Cánticos de Lejana Tierra

Cánticos de lejana Tierra

I

Soles binarios son luces en el firmamento. En su telescopio Jedzele mira los trazos. Y cerca, la Montaña Sagrada es lugar de encanto. Tras Arthur, la niña sigue sus pasos. Primero fue Una Odisea espacial, una silente obra. Acaeció una breve lectura que entrecierra, ciencia y ficción  del hombre que elucubra, un viaje a confines distantes de la Tierra. La niña se entrega al sueño. Su reloj ya no marca el tiempo como tal. Llevará eones por delante en su desempeño. Arthur  permite ensoñación de los linderos del universo infinito, será la luz que concretará su atención.

II

Jedzele, viajera del tiempo en rayo de luz, percibe negra soledad que no aterra. Le llegan recuerdos de eones a contraluz, y vuelve oyente de Cánticos de Lejana Tierra. Un día, la humanidad  dio el gran salto, así que la niña de luz es la fiel  tataranieta. Ha crecido con conciencia, pero lo oculto también le llama. Irá tras rastros de su antiguo planeta. Y será acompañante de ese cometido la raza Thakul. En paralelo, vuelve escucha del son de esas máquinas, como latidos. El linaje de Jedzele parece  primitivo, pero más colosal que  la raza Thakul,  de ella develar suceso será potestativo.

III

No habrá entre ellos un encuentro, pero Jedzele es vigilante siempre asceta. Mira en tiempo disímil el espectro terrestre. Primero, la llegada de nave Thakul al antiguo planeta. Del sistema queda grave desolación. Mundos que fueron de alcurnia, ahora extintas sus gravedades. La palpitación del tercero en línea al sol, es triste agonía. Para Jedzele,  se cedió del pasado, un instante. Así, un vistazo de la niña luz a la antigua casa terrestre. Cuando todo era excitante;  pletórica sus selvas y los bosques,  océanos bullentes de vida salvaje, racional humanidad y sus porqués.

IV

Envuelta en su infinita luz sideral, Jedzele mira la belleza insignia del planeta madre y su vida temporal, pero lo que hoy es éxtasis, después será larga agonía. La niña luz, de nuevo, es  observante. La nave  Thakul,  inmerso en su velocidad,  trasiega deslizante hacia voces  del universo. Y previo a su retorno, ella es suspirante de las dulces fragancias de aquel origen. Lleva en su espíritu, su belleza insinuante. A pesar de todo lo acontecido, de los ancestros quedará descendencia. Así, ellos partirán hacia nuevos lugares, tras la búsqueda de sublime trascendencia.

V

Jedzele toma posición de observante. Otros entrarán en el círculo converso. Kuman Ilel, el humano navegante.  Alberon, de los señores del Universo. Así, hubo un tiempo  que el infinito no llevó gratos sonidos de contraste. Pero viejo linaje Thakul halló esbozo primogénito de música. Hizo de consigna su rescate. Alberon, señor del universo,  raza de largos eones que no han disipado, ahora son viajeros de luz  a toda traza. Kuman Ilel, humano navegante, y desafiante entre miles. Hacia las nuevas estrellas,  desea que los hallazgos no fueran hostiles.

VI

Antes, los Thakul partieron  al sistema solar y conocedora de otra estirpe, le es acicate su extinción. No debiera ser el emblema de una supernova, así,  esos visionarios van al rescate. Aún cuando la raza viaja en naves de luz, llegarán tarde. La mirada en crisol alivia aversiones brillantes  en  suave contraluz. Y sigue el tiempo,  sucederá algo al sol. A Jedzele se le estruja el  corazón, y  no teniendo, siente  profundo que a sus orígenes tocó tal desazón. Y como música del tiempo humano, ondas de frecuencias  forman el rayo que van a  la nave Thakul. Son los recuerdos del pasado.

VII

Pero están lejos, las naves Thakul. En la orilla infinita miran la fatalidad. Al punto,  es inmenso a contrasol, majestad plena el fuego de radiación finita,  y sin espera, ha vuelto supernova el sol. Y antes que zarpara la partida de rescate Thakul, devino, del hombre, instinto de sobrevivir, y elevó sus naves al infinito en levante. Así pusieron la mirada a una nueva estrella. Solo Jedzele conocía de su sobrevivencia. Era ella, descendiente de los pioneros, la niña luz que buscaba su magnificencia. Thakul, los seguidores de música rauda de las frecuencias,  de sus cantos nobles volvieron conocedores.

VIII

Dormidos en sus naves  los humanos esperan. Sus naves van horizontes lejanos y dejan huellas. Sin que sepan su destino, ellos atemperan soledades. Son  viajeros a las estrellas. Si un vistazo  pudiera dar un durmiente, vería que son náufragos en silencio de eternidades. Su mirada pasaría veloz  para abundar los secretos de las constelaciones. Para Jedzele y raza Thakul, los recónditos no han sido revelados en el misterio de la creación. Así del infinito son sus preciosos súbditos. Y luego de  vastísimo tiempo, el momento llega para uno, Kuman Ilel, desafió largueza de sueño, y hace otra vez dueño.

IX

Kuman Ilel ahora del visor hace mirada expectante. Como fuegos de artificio es la luz, y despierto se reconforta cuando mira los polvos y estrellas de constelaciones. Y sin saberlo, extraño visitante llegará. Astronave de pinta futurista y con  barón no humano. Raza intuitiva que abordará triste nave del hombre,  verá a Alberon. De mil millones de años, es  raza viajera. Oyente de  músicas celestiales y señor del infinito, camino sabio que dedujera. Apenas cuatro millones de la raza terrestre, unos cuantos volvieron peregrinos del cielo, para ellos,  aún no ha llegado salón, ni pupitre.

X

Sucedió de prisa que no hubo sorpresa. Ambos se miraron y sintieron, luego analizaron, devino una extraña comunión entre humano y raza. Así, aconteció el encuentro con Alberon. Vigía y salvaguarda de jóvenes especies,  un lugar estaría dispuesto para ser habitado. Humanos y raza dieron fe de sus conjugaciones. Más allá de una  frontera se daría un nuevo mundo. Más tarde, cada durmiente fue despertado. Del largo sueño desde su abrupta expulsión, ahora de los señores están aprendiendo. Jedzele es observante de  maestros, los que tiempo atrás,   iniciaron  caminos diestros.

XI

Parecido a la Tierra madre, pero era diferente. Miró Kuman Ilel lo vasto y profundo de  la oscuridad celeste,  y entraron a la atmosfera, sus naves. Así fue la llegada al nuevo mundo. Luego de una larga sombra de noche, la humanidad  supo que era numerario. Cuando alzó la mirada, la conjunción de dos en un juego afiche. Eran los mundos acompañados en un sistema binario. En su búsqueda la niña dio con el acierto, ya comprendía ideas del origen en el espacio. La curiosidad, en  su interior, volvía concierto. Jedzele miro alejarse a los  maestros, así, la humanidad sería superviviente. Un camino se abría a sus ancestros.

XII

En el cielo, Kuman Ilel divisa en occidente como farola, el lunario. Más tarde, glorioso amanecer avisa de la grandiosa presencia del sol binario. Resulta extraño mirar la madrugada, cuando devuelven  juegos mimetizados del meneo sideral. Allí será albergada la humanidad, sus secretos refugiados. Y hacia la nueva tierra el descenso, las naves salvavidas con su preciada carga. En la profundidad de su agua, todo es suspenso.  Kuman Ilel no intuía, ni vislumbraba suceso. En las vastas soledades del planeta, se esbozaba un proceso.

XIII

A la llegada del nuevo hogar se traslucen sus mares agitados,  por ellos no imaginados. En su escasa tierra será donde interiorice la vida humana; así han llegado los refugiados. Mundo extraño que gira a la inversa, El sol binario de alborada bella y lozana. Kuman Ilel comprende y luego conversa. Así, el planeta azul será llamado Oceanna. Vuelcan unas similitudes en profundidades. Seres etéreos los han vislumbrado, ellos han esperado largos eones. Aunque lento el proceso, será el acusante de la nueva creación. De las próximas generaciones volverá oportuno.

XIV

En el cielo otra vez Jedzele mira atenta, como  se hilvanó la existencia humana. Una tierra  que permite y aposenta. Así comienza habitarse el mundo Oceanna. Pero Kuman Ilel no es  hombre feliz. Al viejo líder  todo parece muy distante. De la historia del pasado, hubo grave desliz, y extraviada nave se alejó con su saber diletante. En el infinito, volvió viajero de estrellas. Polvos y arenas desviaron su camino, vagabundo errante no saben de sus huellas. Son dos, los destinos de la niña luz. Uno complemento del otro, como binario, hacer regresar y mirar a contraluz.

XV

Y abren  paradojas de tiempo y espacio, Si la niña luz  no hubiere estado en ese instante, humana raza no hubiese hallado inicio. Así, de la vieja nave un día, llegará su música diletante. En noches de Oceanna, Kuman Ilel mira al cielo. La pérdida de haberes le es desdicha. En silente,  su idea es enseñanza sin mentira. Así, con el tiempo, del infinito es su escucha. Los señores del Universo se han marchado. Alberon quiso proteger a la humana especie, de ningún modo resolutivo, ni intencionado. Jedzele postula. De nave ira en busca. Como hallar una aguja en la inmensidad. Ella vuelve oyente,  y no se ofusca.

XVI

A la niña luz abrirá un extraño camino. Sinergia de espacio en gusano es  brecha. Así, se envolverá en un hallazgo puro y cristalino. Punto ínfimo emana  sinfonía a la escucha. La preciosa nave con retumbo excelso, encendido el aparejo y particularizado, lleva en si, detallado y magnifico pulso, son los haberes del hombre del pasado. Y aunque Kuman Ilel sigue a la espera, su rumbo no doblega,  ni  tropieza. Así inicia el mundo con la nueva víspera. El primer deber ya fue cumplido, así,  Jedzele enmarca el nuevo rumbo la vieja nave, arribará a su destino.

XVII

La niña luz conoce la vieja leyenda. Lo ignoto en su memoria, es identificado. Saber de la gloria, lo que trascienda a los hombres de Oceanna, es la  historia de su pasado. No es efímero lo que ella ha sentido. Miró en la madre Tierra,  lo fragoroso del pensar humano, y correspondido se revertirá en mensaje esplendoroso. Jedzele  ha visto, como en sueños, arcanas edificaciones de los antiguos, fauna y flora fueron también codueños. Así, la vida  fue deshecha en oleadas de supernova. Estrella en su transcurso, vida y muerte; señales interaccionadas.

XVIII

Así, Kuman Ilel despierta entre gritos. Del infinito  aterriza navío venturoso, ideas y sueños   olvidados, impertérritos e íntimos, ha llegado saber esplendoroso. De los seres habidos en profundidad de aguas de Oceanna, llega también llega cierto viraje. Un proceso ha iniciado a la brevedad, los hombres han comprendido su mensaje. Han entendido los seres de Oceanna, que los refugiados son sus descendientes,  de su vitalidad  se emana. La niña de luz  comprende sin torpeza. Le tocó, de la paradoja, hacer propiedad. Del camino tomado devuelve esperanza.

XIX

“Sean hombres de paz y trascenderán…” Repite la máquina en viejo lenguaje,  y aunque del pasado, lo comprenderán. El  vasto concepto es último mensaje. Sin que el  refugiado estime, ni sepa de seres de profundidad del agua, ellos poseen diligencia. Kuman Ilel, casi a su muerte, se emancipa. El primero que ha salido de larga infancia. Entonces, el  largo transcurso restaña, de su viejo cuerpo y buena memoria, traslapa el ser de aguas de Oceanna  con lo humano, y se entraña. Así, Jedzele da cuenta de su origen. En ella, la chispa curiosa permanece. Las paradojas restablecen y corrigen.

XX

Serán los seres que tomen el camino al universo. Del resultado de su mezcla, emanará  luminiscencia. A los refugiados, sin saberlo, es su destino. A todos llegará el fin de su infancia. Más tarde, los señores del Universo, han evaluado suceso y comparecencia a la joven especie. Ha sido dado un nuevo curso. Lo que ellos nunca serán, la esencia humana vuelven en entes de trascendencia. Para Alberon que no conoce la envidia, da cierto resquemor que luego olvida. Ellos son los amos de la concordia. Un último instante en Jedzele queda, ahora toca  observar otros mundos, y dejar impronta, sin que transgreda.

 XXI

Así,  hubo un día que la raza humana, llevó adelante camino de aquiescencia. De los seres, cuyo origen era Oceanna, fusionaron en luz y trascendencia. Entonces devuelto, lo casi  extinto, de aquellos pocos hubo desempeño, del mensaje que era verdad y acierto. Jedzele todavía se mira en su sueño. Sabedora de astronomía queda certeza, aunque no se sabe del suceder de estrellas, se consigna al sol terrestre larga vida y presteza. Del hombre, apenas  polvo estelar, mira al infinito en busca de respuestas. Al final del camino solo queda contemplar.

XXII

Entre parábola y paradoja llega amanecer. Niña de luz vuelve en infanta luego del ensueño. Ha hecho de sus lecturas, claro acontecer. Así levantará con gusto, después del sueño. Mundos raros y extraños son del autor, Arthur se viste de gala con sus cuentos. De la ciencia ficción es buen escritor. Así, Jedzele hará otros descubrimientos. Viajará vestida de  tul en luces. Tormentas de infinitas sensaciones, entre densas nubes de constelaciones. El sol  parpadea sobre la ventana. De la noche será  espera de lectura, andante siempre tras estrella arcana.

 

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