotescos, con detalles y cadenas interminables que hacen de la vida lo que es… vida.

¿Un personaje real que vive en la fantasía interminable?


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Entrevista del profesor Crown a Michael Jones, único superviviente en el caso Legion


Desde hacía mucho tiempo Warren ha creído en esas cosas pero nunca ha hablado de ello. Las únicas personas que lo sabíamos éramos Levion, Oliver y yo. Nos enteramos una noche estando en casa de Oliver. No recuerdo exactamente quién sacó el tema, solo recuerdo que el único de nosotros que parecía creer de verdad era Warren.

 

  • ¿Cómo que tú si? Nunca me lo habías dicho.
  • No me gusta hablar de esas cosas.
  • ¿En qué te basas para creer que esas cosas son ciertas? ¿Porqué creer en algo de lo que no te gusta hablar? – Preguntó Levion.
  • Yo no elegí creer. A veces ocurren cosas que por más que lo intentemos no podemos ignorar.

 

Aquello nos dejó desconcertados. Warren parecía estar convencido de lo que nos estaba contando. Después nos dijo que prefería que aquello no se lo contáramos a nadie y así hicimos.


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Gota




Se enriquece la gota con la humedad que bebe.

Le llega un rio de agua con polvo.

Le llegan restos mutilados de gotas que se precipitan para que siga engordando.

 

Hasta que está demasiado llena.

De insultos.

Se da cuenta de que es transparente y cae con las demás.

Al charco.

 

Donde todas son planas.

Donde no tienen reflejo individual.

Donde se incrustan al suelo esperando.

 

Ensuciándose.

Durmiendo.

Envejeciendo.

Viviendo.

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Rima XXIV


Eran dos los suaves cisnes,
dos las rosas del amor.
Dos los espíritus que cantan,
dos los besos, solo dos.

Éramos dos también nosotros,
dos almas y un corazón.
Vino el odio a romper todo,
un alma, media vida,
cuatro llorosas pupilas
y un adiós.

Eran dos nuestras dos manos,
paseando juntos el amor.
Dos inciertos futuros,
dos nuestros cuerpos maduros,
que por jurar,
juraron solo pasión.

 

Adrián Abeal Adham

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Rima XXIII


Sonó al final,
un fino eco,
que al aire resquebrajó.
Tú vanidosa,
yo insincero,
el amor se nos rompió.

Dejé tras de ti
mi verso escrito,
mi alma, mi inspiración.
Tu olvidaste en mi
tu orgullo,
tu cariño y tu corazón.

No amarás a otro nunca,
Jamás a otra amaré yo.
Moriremos solos,
quedos.
Desamor.
Moriremos solos,
quedos.
Moriremos como muere
el “sin amor”.

 

Adrián Abeal Adham

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Rima XXII


Daré del agua,
sus más puros senos.
Su luz,
transparente,
cálida,
acuosa y mimosa.
Daré del agua
su envoltura,
fría,
y cristalina.
Cubierta fina,
donde reina
la armonía.
Daré del agua,
y del elemento que se me pida,
lo que fuera,
aún arriesgando a perder vida,
por ver sonreír
esa cara bonita.

Daré del viento,
su susurro
y su empuje.
Su fuerza y frescura,
para que desmenuze
las barreras
que nos separan.
¡Cuán lejos pintas
de negro las montañas,
cuán cerca queda
la muerte de mis entrañas!
Te daré del viento,
perfumes, melodías
sin que abras los labios,
sin que,
siquiera,
me lo pidas.
————————-

A cambio,
sólo quiero pensar,
que nada fue en vano.

Y que tras la puerta
de mi alma,
tu me esperas,
en calma,
para ofrecerme,
sin miedo a perderme,

un beso.

 

Adrián Abeal Adham

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Rima XXI


-¿Ves tú lo que yo no veo?
¿Son imaginaciones,
fantasmas,
ensueños?

-No.
Tú lo ves.
Tus ojos negros,
son mis ojos también.

-¿Sientes tú lo que yo no siento?
¿Son pálpitos,
roces supérfluos?

-No.
Tus dedos finos,
sensitivos,
sienten tal como yo siento.

-¿Hablas tú tal que yo no entiendo?
¿Son tus palabras,
ecos oscuros,
inteligible mensaje,
dichos imcompletos?

-No, descuida.
Son mis versos dichos
en la lengua del Imperio.

“Eres tú, continente eterno,
de la magia y los deseos,
de la poesía y su verso,
el que se fuerza por creer
ser el único del Universo.

“Eres tú, poeta vivo,
el que quiere ser
poeta muerto.

 

Adrián Abeal Adham

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Rima XX (El diálogo del viajero)


¿Dónde van,
viajero,
tus sueños?
Puede que caminando
a ras de suelo.
O puede que volando,
con el viento.

¿Dónde van,
viajero,
tus esperanzas?
Puede que crucen los mares,
rumbo a Felicidad.
O que esperen todavía,
dormidas,
en un remanso de paz.

¿Dónde van,
viajero,
tus experiencias?
En el camino quedaron,
amigo.
Quedaron formando huellas.

¿Dónde van,
viajero,
tus pertenencias?
No poseo nada más,
que lo que porto con mi andar.
Un cayado firme,
mirada alta al viajar.
Una poesía,
un camino,
y un destino.

Los destinos que murieron al viajar.

Adrián Abeal Adham

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Rima XIX (Colores)


Rojos son, niña,
tus labios rojos.
Rojos.
Rojos como la rosa,
como la rosa roja;
como la roja amapola.
Rojos son, niña,
tus labios rojos.
Rojos.
Rojos como los ojos rojos del Sol,
como los rojos ojos del Astro Rey;
rojos como tus caprichos,
y tus antojos rojos.
Rojos son, niña,
tus labios rojos.
Rojos.

Blanca es, niña,
tu piel blanca.
Blanca.
Blanca como la mañana,
como la mañana blanca;
como las blancas gaviotas.
Blanca es, niña,
tu piel blanca.
Blanca.
Blanca como la nieve,
como la nieve blanca;
como las blancas perlas
que la Mar guarda.
Blanca es, niña,
tu piel blanca.
Blanca.

Azules son, niña,
tus ojos azules.
Azules.
Azules como el agua,
como el agua azul;
como las azules ondas.
Azules son, niña,
tus ojos azules.
Azules.
Azules como los zafiros,
como los zafiros azules;
como los azules bandazos
del pintor poeta sobre su paleta.
Azules son, niña,
tus ojos azules.
Azules.


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Rima XVIII


El alma desdibujada,
apagada.
La voz apabullada,
callada.
El cielo lejano,
lontano.

Mi alma,
borrada.
Mi voz,
robada.
Mi cielo,
un consuelo.

Tu alma,
mi calma.
Tu voz,
color.
Tu cielo,
mi consuelo.

Nuestra alma,
mi cama.
Nuestra voz,
el amor.
Nuestro consuelo,
el deshielo.

Adrián Abeal Adham

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Ombligo


Caballos viajan al galope sobre tu cuerpo, bajando tus senos, hacia el sur, hacia las llanuras de tus mentiras tibias con su centro en el cortado ombligo, quieto y silente, en medio de tus gestos de sorpresa y tus silencios.

Adiós.

¿Cómo voy a hacer para huir de este día? No lo sé. Tal vez un viaje al centro de mí mismo sea suficiente. Pero ¿otra vez? Estoy harto, el centro de mí mismo siempre me abre con cara de sueño, como diciendo: ¿otra vez aquí? Y me da la espalda, dejándome entrar, sin remedio. Me dan ganas de llorar, no tengo a dónde ir… ya ni yo mismo me recibo con entusiasmo. La soledad es un recurso. Tal vez allí me encuentre bien. Quiero que nada sea importante y que todo sea nada. También quiero ser un cenicero. Buscar mi interior en una cerámica negra y brillante que recibe puchos encendidos en su espalda.


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Es tarde ya


Parpadeé en medio del sueño sabiendo que podrías desaparecer,

Ahora sé que estas lejos y tus ojos miran otro ojos.

Tus manos toman otras manos y las mías siguen buscándote a ciegas.

Mis pies caminan siguiendo tu recuerdo,

Y mi olfato sigue enamorado de tu alma y de la estela que se ahoga entre mis abrazos y mis besos al pasado.

Ha pasado el tiempo cuando el sol calentaba mi espalda,

Ahora la sombra alumbra mi camino,

Y el calor seguirá en mí,

Soy algo que se convirtió en alguien por ti.

 

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Poca Altura


No sé cuántos años tenía. Es uno de esos recuerdos tan lejanos que no se saben situar en el tiempo. Tan lejano que sólo tengo unos fotogramas impresos y unas sensaciones grabadas. Estaba en el cuarto de baño…


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Lágrimas doradas


La nieve azota el ventanal acompañada de su inseparable amigo el viento, las bisagras se quejan en alaridos de óxido, mientras las nubes observan el vacío ambiguo de mi oscura mirada perdida en la inmensidad de la nada.

Nada, siempre observando la nada…

Acordes mágicos resuenan en laúdes de 13 cuerdas, y unas manos cansadas por el maltrato de una vida sarcástica se lamentan de no haber podido acariciar el pelo de la venganza.

Pasan las horas, el cristal se empaña jugando con mi cálido estertor de muerte. El corazón sigue en su repique intenso de medianoche, mientras esa droga que me deja caótico ante las palabras consume hasta el último sorbo de mis doloridas lágrimas.

Escucho raciones de eco en lugares llenos de mecheros, y entre esas llamaradas me excuso de no haber aprendido a despegar sin que me empujen.


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Vanidad


Pensé que se ahogaría en sus propias lágrimas, que gritaría hasta quedarse sin voz, que deambularía de un lado a otro hasta acabar sin aliento, como otras tantas veces había hecho, cada vez que discutíamos. Pensé que me echaría todo en cara, que me reprocharía lo que no hice, lo que no dije, pero esa vez, no hizo nada de lo que pensé que haría.

Sus ojos no se entristecieron, su rostro permaneció impasible y su boca no pronunció palabra. Tan solo, dio media vuelta, cogió su bolso y se marchó. Mientras yo la veía alejarse por aquel estrecho pasillo, caminando con la cabeza alta, sin mirar atrás. Doblo la esquina y no la vi más.

Al día siguiente dejó un mensaje en el contestador, había aceptado el trabajo en Londres y se iría ese mismo día. También me dejo claro que no la esperase para las navidades o alguna fecha señalada, porque no pensaba volver.


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Te buscaré


Y cuando llegue la noche te buscaré,

Te buscaré con mis ojos siguiendo la luz de tu alma encendida.

Te buscaré con mis manos, cazando a la cadencia de tu risa, la suavidad de tus caderas.

Te buscaré con mis pies frecuentando las huellas que dejaste en mi piel.

Te buscaré guiado por el latido de mi corazón mientras escucho y me enamora el ritmo de tu caminar.

Y cuanto más te busque más te esconderás entre mis cobertores y más aparecerás entre mis sueños.

Cuando te encuentre,

Te examinaré de pies a cabeza parando sólo en cada centímetro de tu piel para agradar a tu aroma.

Cuando te encuentre,

Te daré un beso y sólo uno… para empezar.

Cuando te encuentre,

Tomaré tu mano y tú tomarás mi corazón,

Cuanto te encuentre,


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