SOPA DE RELATOS

Encuentra al escritor que tienes dentro

Noviembre


Noviembre ha empezado a calar,

ha dejado su marca escrita.

Noviembre, que me vio gritar

que te fueras de mi vida.

Noviembre comienza a llorar

para sanar sus heridas.

Noviembre no quiero mirar atrás

y ver más hojas marchitas.

 

Noviembre, noviembre,

tú que me viste marchar

cúbreme, cúbreme.

Noviembre, noviembre,

no me invites a la oscuridad,

noviembre.

 

Recuerdo su abrazo al decirme adiós,

hoy queda tan falso que me pierdo

en un sentimiento del gris de esta ciudad.

Noviembre invita al silencio.

 

Noviembre, noviembre,

arrópame en la soledad,

cúbreme, cúbreme.

 

Noviembre, noviembre,

su voz ya no resonará en mi mente.

Noviembre, noviembre,

Noviembre, ¡ayúdame a olvidar!

Noviembre.

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El abrigo verde


Unos pasos cansados pero pertinaces se hunden en la nieve en un vano intento de arañarle a la estepa unos cuantos centímetros más de vida. Como si de una vela rasgada se tratase, un abrigo verde y grueso pende entre jirones de la encorvada espalda del soldado. Apenas ya una sombra y un suspiro en medio del viento.

Ya no hay sitio para pensamientos complejos o algún tipo de introspección, tan solo un dolor agudo y lacerante que desgarra los dedos de las manos y los pies con sus dientes de hielo. El frío se materializa en las pestañas y en la barba en forma de cristales que finalmente empapan la bufanda y llegan a convertirse en vapor caliente bajo varias capas de abrigo.

Si tuviera fuerzas, lloraría.

Sobrevivir unas horas más es un tormento impuesto por la interminable sucesión de pasos y crujidos sobre la nieve.


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sueño de luna


PRIMER SUEÑO
No sé cómo, pero llegue allí al anochecer, era un bosque de encinos, había una cascada, más bien una catarata muy grande. Yo viajaba con alguien no sé quien, tomamos un sendero que seguía por el borde del rio el cual corría hacia un costado de la cascada. El sendero se fue separando del rio adentrándose en el bosque nosotros lo seguimos, poco a poco se perdió el sonido de la cascada a pesar de no estar lejos, ya solo se oían los sonidos propios del bosque y nuestros pasos sobre las hojas secas.
Llegamos a una hondonada, para cuando  la cruzamos había caído completamente la noche, una noche muy clara. El sendero nos llevo hasta un claro, el claro de habría de pronto y en él, allí en medio del bosque había un cementerio.  A pesar de que alrededor de él había mucha maleza, en el cementerio no crecía nada y se podía ver la tierra seca entre las tumbas. De estas había dos filas, todas con sus lapidas y cruces, todas de color gris, en frente de algunas de mismo tamaño a la tumba, dibujado en la tierra, había un rectángulo cruzado por dos líneas diagonales. Un sendero descendía del otro lado, al comienzo de este había un árbol de tronco esbelto y corteza retorcida, bajo este jugaba una niña.
Le pregunte por el cementerio.
En él están enterrados los niños extranjeros que murieron hace años por la epidemia-me respondió.
Y que significa la figura que tienen en frente algunas tumbas- volví a preguntar.
Su respuesta:
No es por ellos por quien deberías preocuparte, a ellos los acompañan  sus padres que también murieron y están en terrados en ese lugar. En cambio los otros están solos y buscan compania.
En este momento todo se hace confuso lo único que recuerdo es que corría por aquel camino tras  árbol siguiendo a mi compañero, al que nunca le vi el rostro.


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