La mujer perfecta

    Un hombre y una mujer están cogidos de la mano: lo más probable es que simplemente estén paseando, pero hay algo que no me cuadra en esta pareja. Les sigo ¿Es que no tengo nada mejor que hacer? Sí, sí, pero no puedo; ahora quiero ver porqué ese hombre parece un cadáver y esa mujer no parece darse cuenta. Él está tan pálido que me entran ganas de acercarme y ofrecerle ayuda. Da pena. Ella parece perfecta.

 

           Entran en un bar y paso por la misma puerta dos minutos después; me siento cerca de ellos. No hablan, solo miran por la ventana mientras beben algo que no parece alcohol. Hoy han adelantado la hora y me doy cuenta de que voy peor de tiempo de lo que pensaba, pero me quedo. Entra un vagabundo en el bar, y parece tan sucio y drogado que estoy seguro de que tardarán muy poco en echarlo. Ocurre en menos de cinco minutos. Todos miran la afectada actuación de la camarera menos la pareja, que sigue mirando el cristal sin decir nada. A ellos les mira el vagabundo al salir: tiene la boca abierta, y si no fuera por el empujón de la puerta que la camarera le ha dado el hombrecillo se hubiera quedado aún más boquiabierto. Es la una de la mañana y yo también veo lo que sorprende al pordiosero. La mujer perfecta tiene la boca deforme, los ojos huecos y el pelo lacio; la nariz ha desaparecido de la cara, que ahora irradia un color blancuzco y el hombre muerto no se inmuta. En esta época del año tengo los nervios crispados, lo reconozco; he bebido y no es la primera vez que veo y oigo cosas que no debería, así que supongo que eso es todo (seguro). Casualidad y punto, pero ¿y si le hubiera preguntado al vagabundo?

Elia Garcia Zarranz

Escritora de relatos de ficción, terror y lo que surja... Publico en mi propio blog y estoy terminando Filología Hispánica en Zaragoza donde coordino, junto con otros compañeros, la Revista Literaria Universitaria Eclipse.

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1 Comentario

  1. por Gonzalo López Sánchez publicado el 04/11/2013  00:08 Responder

    El principio me hace pensar en una obra de teatro que estuviera contemplando el narrador. O quizás en un escritor que estuviera pensando en cómo empezar un relato.

    Es curioso, pero consigues crear una atmósfera incómoda, próxima a un miedo que nace de la extrañeza. Y lo haces ahorrando palabras y acontecimientos. Realmente no ocurre gran cosa y el final queda abierto, pero es esa pregunta que no concluyes la que hace revivir la imagen de la pareja.

    Me ha gustado. ¡Sigue escribiendooo!

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