Zapatos Missing

Aquellos grandes almacenes eran imponentes, un edificio compuesto por 100 plantas, lo que vulgarmente se conoce por rascacielos, pero en este caso, el cielo quedaba muy lejos ya que las 100 plantas de aquella edificación eran bajo suelo, así que, podríamos llamarlo “rascainfiernos”.

Pregunté al dependiente, en qué planta se encontraba la sección de zapatería.

Dependiente: En la tercera planta

Yo: ¿Pero contando desde arriba o desde abajo?

Dependiente: No importa que postura haga usted, los número no varían

Yo: si, si, pero que… ¿Desde dónde empiezo a contar?

Dependiente: Desde el número 1 señora

Yo: ¿Es usted tonto o se lo hace? A ver… ¿La planta tres está tres pisos más abajo? O por el contrario ¿está a noventa y siete pisos más abajo?

Dependiente: Señora, coja usted el ascensor y pulse el número tres

Yo: ¿Dónde está el ascensor?

Dependiente: Siga a aquella cebra, ella le guiará hasta el ascensor.

La cebra andaba muy rápido, ya que en la sección de Bricolaje, que estaba a solo unos metros, rondaban un par de leones con muy malas pintas.

Entré en el ascensor por los pelos, estaba lleno de gente, pero como la Mantis religiosa era delgadita, me hice un hueco. Pulsé el número tres del ascensor y mientras bajaba, el cruce de conversaciones era un murmullo molesto para mí.

La sección de zapatería tenía una forma geométrica y la luz artificial que la iluminaba, me dañaba los ojos.

En aquella balda estaban los zapatos más bonitos que había visto en mi vida, pero al probármelos sentí que me estaban pequeños, busqué durante horas a quién fuere que trabajase allí para que me sacara mi número, pero no había nadie.

Vi una sombra entrar en el almacén, situado detrás de la caja registradora y a tan solo unos pasos de mi calzado mágico. Corrí hacía la puerta y grité:

Yo: ¡Perdone!..¿Me puede atender?

Salió una dependienta, Me quedé aturdida ya que aquella vendedora, era mi perra Yeika, a la que había sacrificado con gran dolor un par de años atrás.

Yeika: ¿En qué le puedo atender?

Yo: Me gustan los zapatos que tienen en aquella estantería, pero la talla es pequeña. ¿Me puedes sacar mi número?

Yeika: ¿Y cuál es su número?

Yo: el 38

Yeika: Voy a ver en el almacén, espere aquí por favor

Tengo los ojos secos de no pestañear, llevo en shock un rato y mi perra no me reconoce. Sale por la puerta con una caja de zapatos sonriéndome.

Yeika: Aquí tiene señora, pruébeselos

Yo: ¿Te llamas Yeika?

Yeika: Soy un perro

Yo: ya veo… pero ¿Cómo te llamas?

Yeika: No se hablar señora, soy un perro

Yo: ¿Me prestas tu calzador?

Yeika: Si señora, pero para que se lo pueda prestar ha de lanzarlo lejos, para que yo vaya corriendo hasta que consiga atraparlo con mis dientes afilados y traérselo.

Yo: de acuerdo, dámelo y te lo lanzo

Yeika: No señora, debe quitármelo usted

Yo: tengo un sándwich de pollo, ¿si te doy un trozo me lo das?

Yeika: Eso valdrá

Yo: Me quedan genial, me los llevo. ¿Cuánto cuestan?

Yeika: 400 euros

Yo: ¡Joder! ¿Un poco caros no?, ¿Por qué no me haces una rebaja?

Yeika: No puedo señora, no tengo autoridad para hacer eso

Yo: ¡Deberías!, yo te he alimentado durante toda tu vida, sin mencionar que te he sacado a la calle diariamente durante años incluso cuando no me apetecía, te he llevado al río y me he gastado el dinero de la comunidad de vecinos en tus veterinarios. Pero de eso no te acuerdas ¿Verdad?

Yeika: veo en blanco y negro

Yo: ¿Aceptas tarjeta de ruina bancaria?

Yeika: ¿Por qué no me lanza de nuevo el calzador?, yo se lo traeré jadeando

Un camarero con pajarita irrumpió en la escena, llevándose a Yeika en un carrito de Gourmet

Yo: Perdone ¿Dónde se lleva a mi perro?

Camarero: A la planta número 49, hay un coctel, baje y deguste

Yo: ¡Qué coño!

Camarero: Esos zapatos están hechos de cascara de huevo, no debería ponérselos en un corral, podría ocasionar un trauma a las gallinas ponedoras

Yo: me voy al coctel con usted

Camarero: No puede señora, la ley prohíbe que los dependientes suban en ascensor con los clientes

Yo: ¿Qué ley?

Camarero: La ley antitabaco

Hay un gran ambiente en la fiesta de degustación. Un Mandril arrepentido me confiesa que a Yeika la han manipulado en la cocina y que anda por alguna bandeja esperando a ser devorada.

Yo: Tengo que evitar ese desastre, pero no me ha dicho como se llama, ¿Sabes tú como se llama?

Mandril: Tengo alopecia en el trasero y me pica

Me paso horas en la más profunda agonía intentando encontrar a mi perro entre todos esos manjares; sé que está metida en algún canapé, pero no sé en cual. Me parece verla sobre una bandeja envuelta en un crepe bañado con caramelo y unas hojas de menta de adorno. Sigo al camarero que cruza una puerta de camarote de barco y salgo a las escaleras.

Si miro hacia abajo, las escaleras se funden al final del espiral, si miro hacia arriba sucede lo mismo; no veo a nadie ni oigo sonido alguno, comienzo a bajar una planta.

Al bajar un piso, veo que es un hospital, oigo gritos de los pacientes y algún médico acompañado de enfermeros que se dirigen a una habitación con andares ligeros y cara de pocos amigos, algo me dice que, esto no es lo que parece.

Valiente yo, me acerco sigilosa hacia una de las habitaciones, abro suavemente la puerta y para sorpresa mía, veo a mi madre atada a la cama donde está tumbada, entro con mucho cuidado y la hablo suavemente

Yo: ¿Qué haces aquí mamá?

Mama: He venido a comprar el pan, y al sacar el dinero para pagar, unas ardillas con peluca me han arrastrado hasta aquí, me han amarrado a la cama y pretenden probar sus nuevos medicamentos conmigo y con otras personas

Yo: Me he comprado unos zapatos de cascara de huevo por 400 euros

Mama: ¡Huye mientras puedas! ¡Se acercan!

Yo: No me pienso ir sin ti, déjame desatarte, nos vamos a casa

Mamá: estoy muy débil, estoy con la dieta de la sopa quema grasas y llevo tres días a base de agua de váter

Yo: ¿Funciona la dieta?, ¿Has perdido algo?

Mamá: La dignidad

Salgo a echar un vistazo y no veo a nadie merodeando, así que, entro a la habitación y ayudo a mi madre a escapar.

Yo: No podemos coger el ascensor, nos verían, tenemos que subir andando

Mamá: Nunca saldremos de aquí, las escaleras son un espiral sin salida

Yo: mamá, tienes las pupilas muy dilatadas, creo que te han drogado, ¿No tendrás algo para mí?, ¿No te ha sobrado un trozo de pastilla?

Mamá: Me sobran 4 kilos todavía, mañana me toca solo bananas

Me tiemblan las piernas de subir no sé cuántas plantas, Pero al mirar hacia abajo por curiosidad y ver como un grupo de enfermeros nos van a dar alcance, un “subidón” de adrenalina hace que me recupere y arrastre a mi madre hacía la salida de aquel agujero.

Enfermero maligno 1: ¡Párate! Será mejor que no corráis, deja a tu madre y vete tú

Enfermero maligno 2: ¡Nunca saldréis de aquí!

Yo: ¿Por qué hacéis esto?

Enfermero maligno 1: Por obra y servicio

Enfermero maligno 2: Con un sueldo de 900 euros al mes con las pagas prorrateadas

Enfermero maligno 1: A mí me cumple el contrato el mes que viene y no sé si me van a renovar

Enfermero maligno 2: ¿No jodas? ¿Has hecho horas extra?

Enfermero maligno 1: Sí, pero me ha dicho la enfermera maligna 7, que a ella se las deben desde el verano

Mamá: Me he dejado la comida en el fuego, si tardamos mucho en salir de aquí, se quemarán las lentejas

Yo: Tranquila, ya veo la salida

Mamá: recoge tu cuarto que da asco verlo ¿No te da vergüenza?

Yo: La dieta de sopa estancada no te sirve de mucho mamá, pesas mucho y tengo los brazos dormidos, intenta caminar

Enfermero maligno 1: ¡mira un perro con un calzador en la boca!

Yo: ¡Yeika!

Yeika: ¿Te gustan los zapatos?

Mamá: ¡Yeika!…. ¿Tú no estabas cadáver?

Yeika: Me voy a la calle a cagar cerca de un árbol y a enterrar la mierda con la arena

Yo: ¡ven corre!… Vente con nosotras… ¡mira la salida!

Yeika: he cagado en la planta 19, pero se me ha quedado la mierda pegada al culo y no sé quitármela

Mamá: Yeika ven a la calle… vente con nosotras

Yo: ¿Quieres hacer el favor de venir?.. ¿Eres tonta?

Yeika: Veo en blanco y negro

Salir de aquel agujero no fue fácil, nada más pisar suelo, la puerta se cerró tras nosotras y la fachada de la entrada ya no era de unos grandes almacenes, el “rascainfiernos” había desaparecido; era una tienda cutre de barrio, donde te cobraban por las bolsas de plástico 5 céntimos.

Mamá: Me voy a casa, que si no añado agua a las lentejas se me queman, ¿y tus zapatos?

Yo: ¡Mierda! Me los he dejado en la habitación donde estabas secuestrada, seguro que al ayudarte a huir, se me ha roto la bolsa de 5 céntimos y se han caído.

Mamá: ¿Tienes saldo en el móvil? envía un mensaje a tu hermana y dila, que si va a subir a casa a comer que suba pan y coca cola, ¿Tú vienes a comer?

Yo: No.. Me voy a buscar mis zapatos.

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2 Comentarios

  1. por Yizeh publicado el 20/12/2011  15:07 Responder

    Me parece divertido, pero siento decir que se me ha hecho un poco cargante. Creo que confundes surrealismo con absurdismo. En el primero, los elementos que aparecen están por encima de la realidad, por lo que su significado puede ser difícil de buscar, pero dicho significado tiende a existir. El surrealismo, en definitiva, busca sorprender al lector, pero también le obliga a reflexionar. En el absurdismo no, en el absurdismo todo vale, pero es un arma de doble filo. Puede quedarte un relato muy "curioso", muy sorprendente, pero a la vez estar demasiado cargado de elementos absurdos, que hace que sea difícil llegar al final.
    No creo que este relato en concreto esté mal, pero sí creo que abusas de esos elementos. A mí se me ha hecho un poco difícil terminarlo.
    Nos leemos, ¡un saludo!

  2. por literacruda publicado el 20/12/2011  18:11 Responder

    Gracias por tu comentario, para mí el surrealismo y el absurdismo pueden ir
    de la mano perfectamente. El surrealismo puede buscar la reflexión o
    solamente la paranoia, no tiene porque estar cargado de significado ni de
    sorpresa. pero en fin. gracias por tu comentario de nuevo.
    Un saludo!

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