Las cicatrices del alma.Capitulo IX de XLVI
El encuentro con mi madre
De mi madre hacía tiempo que no sabía nada. En realidad nunca supe lo que fue de su vida durante todo aquel tiempo, ni tampoco se lo pregunté. Lo que no percibía era que estaba muy cerca el día que la vería de nuevo.
Una tarde el señor Ramón me llamó con insistencia para que le siguiera. Un poco desorientado y siempre temiendo lo peor (no fuera que sin ser consciente hubiera hecho algo malo) seguí a este hombre y, grande fue mi sorpresa, me lo tenía que creer porque lo estaba viendo.
Al otro extremo de una puerta de rejas que daba a la calle, estaba viendo con mis propios ojos a mi madre.
Llorando nos besamos como pudimos a través de los barrotes de aquella maldita puerta.




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