SOPA DE RELATOS

Encuentra al escritor que tienes dentro

La ventana


 

 

Ya amanece, los primeros rayos de sol entran por la ventana de mi habitación, no tengo ganas de levantarme, hoy no tengo “cole”, es sábado, es uno de los días de la semana que más me gusta.

 

 

 

Mi madre entra en la habitación y me hace levantar, me ayuda a vestirme, me pone la ropa que yo elegí el día anterior.

 

Ahora vamos hacia la cocina a desayunar un poco de leche y cereales.

 

Al terminar de desayunar mi madre debe irse a trabajar y yo me quedo en la habitación, sentada en la silla del ordenador mirando por la ventana como se marcha a trabajar.

 

Por suerte tengo una vista muy bonita, desde mi habitación veo las montañas, el mar, y al lado de casa hay un puerto donde los pescadores amarran sus barquitas después de volver de pescar.


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El libro


 

Hola a todos y todas:

Hoy es un día muy importante para mí me ha costado mucho llegar hasta aquí, pero por fin he podido hacer realidad uno de mis dos sueños en esta vida.

 

En primer lugar os explicaré el primero: he terminado de escribir este libro que me ha llevado unos años de mucho trabajo, y hoy, por fin, lo presento ante todos vosotros, amigos, gente que no conozco, pero que me apoyado y todos los familiares que están en esta sala.

 

Cada día cuando me levantaba, después de ducharme, cogía el ordenador y marchaba a la playa de al lado de casa y me sentaba en unas rocas donde el agua no llegaba.

Me quedaba escuchando el ruido del viento, y del mar pegando sobre las rocas; después empezaba a escribir el libro que hoy presento.


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De astros reyes y miedo al papel mojado


Te escribo para decirte que el gato encerrado escapó. Nos empeñamos en abordar los misterios de esta ciudad de mutismos con la vanidad de quien intenta otorgar a los hombres algo más que sólo el fuego, pero aun hoy todos los transeúntes caminan callados, evaporándose del alba al crepúsculo entre hormigón y hierro, para una noche más dormitar sin sueños.

No existe ya aquella canción que arrastraba a los incautos a callejones secretos, se perdió como el último de esos sabios  sin nombre que un día se subieron a las farolas para gritar lo que hasta entonces todos habíamos callado; al olvidarla yo, al olvidarles todos, regresaron arrastrándose al silencio de los libros prohibidos que ardieron en las fogatas del último invierno.

Nuestro reino del pavimento se hundió en el lodo inconcluso de sus propias ideas cuando todas las sombras ambicionaron hablar a la vez.


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