La sombra
Me despierta un grito.
Sobresaltada me asomo a la ventana y veo una sombra.
No sé quién es, pero noto su mirada y se me hiela el corazón.
Me aparto de la ventana como por instinto y vuelvo a la cama.
Ya son las siete de la mañana, el despertador me avisa de que es hora de levantarse.
Arrastro mis pies hasta el baño y me ducho.
Me sienta bien el agua caliente y me despejo.
Me visto y voy a la cocina, ¡qué bien huele el café!, pienso.
Salgo de casa y cierro la puerta.
De camino al metro me cruzo con mucha gente, gente que pasa a mi lado y que no conozco, sus rostros son grises, inexpresivos, me asustan…
De repente vuelvo a sentir que se me hiela el corazón.
¡Qué extraño!, pienso.
Es una sensación dolorosa, pero al mismo tiempo de alivio.









