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El reencuentro con Alicia


Ya quedaba poco para que terminase uno de los periodos de lo que antes denominaba “confinamiento salmantino”. Ciertamente, quedaba muy, muy poco. Y si ya tenía ganas de llegar a casa, para encontrarme otra vez con mi vida, ésa que se queda en tu habitación y no quiere salir de allí, la conversación que tuve por Tuenti con Alicia, me dio un subidón que me hizo imaginar que podía adelantar los relojes con la mirada.
Me decía algo asi como que tenía una pequeña actuación para un acto social de carácter histórico, en el cuál cantaría tres pequeñas operetas, que por si fuera poco, y como Dios manda en la ópera, serían en italiano, esa lengua que me hace estremecer desde la punta de los pies a la coronilla, desde el más suave “Ciao!” hasta el más dulce “Amore mio”. Estaba claro, el jueves de esa semana, sería enterito para ella.
Así que allí me fui, al Cantón de Molíns, el más que mítico paseo ferrolano, colindante con el edificio de la Fundación Caixa Galicia, el edificio de Correos, los baretos cutres en los que malgastamos perras y sábados buscando algo más de lo que teníamos en el instituto, y “El cenicero”, aquella plazoleta circular que tantas veces había sido partícipe de secretos, líos, vómitos, calimochos derramados, y cubalitros mal tragados.
De repente me sentí algo extraño, rodeado de personalidades que iban allí a recordar cuán valientes habían sido algunos miembros de su familia en los levantamientos del proletariado de los tiempos finales de la dictadura, y otras que iban a colgar galones en su vida más que digna como conocidos historiadores, sociólogos,y políticos, tanto alcaldes, como concejales. Sentía que hasta el guardia de seguridad que miraba con fastidio el panorama de charla y parloteo que se vivía en el vestíbulo, pintaba allí más que yo.
Sin embargo, me compuse, a fin de cuentas, en eso siempre fui experto, y me adentré en el salón en el que tendría lugar la actuación.
Esperaba con entusiasmo el ansiado momento en el que mi amiga saliese a deleitarnos a todos con su voz de soprano. Y entonces ese momento, llegó. Apareció vestida de negro, con un escote de infarto, seguida de María, que la acompañaría al piano. Y ahí, justo ahí, decidí que el mundo volvía a girar de nuevo, cuando hiló con su fina voz el viaje en barca por el cielo del Mundo que deseé que no terminara jamás.


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