SOPA DE RELATOS

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El retorno de los supremos creadores de vida


Goru, Drello y Midor eran peregrinos en medio de la frondosa selva, la noche anterior habían contemplado extrañas luces dentro de Amazora.

- !Nunca en mi vida había tenido una noche en la que no pudiera pegar un ojo¡ pero esas luces le quitarían el sueño hasta a Dornú – exclamo bostezando y algo irritado Goru mientras se dirigía con Drello y Midor hacia la capital del imperio de Murasiam donde deberían encontrarse con Acora, un antiguo amigo que les había prometido trabajo en el estadio de los gladiadores.

Drello detuvo a sus compañeros.

- Creo que debemos descansar un poco antes de encontrarnos con Acora, no creo que sea agradable para el que la primera impresión sea la de unos hombres fatigados.

Midor asintió con la cabeza.

Se adentraron en la frondosa selva con espada, mazos y escudos en manos por si aparecía una fiera a la que tuvieran que someter.


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Los formidables eventos finales antes de la nueva era del mundo


Se despertó en una sala con un techo circular y transparente.

¡Pero las estrellas se podían observar a través del techo como si estuvieran a su lado!

Algo confuso comenzó a levantarse.

- ¿Donde estoy? ¿Qué es este lugar? – se preguntaba mientras se levantaba del gélido suelo, pensamientos de confusión llenaban su mente, sentía que algo extraño la había pasado a su cuerpo.

- Nuestros oxavuroms detectaron dudas en tu mente ¡Ese es el motivo por el que te encuentras aquí! ¡Para dilucidar ese dilema! – exclamó alguien cuya voz no le recordaba a ninguno de los seres humanos que vivían con el en su ciudad, esa voz era potente, grave y como salida de una máquina, pensó que tal vez estaba siendo objeto de una broma por parte de los mecánicos y forjadores de metal de la ciudad de Riaman.


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Orbit de fresa


Hay sabores y olores que consiguen transportarme a sitios, hay un sabor muy especial que siempre me lleva al mismo sitio.

Entro en el recibidor de unos pisos altos, me miro en el enorme espejo que cubre toda la pared del hall, toco la tecla del ascensor y espero impaciente mientras agarro mi maleta. Al entrar cuento los números que relacionan a los pisos y le doy al penúltimo, nunca recuerdo muy bien si es el 4º o el 5º. En el recibidor hay dos ascensores uno que parece más nuevo, que sube y baja más rápido y es bastante más grande y justo al lado esta un pequeñito que parece entretenerse entre plantas, que tiene un olor ya incrustado a puro, siempre que llego llamo a ambos, pero el 99% de las veces siempre baja el mismo a recibirme, le tengo un cariño especial.


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