Lágrimas doradas
La nieve azota el ventanal acompañada de su inseparable amigo el viento, las bisagras se quejan en alaridos de óxido, mientras las nubes observan el vacío ambiguo de mi oscura mirada perdida en la inmensidad de la nada.
Nada, siempre observando la nada…
Acordes mágicos resuenan en laúdes de 13 cuerdas, y unas manos cansadas por el maltrato de una vida sarcástica se lamentan de no haber podido acariciar el pelo de la venganza.
Pasan las horas, el cristal se empaña jugando con mi cálido estertor de muerte. El corazón sigue en su repique intenso de medianoche, mientras esa droga que me deja caótico ante las palabras consume hasta el último sorbo de mis doloridas lágrimas.
Escucho raciones de eco en lugares llenos de mecheros, y entre esas llamaradas me excuso de no haber aprendido a despegar sin que me empujen.









