La historia de un muchacho llamado Sacacorchos
Trís! Dijo un muchacho arrinconado en el vertedero de desperdicios. Sacacorchos le llamaban. Su mirada parecía la gorra que llevaba y su voz parecía un chicle siendo masticado. Casi todos veían su pragmatismo, pero no le veían a él, siempre tapado por su pragmatismo, que era enorme y proyectaba una sombra tal sobre su rostro que desfiguraba todas sus facciones hasta el punto de llevarlas a la nada. Sacacorchos desaparecía, sencillamente, bajo las sombras de ese gigante. ¿Y no es que pudiera extirparse algo como su sentido de la practica, que le era innato, verdad?








