SOPA DE RELATOS

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Las cicatrices del alma.Capitulo IX de XLVI


El encuentro con mi madre

De mi madre hacía tiempo que no sabía nada. En realidad nunca supe lo que fue de su vida durante todo aquel tiempo, ni tampoco se lo pregunté. Lo que no percibía era que estaba muy cerca el día que la vería de nuevo.

Una tarde el señor Ramón me llamó con insistencia para que le siguiera. Un poco desorientado y siempre temiendo lo peor (no fuera que sin ser consciente hubiera hecho algo malo) seguí a este hombre y, grande fue mi sorpresa, me lo tenía que  creer porque lo estaba viendo.

Al otro extremo de una puerta de rejas que daba a la calle, estaba viendo con mis propios ojos a mi madre.

Llorando nos besamos como pudimos a través de los barrotes de aquella maldita puerta.


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RGB


Golpes dados en lo intangible hacen pensar al Verde de su cometido. Se arrastra por la propia línea que deja atrás; la transparencia de lo inevitable, del mismo ser que somos y a veces rechazamos sin pensarlo bien. Pero Verde lo sabe, sabe de su esencia y lo ama, se regodea en su mismo líquido de lo que puede ser vida o simplemente lógica de existir.

Ahí viene, el otro ser, con sus anhelos de llamar la atención y de sentirse fruto de algo, se zarandea con suaves movimientos de cortesía pero más de cortejo que de coartada con uno mismo/a. Es Rojo y está dispuesto/a a todo, a brillar más que nadie en esa oscuridad creada por la nada (¿o es la nada mismo esa oscuridad?).
Fuera el que fuere, el amigo, si se puede aplicar esto a una esencia en sí, necesitaba fusionar átomos, necesitaba sentirse uno consigo mismo y con alguien más. Por puro egoísmo o no ya es otra historia, pero el caso es crear esencia nueva.


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Irregular Elis: Ocupo tu lugar, no te preocupes


Relato basado en el universo de mi webcómic “Irregular Elis”

 

El grillo canta; identificando canción… hummm, nada, creo que este es tan amusical (si es que existe esa palabra) como todos los demás de su especie. ¿Por qué carajos me distraigo de la misión?

Elis estaba ya tras el muro de las oficinas, la noche la cubría en sombras ayudada por la sombra de dicho muro. El guardia cercano parecía gemir una melodía (parece que él si entendía la canción del grillo) y sus pasos eran tranquilos y bajos pero audibles con buena atención. La niña se atrevía a aventurar que giraba su porra a un lado en plan vacilón, como si alguien le observara todo el tiempo. No se equivocaba en parte.

El tipo parece fácil de distraer, bien, solo tengo que esperar el momento oportuno y entrar aprovechando mi poder. ¿Dónde habré puesto el espejo…? Aquí está, la madre con Holy, tenía que ser uno de esos con florecitas como adorno… luego me dice a mi…


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Derrota y Victoria


Un año un tanto oscuro para la humanidad, el futuro de la historia pendía de un hilo y el mal para unos, la gloria para otros, se identifica por el mismo símbolo y seña.

La nevada estepa se mostraba tan inmutable como siempre aparenta a primera vista, pero alguien ya algo añejo tan acostumbrado a ella como el Comisario Vorobiov sabía diferenciar esos detalles y pequeños cambios a lo largo de las horas. La estepa estaba hoy intranquila, algo se lo decía, la manera en que el viento se mecía y el olor que traía le hablaban del seguir de las desgracias que aún abatían sus tierras esas semanas. El ataque aún duraba pero ya se le notaba pronta su muerte; su finalización por parte de los testarudos ofensores.


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Las cicatrices del alma.Capitulo VIII de XLVI


Mi enfermedad y el día a día en el reformatorio.

Aún con la ayuda de mis hermanas seguía pasando mucha hambre. Entre el hambre, la falta de higiene y la tristeza, caí gravemente enfermo y poco faltó para que perdiera la vida.

Todo empezó en que comía a medias los pocos alimentos que nos daban, igual que hacía con el chocolate que me daban mis hermanas. Llegó un día que deje de comer por completo, y la ración que me pertenecía se la daba a mis compañeros. Aparte de ser el más pequeño de los internos, tengo que decir que era un niño tímido, ni los celadores fueron conscientes de lo que me estaba pasando, ni yo les dije nada, hasta que un día cuando jugábamos en el recreo, perdí el conocimiento y caí al suelo desplomado.


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3 años de Sopa de Relatos -> ¡Concurso Especial!


¡Sopa de Relatos cumple 3 años!

Los administradores queremos daros las gracias a todos por estos tres años de trabajo y alegrías que nos ha dado esta Sopa. Por lo mucho que hemos aprendido con todos vosotros, y porque la calidad de nuestros escritores no deja de crecer. Por eso y mucho más, ¡muchas felicidades a todos!

Además, aprovechamos para recordaros otra fuente de orgullo: el nuevo concurso y el futuro primer libro autoeditado y autopublicado de Sopa de Relatos:

 

Concurso especial en Sopa de Relatos

¡Atención! ¡Concurso especial en Sopa de Relatos!

Con motivo del lanzamiento del primer libro de Sopa de Relatos, lanzamos un concurso en el que podrán participar todos sus usuarios. Se trata de un libro de relatos escrito por los administradores de la web sopaderelatos.com.

¡Los participantes tendrán la oportunidad de ver publicado su relato! Tanto el relato ganador como los finalistas serán publicados en el libro de Sopa de Relatos.


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Konekta2


 

Te pisé los talones cuando aún no conseguía distinguir ni tan siquiera  cual era el camino más cómodo y tranquilo. Hoy tampoco es que lo tenga muy claro pero he aprendido a disimular mejor. Mastiqué tu ausencia y se mezclo en mi boca con todo el polvo que había mordido en la última cucharada de vida amarga que degustaban a regañadientes casi todos mis sentidos, todos menos el sentido común. Nunca nos habíamos llevado bien y casi toda la culpa era mía. Empeñado siempre en inventar lo que ya estaba inventado hacía mucho tiempo, empeñado en escupir contra el viento y claro era como darme cabezazos contra una pared. La pared de la realidad.

Resulta que un día cambió el viento de dirección, tus ojos vacíos de mi y los míos con ganas de ti, se encontraron entre la maleza del montón de días grises que daban color a nuestras sonrisas, clandestinas ellas y deseosas de escapar del sitio a dónde nunca debieron de llegar.


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Las cicatrices del alma.Capitulo VII de XLVI


El encuentro con mis hermanas.

 

Llegó el primer domingo de mi ingreso en aquella cárcel para niños y, nos formaron en dos filas para llevarnos a la Iglesia a oír misa.

Durante el trayecto nos llevaron formados al estilo militar cantando canciones religiosas. Una de las canciones que más me acuerdo decía así:

-          “Era niño del albergue, del albergue la misión, porque allí encontrarás tu entera salvación. Bendito, bendito, bendito sea Dios, los Ángeles cantan y alaban al Señor”.

Al llegar a la Iglesia nos situaron en un extremo de la misma todos de pie. Los pocos bancos que había estaban reservados para las monjas.

Mi alegría se desbordó, cuando vi que entraba en la iglesia un grupo de niñas dirigidas por dos monjas, y con ellas iban mis hermanas. Iban uniformadas, y se cubrían la cabeza con una boina roja, pues según normas del reformatorio, les rapaban  el pelo para no darles facilidades a los molestos piojos.


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Las cicatrices del alma.Capitulo VI de XLVI


La higiene y desnutrición en el reformatorio.

Las condiciones de limpieza en el reformatorio eran nulas, y los gérmenes nocivos para la salud, se sentían a sus anchas.

En estas condiciones, carentes de higiene, mas la escasez de alimentos conllevaría, que una gran mayoría de niños estuviéramos afectados por raquitismo, parásitos y muchas enfermedades, abundando sarampión, tiña y sarna.

Para curar la sarna, nos embadurnaban el cuerpo con azufre, y para el tratamiento de la tiña, trituraban unas patatas previamente cocidas, y hacían una cataplasma, para aplicárnosla en la cabeza con ayuda de una venda.


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La sombra


Me despierta un grito.
Sobresaltada me asomo a la ventana y veo una sombra.
No sé quién es, pero noto su mirada y se me hiela el corazón.
Me aparto de la ventana como por instinto y vuelvo a la cama.

Ya son las siete de la mañana, el despertador me avisa de que es hora de levantarse.
Arrastro mis pies hasta el baño y me ducho.
Me sienta bien el agua caliente y me despejo.

Me visto y voy a la cocina, ¡qué bien huele el café!, pienso.

Salgo de casa y cierro la puerta.

De camino al metro me cruzo con mucha gente, gente que pasa a mi lado y que no conozco, sus rostros son grises, inexpresivos, me asustan…

De repente vuelvo a sentir que se me hiela el corazón.

¡Qué extraño!, pienso.
Es una sensación dolorosa, pero al mismo tiempo de alivio.


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Las cicatrices del alma.Capitulo V de XLVI


Ingresado en un reformatorio de Valencia con 7 años de edad, año 1944

Después de tantos avatares, vinieron dos hombres a por nosotros. Nos dijeron que nos llevarían a un colegio, que allí estaríamos muy bien cuidados ¡Qué mentira más piadosa! Nos ordenaron que les siguiéramos para ducharnos antes de ingresar al colegio prometido, y nos llevaron a unas duchas municipales.

Al llegar a las duchas se me acercó un hombre, y cogiéndome de un brazo, intentó por la fuerza separarme de mi madre y de mis hermanas para conducirme a las duchas de hombres. Llorando, y con mucha resistencia por mi parte me opuse con firmeza, e intenté no seguirle el juego. Toda mi lucha sería en vano, ya que la fuerza bruta de este hombre ganó la partida, y me condujo a la ducha.


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Petunia


Petunia, de sonrisa desordenada y áureos cabellos, de iris verde vivo y cetrina piel. Su voz se alza cada noche hechicera y recorre la ciudad desde su ventana hasta los oídos de los jóvenes a los que pretende. Belleza extravagante ¿Quién osaría amarla por su hermosura? ¿Quién osaría siquiera acercar sus labios a tan desairosa faz? Y si no fuera por su voz ¿quién emprendería el camino hasta llegar bajo su ventana, desde la cual brota la melodía más deliciosa que un hombre puede escuchar?

 

Petunia, de pequeños ojos, de rostro enjuto, de generosa nariz y deslucidos labios. Dicen que su carácter es acedo, pero su voz es… como la lluvia que desciende desde las nubes y cae sobre el verde pasto, resbalando suave por los tallos de las flores y haciendo que sus pétalos brillen con la luz del sol. Es como la delicada caricia que llega hasta tu cintura, como ese instante antes de que dos cuerpos su fundan en uno.


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Reflejo


REFLEJO

Cuando echas a la mentira de tu casa…

Mónica miró al delator espejo horrorizada. Día tras día ganaba peso sin cesar. Comenzó mil dietas que demostraron ser inútiles. Sentía como sus tobillos se inflamaban a causa de su obesidad.

Los amigos la intentaban engañar con piadosas mentiras. Pero ella captaba las furtivas miradas de los transmutes y las escondidas risas. Procuró salir lo mínimo e indispensable.

En un arrebato de impotencia exilió todos los espejos de la casa… ¡No fue un remedio! Su inmensa y amorfa silueta se reflejaba, cual cruel mofa, en las vitrinas, ventanas y cualquier superficie brillante. Aprendió a caminar mirando al suelo para evitar el espanto de su metamorfosis. Tampoco sirvió de nada, pues el cansancio de arrastrar semejante cuerpo era un perpetuo recuerdo de su estado.


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Que el cielo lo juzgue


¡Que el cielo los juzgue!

Una vez, Alá alcanzó la frontera del conocimiento. Al otro lado, Dios, lo miraba con desprecio.

Caminó muy solemne, contemplándolo por encima del hombro. Dios lo imitó.
Esto lo enfureció aun más, y aproximó su rostro en tono amenazador a apenas unos centímetros. Dios hizo lo propio sin ceder una décima.

Alá se mantuvo durante largos minutos; Con la mirada desbordada en reto y el cuerpo erguido. Esperaba que su oponente se cansara. No sucedió así. Cuando ya no pudo más, que hasta el cuerpo le temblaba, cedió. Pero cual sería su alegría. No fue vencido del todo; Dios cedió al mismo tiempo mostrando sinónimo agotamiento.

Alá sonrió para hacer suya la victoria. Pero, ni antes ni después, si no al mismo tiempo, Dios hizo lo propio. ¡Ahora lo comprendía! ¡No era una coincidencia! Lo estaba imitando. ¡Era pura burla!


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El callejón


EL CALLEJÓN

Una vez me dijeron cual es la sensación que deja la muerte. No es exactamente dolor… Es la ausencia de esperanza.

Andrés penetró en el inhóspito callejón, quería recuperar su balón perdido. Miró al fondo para divisar un frió muro, pues aquel canino no llevaba a ninguna parte, tan solo era la enemistad entre dos edificios.

Algo le llamó la atención, se aproximó al solitario muro para admirar con asombro el esbozo de una silueta femenina. A pesar de ser incompleta se intuía perfección y belleza.

Pasaron algunos días. Andrés recordó la silueta del muro y corrió hacia ella preso de la curiosidad.
Ahora la obra comenzaba a tener rostro. Trazos rápidos que daban pistas de dulzura, sus manos también estaban definidas.

Poco a poco la pintura avanzaba. El muchacho se apresuraba cada tarde hasta el callejón. La incompleta mujer transmitía sentimientos desde su viveza de colores. Andrés se sentía abrazado por ellos. ¡Era tan dulce! ¡Tan bonita!


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Dímelo


DIMELO

En ocasiones, utilizamos las flores para expresar un sentimiento.

Adrián entró enfurecido en su nueva habitación. ¡Odiaba las mudanzas! Otra vez tendría que conocer las calles y hacer amigos empezando desde cero.

Se asomó por la ventana observando la ciudad. A apenas unos metros, otro edificio robaba la luz del día proyectando su opulenta sombra sobre el suyo. Una de las ventanas del avaro edificio se abrió, y lo que tras ella vió lo arrebató de sus pensamientos; Una hermosa muchacha, tumbada en la cama, hablaba a su madre. Esta le colocaba bien la almohada. A pesar de la palidez irradiaba alegría. A su pelo lo envidiaba el oro y de sus labios alumbraban el amanecer. De súbito, dirigió su mirada hacia Adrián y tras unos segundos sonrió. El muchacho retrocedió escondiéndose, rehén de aquellos castaños ojos, que durante la noche soñó.


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Cuentan


Cuentan…

Cuentan, que un día, la soledad vió su reflejo en un río y entristeció. Comprendió que le faltaba algo. Se sintió incompleta. Para cambiar tan amarga sensación, en un arrebato de egoísmo, comenzó la creación de una madre, sería el comienzo de un ser con cualidades suficientes para cuidarla y mimarla. Capacitada para dar sin pedir; Para agradecer en beneficio ajeno.
Tras concienzuda labor, quedó por llenar el corazón.

Posó en él constancia y mucho cariño. Fuera de él dejó el sufrimiento y la preocupación.
Lo sació de comprensión y dulzura. Alejó los desvelos y llantos.

Con su impaciencia por acabar tan suprema creación, tropezó volcando en aquel corazón todo aquello que apartó y desestimó.

¿Cómo repararlo? ¿Qué podría compensar tal desastre? Pronto lo supo; creó cuantioso amor. Pero por mucho que empujó, nada más cabía en aquel corazón. Era imposible meter allí tanto amor.


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Cuando no existe la luz


Cuando no existe la luz.

Caulí corrió por el bosque. Un oportuno accidente en la caravana-jaula le permitió escapar. No era un reo; era negra carne de comercio. Por aquellos contornos no pasaría desapercibido, toda la zona practicaba el esclavismo, y su color de piel era demasiado delator.

Tras largas horas de carrera tropezó con un poblado oculto en la espesa arboleda. A pesar de estar entrada la noche ninguna luz destacaba en las ventanas. Penetro en sus oscuras calles con temor. Escuchó lejanos tintineos por todas partes. Pero nada comprendió.

Alguien tropezó con su espalda, y el se giró aterrado. Pudo ver a una blanca dama que le reprochó:

-¡Estas loco! ¿Por qué no llevas los cascabeles en los zapatos?

- ¿Cascabeles? –Preguntó asombrado mientras la dama palpaba su cara.

- ¡Tu no eres de este pueblo! ¡No puedes quedarte sin el permiso! – Y aferrándolo del brazo lo empujó hasta una gran casa.


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Como hermanos


COMO HERMANOS

¿Qué es el odio? ¿Un enemigo del amor? ¿Cuál más poderoso?

En el pequeño pueblo fue un nacimiento sonado. Dos hermosos gemelos rebosantes de salud. El primero alumbró con facilidad, como si ansiara llegar a este mundo. El segundo se agarró a las entrañas de la madre hasta matarla… Algo que el padre no perdonó jamás.

Al primero lo llamó Carlos, dedicó todo su tiempo y esfuerzo para darle felicidad. Las mejores ropas, los halagos más dulces, los mejores colegios.

Al segundo lo llamo Pedro… Y asesino en privado. Lo vestía con harapos y le dedicaba palizas e insultos a la menor oportunidad. Era fácil distinguirlos a pesar de ser idénticos;
El mal vestido y cabizbajo, aquel de expresión triste y amargada era Pedro. El de faz resplandeciente, que dedicaba una sonrisa al aire en plena mañana, era Carlos. El amado.


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Las cicatrices del alma.Capitulo IV de XLVI


Nuestro traslado a Valencia. 1945

 

El motivo de este cambio tan negativo y tan drástico para nosotros, lo causó un malvado sin corazón y sin escrúpulos, que supo convencer a mi madre para vivir con ella en pareja.

Este mal nacido, se aprovechó de la ignorancia de mi madre, para que vendiera lo conseguido con el esfuerzo de su trabajo, pues según el estafador no nos iba a hacer falta, nos iríamos a vivir los siete a Valencia. Allí disponía de casa y de recursos para vivir sin necesidades.

Mi madre creyó ver una puerta abierta, a su grave situación con la promesa de este sinvergüenza y no dudó en hacerle caso, de nada sirvieron los consejos de familiares y vecinos, vendió los animales con enseres (mesas, sillas… etc.) y demás utensilios que no se podía llevar.


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