SOPA DE RELATOS

Encuentra al escritor que tienes dentro

La promesa


¿Porque la luna se marcha?

a dormir en la soledad,

la que se merece iluminar todo el planeta,

con la mas belleza del universo.

Las frías noches de luna llena,

echara de menos esas madrugadas,

de delirios infinitos,

Y malditas noches sin sexo.

Duele la distancia que para tocar a la luna,

que los humanos siempre han deseado tocar,

para lograr algo imposible,

besarla  y poderla tocar.

Dos tequilas nos tomaremos,

para celebrar la amistad,

de la luna y el escritor callejero,

brindando por la bella amistad.

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MENTIR


Por que mientes?
Por que prometes cosas
Luego no las cumples
Mentiras
Todo es una mentira
Decir te amo
Decir te quiero
Es mentir

Por que lo haces?
Ayuda te di
Pero mentir
Que sacas con eso
Mentir solo sabes mentir
Así amigos
Nunca tendrás
Por mentir
Por no ser honrado/a

No mientas
Eso no te gustaría a ti

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El café


Estaba removiendo el café pensando que estaría sintiendo ese liquido después de ponerle un poquito de azúcar para no encontrarlo tan amargo, paranoias del día recién amanecido  y estando medio dormido, removía el café de un lado a otro, la cucharilla hacia ruido al chocar contra la taza.

 

Mientras miraba el periódico poco usado, por ser de los primeros clientes que le echaban el ojo, de refilón vi entrar a una pareja que se sentó un par de mesas mas allá de la mía,

 

Me quedo mirándolos un rato mientras el café sacaba un ligero humo que me dice que me puedo quemar si lo pruebo.

 

De repente la chica con el pelo corto le pidió fuego al chico que la acompañaba, con una sutil sonrisa cogió el cigarrillo con una mano mientras aquel chico mirándole a los ojos le sonrió ,mientras el cigarrillo se encendía.


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A la hora esperada


 

Era sábado, después de una dura semana de trabajo, llegaba el  momento de pasarlo muy bien, ese día había quedado con mi novia  para ir a cenar i después iríamos a la discoteca de mi pueblo a pasar la noche asta el amanecer, ella vivía en un pueblecito a unos diez minutos en coche y quedamos que ella vendría i nos encontraríamos en la entrada de mi casa.

 

Cuando llego la hora que habíamos quedado, baje a esperarla, hacia cinco minutos que estaba listo y siempre me gusta ver como llega, ver ese cuerpo deslúmbrate aparcar la moto i quitarse el casto para dejar al viento esos pelos que tan solo verlos me enamoraron.

 

Pero era raro pasaron unos diez minutos de la hora estimada y no llegaba, ella siempre solía ser puntual y me extrañaba que aun no hubiera aparecido, pero decidí esperar un rato mas, me puse a andar de un lado a otro de la acera, los minutos pasaban y ella no aparecía,


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CONFESION DE UNA HISTORIA REAL


Confesión de una historia real


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Poemas en blanco


El joven poeta con mirada de niño,
que una aventura buscaba,
para darle sentido a su vida,

de falso aprendiz de poeta.

Las palabras que escribía,
sonaban como el dulce viento,
que vuela sobre el mar,

sin esa brisa que las haga volar.

Se encontró con su libreta solitaria,
sentado en aquella estación de tren,
donde diferentes vidas van sin rumbo,

a esos destinos inciertos de la rutina.

Escribiendo poemas en blanco,
con el esperado sentido literal,
lloraba las penas del pasado,
que a veces querría olvidar.

Los focos del tren iluminaban sus ojos llorosos,
cuando pensaba en su madre querida,
Poemas en blanco sin letras en negro,
Sin letras que no tenían sentido.

Solo sentido de lo que había vivido,
la mirada de niño ahora es de abuelo,
abuelo de poemas en blanco,
que tienen mucho sentido.

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Sueños


No suelo recordar los sueños,

no sea que por casualidad,

sean bonitos y que nunca se cumplan,

pudiéndolos echar de menos.

Como aquella vez que la soñé,

que la tenia desnuda a mi lado,

acariciándole su piel,

y oliendo su perfume corporal.

Al despertar me encontré solo,

en la cama vacía de añorado perfume.

                                                                donde años antes ella dormía,

donde me abrazaba,

donde me besaba,

donde me lloraba.

Ahora solo quedan recuerdos,

que a veces quiero y no quiero soñar,

que quiero y no puedo recordar,

que pienso y no quiero pensar,

que lloro, y no quiero llorar.

A veces quiero morir por no recordar

 a veces quiero recordar por no morir,

a veces quiero morir por no poderla abrazar,

a veces un abrazo me haría volver a soñar.


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Los cristales rotos


Los cristales rotos del último cubata,

que hice en ese pub cuando me abrazaba la madrugada,

descansaban en el suelo pegajoso

de tantas bebidas derramadas.

Cerré el pub escuchando esa canción maldita,

que nunca de vio sonar en mi vida,

las lágrimas de la soledad corrían por mi cara,

para caer dentro de ese cubata.

Lágrimas de sabor amargo

como me amargo esa madrugada,

que en tu casa con otro te encontré,

abrazado en lo que pensé que eran nuestras mantas.

Los cristales rotos de ese cubata que se cayó por mala pata,

brillaban en el suelo llorando por un poco de whisky para olvidar,

lloraron esa noche para olvidar ese maldito y tan querido amor,

amor tan querido y que llego a ser maldito.

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Mutados


Operaban ciertas mutaciones, como si después de tres noches y días sin dormir, un rostro lozano comenzara a cubrirse de surcos y arrugas.

Nadie sabía a ciencia cierta que edad tenían unos días parecían jóvenes, otros estaban terriblemente viejos, encorvados, canosos, con el cuerpo macilento. Por su mirada, uno podía identificarlos, era la forma de mirar, un cierto destello extraño.

Nunca andan solos, aunque no juntos, en el sentido estricto de la palabra, ella a veces se daba cuenta, cuando caminaba que estaban allí, uno en una esquina… ya saliendo por una puerta, principalmente observando, se cruzaban, cómplices entre sí, es allí cuando ella se percataba.

Imposible saber cuántos eran, quizás diez, veinte o cinco, no se sabía, podrían ser los mismos que con su capacidad de mutar se convertían en multitudes, siempre diferentes, pero estaban allí, quien sabe desde hace cuanto tiempo.


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Esas viudas


Esas historias interminables de príncipes destronados,

por una viuda de hace muchos años,

que siempre soñó con ser princesa,

que siempre quiso no ser una chica cualquiera.

Como esa cenicienta de labios de fresa y tacones de cristal,
de vestido de seda y peinado espectacular,
los príncipes engañados por falsos besos,

 fingiendo ser besos verdadero amor,

De noches de locura con botella de champan sin gas,

y copas de cristal rotas en esas noches de pasiones falsas.
viudas autenticas víboras del amor,

que luego matan a cualquier corazón y lo meten en formón.

Los príncipes fallecen sin piedad,

sin sentir dolor por aquellas que los acaban de matar,
viudas de traje blanco de seda,

de besos de fresa i mirada de cristal que matan sin mirar.

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El taxista


Juan era un niño de unos cinco años, a el le gustaba mucho ir a jugar al parque con su papa, pero podía ir poco porque su padre trabajaba mucho, era taxista desde hacia unos diez años.

Cada mañana el papa de Juan se marchaba muy temprano a trabajar, por eso su abuela se encargaba de levantarlo para darle el almuerzo y acompañarlo al cole.

Le gustaba mirar los dibujos por la mañana mientras miraba los dibujos mientras la abuela le llama la atención para que se de prisa porque llegaran tarde al colegio.

El padre mientras tanto salía a trabajar, tenia el taxi aparcado delante de casa, y cada día salía deprisa para poder hacer muchos clientes, pero algunos días salía muy pronto de casa y llegaba muy tarde porque los  clientes le decían que los llevara al aeropuerto y ese estaba muy lejos.


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Las farolas


 

Los atardeceres del pueblo,

se van perdiendo en la soledad,

 van oscureciendo y las farolas,

se encienden llorando su ausencia.

Por esas calles por las cuales paseaba,

llenando de luz callejones oscuros,

En las noches de lluvia,

las cuales salía a pasear.

Para ocultar sus lágrimas,

entre las gotas de lluvia

que le caían por las mejillas.

pensando en su príncipe azul.

Que se fue con otra princesa,

y convirtiéndole a ella en su cenicienta

a la que le daba el dulce manjar,

de diosas de falsa honestidad.

    Las calles lloran su ausencia,

tantas noches las iluminaba,

 con su belleza

 y tantos días les hablaba llorando sus penas.

Un día rendida de tanto luchar,

Arrodillada cayo en medio de una calle oscura,

justo delante de una farola


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El dia llorando


Se a largado el día llorando por tu ausencia,

en esta cama vacía de tu cuerpo desnudo,

masturbándose al amanecer,

pensando en el príncipe azul que jamás existió.

El día que jamás amaneció realmente,

sin ver tu rostro gozando del placer oculto,

de tus manos sobre tu sexo,

gozando de placeres eternos.

El día llora por no poder besarte en la cama,

ni oler tu perfume tan caro que compraste porque si,

para poder oler como las rosas que duermen a princesas,

que  despiertan esos príncipes azules que nunca existen.

El día se marcha llorando por escucharte llorar,

por ese príncipe azul que no te despertó,

 del cuento de la vida,

la vida pasada de tu soledad.

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