Después de tu mirada

Extracto de un libro que estoy escribiendo.

El chico comenzó a llorar. Estaba seguro de que le faltaba una pierna. No podía levantarse y sabía que moriría allí, de hambre. ‘’Que hijos de puta, que hijos de puta…’’ pensó, rabioso. La garganta seca le hizo pensar también en una muerte por deshidratación. ¿Y si le devoraban los insectos?, que parecían un ejercito; rodeandole, mordiendole, colandose por sus heridas, haciendole gritar del dolor. Sus lagrimas se mezclaban con el vomito y la sangre, y la tierra humeda. Una gota le cayó en el pie izquierdo y recorrió toda su pierna, y su enorme muslo. Rudolph suspiró aliviado. Consiguió moverla a duras penas.Tenía un tronco de unos30 metrosde largo y 1 de grosor encima de la pierna, justo en la espinilla. Al recuperar la sensibilidad se dió cuenta de que la sangre brotaba a borbotones de alguna parte de su tobillo, y que el dedo gordo del pie estaba destrozado.

Rudolph respiró, escupió algo de sangre y meneó pateticamente su cuerpo para espantar a la nube de insectos que le rodeaba. Podía escuchar a algunos pájaros encima de él, aguardando a su muerte como buitres. La luz del sol se filtraba entre las palmeras e iba a parar a su herido rostro. Notó, aterrado, los pasos de una araña de dimensiones considerables en su nuca. Afortunadamente esta se dedicó a usar el mullido cuerpo del chaval como coto de caza. Volvió a vomitar y se percató de que la unica salida era levantarse y buscar ayuda. ‘’Contaré hasta tres y me levantaré. Una…dos…y…tres. Ya’’. Usó las pocas fuerzas que le quedan para apoyar sus manos en la tierra y flexionar su cuerpo. Sintió como su pierna izquierda se separaba poco a poco de su cuerpo y gritó como un poseso, para desmayarse acto seguido.

Su grito retumba por toda la isla.

Abrió los ojos, y vió lo que parecía ser otra alucinazion: su amigo David está sentado junto a el, maldiciendo todos esos insectos y preguntandole si está vivo. Él volvió a cerrar los ojos y dio por hecho que estaba muerto. Tras un bofetón de David no le quedó otra que volver a la vida.

 

–          Rudolph, Rudolph, Rudolph. Despierta, coño. Joder, abre los ojos por el amor de dios.

–          Ho…hola. ¡Da…!

–          ¡Genial! ¡Estás vivo! – en su tono se notaban las lagrimas de emocion que recorrían sus mejillas – Tengo que sacarte de aquí antes de que te mueras

–          Mi pierna está atrapada

–          ¿Qué?

–          Mi pierna, que está atrapada por una palmera. Mirala tu mismo.

–          Ya, ya me he dado cuenta. Es asqueroso, la verdad. ¿Qué hacemos?

–          Dejame morir.

–          ¡Qué dices, imbecil!

–          No merece la pena vivir así. Mira mis heridas. – suspiró, melancolico – Han pasado tantas cosas…

 

Rudolph arrastro sus manitas regordetas hasta una hormiga y se la llevó a la boca.

 

–          ¿Qué coño haces?

–          No sé – y ambos se rieron, expulsando toda la tensión y el dolor acumulados.

–          Necesitas ayuda, no puedes pasar la noche aquí y así. Te vas a desangrar. Te he puesto mi camiseta en el pie, porque sangrabas mucho. De nada.

–          Ve a buscar a alguien, por favor.

–          Estamos en una isla desierta, creo – dijo David, examinando su entorno. Se alegraba de tener alguien con quien hablar – he rodeado la costa y no hay rastro de civilización.

–          ¿Has perdido el juicio? ¿Dónde está María? Bueno, supongo que con el golpe de la cabeza se te habrá hecho el cerebro puré. Pase lo que pase, no me arranques el pie, ni la pierna, ni nada. Prefiero morir, enserio.

–          Tampoco pensaba hacerlo, pero tu me dirás.

–          ¿Has intentado levantar la palmera?

–          Si, y es imposible, debe pesar como mil toneladas o así.

 

Los dos se quedaron en silencio unos segundos, sin saber muy bien qué decirse. Ambos lloraban como lo que en realidad eran: niños.

 

–    Estoy pensando en ir a buscar agua salada, para cicatrizarte las heridas. Creeme, funciona.

–          Joder, eso va a doler y no poco. Vale, pero no tardes.

 

 

David desapareció en la espesura de la selva, y Rudolph pudo ver que él también tenía unas cuantas heridas y que cojeaba del pie izquierdo. Aterrado, destrozado, afligido. Las heridas de su cuerpo soportaban pacientemente el calor. Algunas estaban llenas de sangre seca. Otras simplemente escocían por el sudor y la arenilla que se filtraba por sus reventadas zapatillas. Quería morirse de una vez. Acabar con su condena. Cerró los ojos. Los volvió a abrir al pensar en David. Le llegó a parecer incluso divertida la idea de pasar con el los ultimos instantes de su vida. Todo sería mejor si no tuviese aquel monstruoso tronco aplastando su pierna izquierda. El corazón le latía cada vez mas fuerte. ¿Y si David no regresaba? ¿Y si le habían rescatado y se habían olvidado de él? ¿Qué estaría haciendo su madre en ese momento?. Cerró los ojos y se quedó dormido.

–          Despierta, por favor – le gritó David, sacudiendole.

–          Para, para. Me haces daño. ¡Ahh, como me duele la pierna!

–          Pensé que te habías muerto.

–          Y yo pensé que te habías ido sin mi.

–          Tu eres tonto.

–          ¿Y el agua salada?

–          No pude evitar tragarmela durante el trayecto, lo siento.

–          ¿Pensabas escupirmela?

–          Si – respondió David, mientras se sentaba junto al cuerpo de su castigado amigo – Mientras venía hacia aquí he pensado que lo mejor es buscar una piedra y partir la palmera en dos, aunque tarde días.

–          No es mala idea, no tenemos nada que perder.

–          Hombre, tu la pierna.

–          No me digas eso que me asustas.

–          Es la realidad. De hecho si no recuerdo mal, en un programa una vez vi que lo mejor era amputar, porque la infección podía expandirse por todo el cuerpo.

–          ¿En serio?

–          Si.

–          No sé. Prefiero lo de la piedra – respondió Rudolph, aterrado ante la idea de perder una pierna.

–          Como quieras, luego no me digas que no te avisé – poco a poco el sol se iba ocultando tras el horizonte – Enfin, buscaré una pierna. Digo, una piedra.

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