SOPA DE RELATOS

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El taxista


Juan era un niño de unos cinco años, a el le gustaba mucho ir a jugar al parque con su papa, pero podía ir poco porque su padre trabajaba mucho, era taxista desde hacia unos diez años.

Cada mañana el papa de Juan se marchaba muy temprano a trabajar, por eso su abuela se encargaba de levantarlo para darle el almuerzo y acompañarlo al cole.

Le gustaba mirar los dibujos por la mañana mientras miraba los dibujos mientras la abuela le llama la atención para que se de prisa porque llegaran tarde al colegio.

El padre mientras tanto salía a trabajar, tenia el taxi aparcado delante de casa, y cada día salía deprisa para poder hacer muchos clientes, pero algunos días salía muy pronto de casa y llegaba muy tarde porque los  clientes le decían que los llevara al aeropuerto y ese estaba muy lejos.


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Las farolas


 

Los atardeceres del pueblo,

se van perdiendo en la soledad,

 van oscureciendo y las farolas,

se encienden llorando su ausencia.

Por esas calles por las cuales paseaba,

llenando de luz callejones oscuros,

En las noches de lluvia,

las cuales salía a pasear.

Para ocultar sus lágrimas,

entre las gotas de lluvia

que le caían por las mejillas.

pensando en su príncipe azul.

Que se fue con otra princesa,

y convirtiéndole a ella en su cenicienta

a la que le daba el dulce manjar,

de diosas de falsa honestidad.

    Las calles lloran su ausencia,

tantas noches las iluminaba,

 con su belleza

 y tantos días les hablaba llorando sus penas.

Un día rendida de tanto luchar,

Arrodillada cayo en medio de una calle oscura,

justo delante de una farola


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El dia llorando


Se a largado el día llorando por tu ausencia,

en esta cama vacía de tu cuerpo desnudo,

masturbándose al amanecer,

pensando en el príncipe azul que jamás existió.

El día que jamás amaneció realmente,

sin ver tu rostro gozando del placer oculto,

de tus manos sobre tu sexo,

gozando de placeres eternos.

El día llora por no poder besarte en la cama,

ni oler tu perfume tan caro que compraste porque si,

para poder oler como las rosas que duermen a princesas,

que  despiertan esos príncipes azules que nunca existen.

El día se marcha llorando por escucharte llorar,

por ese príncipe azul que no te despertó,

 del cuento de la vida,

la vida pasada de tu soledad.

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