SOPA DE RELATOS

Encuentra al escritor que tienes dentro

Lágrimas doradas


La nieve azota el ventanal acompañada de su inseparable amigo el viento, las bisagras se quejan en alaridos de óxido, mientras las nubes observan el vacío ambiguo de mi oscura mirada perdida en la inmensidad de la nada.

Nada, siempre observando la nada…

Acordes mágicos resuenan en laúdes de 13 cuerdas, y unas manos cansadas por el maltrato de una vida sarcástica se lamentan de no haber podido acariciar el pelo de la venganza.

Pasan las horas, el cristal se empaña jugando con mi cálido estertor de muerte. El corazón sigue en su repique intenso de medianoche, mientras esa droga que me deja caótico ante las palabras consume hasta el último sorbo de mis doloridas lágrimas.

Escucho raciones de eco en lugares llenos de mecheros, y entre esas llamaradas me excuso de no haber aprendido a despegar sin que me empujen.


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Vanidad


Pensé que se ahogaría en sus propias lágrimas, que gritaría hasta quedarse sin voz, que deambularía de un lado a otro hasta acabar sin aliento, como otras tantas veces había hecho, cada vez que discutíamos. Pensé que me echaría todo en cara, que me reprocharía lo que no hice, lo que no dije, pero esa vez, no hizo nada de lo que pensé que haría.

Sus ojos no se entristecieron, su rostro permaneció impasible y su boca no pronunció palabra. Tan solo, dio media vuelta, cogió su bolso y se marchó. Mientras yo la veía alejarse por aquel estrecho pasillo, caminando con la cabeza alta, sin mirar atrás. Doblo la esquina y no la vi más.

Al día siguiente dejó un mensaje en el contestador, había aceptado el trabajo en Londres y se iría ese mismo día. También me dejo claro que no la esperase para las navidades o alguna fecha señalada, porque no pensaba volver.


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Te buscaré


Y cuando llegue la noche te buscaré,

Te buscaré con mis ojos siguiendo la luz de tu alma encendida.

Te buscaré con mis manos, cazando a la cadencia de tu risa, la suavidad de tus caderas.

Te buscaré con mis pies frecuentando las huellas que dejaste en mi piel.

Te buscaré guiado por el latido de mi corazón mientras escucho y me enamora el ritmo de tu caminar.

Y cuanto más te busque más te esconderás entre mis cobertores y más aparecerás entre mis sueños.

Cuando te encuentre,

Te examinaré de pies a cabeza parando sólo en cada centímetro de tu piel para agradar a tu aroma.

Cuando te encuentre,

Te daré un beso y sólo uno… para empezar.

Cuando te encuentre,

Tomaré tu mano y tú tomarás mi corazón,

Cuanto te encuentre,


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Cualquier día será el día


Y otra vez caminas solo,

Los pasos son más seguros,

La libertad que sólo la soledad te puede dar, transpira por tus poros.

Conociste el amor, probarlo y hacerlo parte de tu vida te hizo crecer, madurar si se quiere,

Pero el amor es inmaduro, es infantil, inocente y febril fuente de experiencias.

Ojala la vida fuera como el amor,

Nacer cada mañana y morir cada noche,

Tomar cada beso como ambrosía y sentir cada palabra como una descarga al corazón,

Un polo atierra para los pasos, con una única dirección.

Y otra vez caminará a tu lado,

Con nuevos ritmos te acompañara paso a paso,

Viendo su rostro entre la niebla de deseos vagos e instintos,

Guiado por la dulzura de su voz al pronunciar su nombre,

Marchando el amor de regreso a tu corazón.


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Es hora…


 

Abre tus alas, son tan grandes que abarcan el cielo donde te poses.

Abre tus manos, son tan fuertes que sembrarán flores de cristal.

Abre tus ojos para que veas tan lejos que puedas ver tu corazón.

Camina con pié firme, que tus huellas son indelebles al paso del tiempo como perpetuo el recuerdo de tu voz.

Ten mucho miedo, de dejar al tiempo ganarte la partida.

Ten mucho coraje, para dejar a la voz cantar lo que el papel quiere escuchar.

Ten mucha paciencia, para dar el golpe que cierre el camino del fin de los viejos tiempos.

Deja que el río inunde la vieja vereda donde duerme tu pasado.

Que tus rodillas en tierra y tu rostro elevado al cielo abracen el porvenir que la tierra prometida de la nueva era sean bienvenidas.


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