cuatro microrrelatos sobre la crisis

I/

Cola de parados. La larga cola torcía y se extendía calle arriba. Advirtió su falta de cálculo al creer que había salido temprano y con tiempo suficiente. Era probable que ahora le arrebataran un buen puesto. Se incorporó a la fila, tampoco tenía otra cosa mejor que hacer. Se contagió del silencio de la gente, de su tristeza. Solamente dos jovencitas parloteaban insulsas anécdotas del curso de peluquería. Admiró en un escaparate el elegante traje de precio prohibitivo. Apretó en un bolsillo sus últimos diez euros. -Maldita crisis! -murmuró.

Dobló la esquina lentamente, manteniendo turno. De repente, comprendió encontrarse en una cola equivocada. Era al siguiente local de la calle, al Real Cinema, donde deseaba ir, donde ciertamente podría ver un “Regreso al futuro”.

II/

El broker. Se encaminó hacia el banco decididamente. No en vano había sido reconocido como el joven con más futuro dentro de la multinacional. Llevaba estudiada la operación perfectamente, calculando el valor de compra del activo y su desamortización. Esperaba no obstante, una sustancial rebaja en la oferta pero, como era un gran experto en valorar en mucho lo que realmente vale poco, contraatacaría intentando una revalorización patrimonial en virtud de estimaciones de carácter sentimental. En el reverso de su reloj, regalo del jefe, llevaba grabado: “Eres una máquina!”.

Hizo una elegante exposición del producto sobre la mesa y esperó.

-No le puedo dar mas de cien euros por su rolex, ya sabe, la crisis manda. – le sentenció el tasador de empeños cerrando cualquier negociación.

III/

El ladrillo visto. Miraba triste lo que quedaba de una ilusión que la crisis había cercenado el invierno pasado. Una vieja hormigonera oxidada, algunos escombros y medio palé de ladrillos destacaban en un lindero de la obra. El polvo y el barro endurecido resaltaban el abandono del proyecto. En esa hectárea ahora baldía, estaba resumida su vida, concretados sus ahorros y enterrado su esfuerzo.

-Los resultados del último semestre nos obligan a cerrar – declaró el contratista.

Caminó hacia donde debería erigirse la entrada. La rabia le impidió llorar mientras observaba la ironía que se mostraba ante sus ojos. En los agujeros del ladrillo que marcaba un pie de pilar y como indicando el futuro de la finca, seis brotes verdes comenzaban a florecer.

IV/

La llamamos Crisis. Aquella primavera saltaron todas las alarmas financieras. Los valores de bolsa cayeron bajo mínimos, cundió el pánico y nació la crisis. En realidad nadie al principio la llamaba así. Parecía un problema mas, añadido a los existentes, pero, en aquellos primeros meses, complicó enormemente nuestra vida cotidiana. Amenazaba con llevarse por delante nuestro hogar, incrementó nuestros gastos y acabó siendo la causa de quedarnos sin viaje de vacaciones. Nunca consideramos que una inyección de mucho dinero para acabar con ella fuera la solución. Curiosamente, a medida que ha ido creciendo, se ha estabilizado, ya no es problema y asumimos que conviva con nosotros en el futuro.

Acabamos llamándola así porque “Ajuste económico” o “Recesión coyuntural” nos parecieron nombres inapropiados para nuestra perrita.

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