SOPA DE RELATOS

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Rima XXI


-¿Ves tú lo que yo no veo?
¿Son imaginaciones,
fantasmas,
ensueños?

-No.
Tú lo ves.
Tus ojos negros,
son mis ojos también.

-¿Sientes tú lo que yo no siento?
¿Son pálpitos,
roces supérfluos?

-No.
Tus dedos finos,
sensitivos,
sienten tal como yo siento.

-¿Hablas tú tal que yo no entiendo?
¿Son tus palabras,
ecos oscuros,
inteligible mensaje,
dichos imcompletos?

-No, descuida.
Son mis versos dichos
en la lengua del Imperio.

“Eres tú, continente eterno,
de la magia y los deseos,
de la poesía y su verso,
el que se fuerza por creer
ser el único del Universo.

“Eres tú, poeta vivo,
el que quiere ser
poeta muerto.

 

Adrián Abeal Adham

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Rima XX (El diálogo del viajero)


¿Dónde van,
viajero,
tus sueños?
Puede que caminando
a ras de suelo.
O puede que volando,
con el viento.

¿Dónde van,
viajero,
tus esperanzas?
Puede que crucen los mares,
rumbo a Felicidad.
O que esperen todavía,
dormidas,
en un remanso de paz.

¿Dónde van,
viajero,
tus experiencias?
En el camino quedaron,
amigo.
Quedaron formando huellas.

¿Dónde van,
viajero,
tus pertenencias?
No poseo nada más,
que lo que porto con mi andar.
Un cayado firme,
mirada alta al viajar.
Una poesía,
un camino,
y un destino.

Los destinos que murieron al viajar.

Adrián Abeal Adham

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Rima XIX (Colores)


Rojos son, niña,
tus labios rojos.
Rojos.
Rojos como la rosa,
como la rosa roja;
como la roja amapola.
Rojos son, niña,
tus labios rojos.
Rojos.
Rojos como los ojos rojos del Sol,
como los rojos ojos del Astro Rey;
rojos como tus caprichos,
y tus antojos rojos.
Rojos son, niña,
tus labios rojos.
Rojos.

Blanca es, niña,
tu piel blanca.
Blanca.
Blanca como la mañana,
como la mañana blanca;
como las blancas gaviotas.
Blanca es, niña,
tu piel blanca.
Blanca.
Blanca como la nieve,
como la nieve blanca;
como las blancas perlas
que la Mar guarda.
Blanca es, niña,
tu piel blanca.
Blanca.

Azules son, niña,
tus ojos azules.
Azules.
Azules como el agua,
como el agua azul;
como las azules ondas.
Azules son, niña,
tus ojos azules.
Azules.
Azules como los zafiros,
como los zafiros azules;
como los azules bandazos
del pintor poeta sobre su paleta.
Azules son, niña,
tus ojos azules.
Azules.


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Rima XVIII


El alma desdibujada,
apagada.
La voz apabullada,
callada.
El cielo lejano,
lontano.

Mi alma,
borrada.
Mi voz,
robada.
Mi cielo,
un consuelo.

Tu alma,
mi calma.
Tu voz,
color.
Tu cielo,
mi consuelo.

Nuestra alma,
mi cama.
Nuestra voz,
el amor.
Nuestro consuelo,
el deshielo.

Adrián Abeal Adham

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Ombligo


Caballos viajan al galope sobre tu cuerpo, bajando tus senos, hacia el sur, hacia las llanuras de tus mentiras tibias con su centro en el cortado ombligo, quieto y silente, en medio de tus gestos de sorpresa y tus silencios.

Adiós.

¿Cómo voy a hacer para huir de este día? No lo sé. Tal vez un viaje al centro de mí mismo sea suficiente. Pero ¿otra vez? Estoy harto, el centro de mí mismo siempre me abre con cara de sueño, como diciendo: ¿otra vez aquí? Y me da la espalda, dejándome entrar, sin remedio. Me dan ganas de llorar, no tengo a dónde ir… ya ni yo mismo me recibo con entusiasmo. La soledad es un recurso. Tal vez allí me encuentre bien. Quiero que nada sea importante y que todo sea nada. También quiero ser un cenicero. Buscar mi interior en una cerámica negra y brillante que recibe puchos encendidos en su espalda.


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