Rojo y marfil

Con un movimiento felino, lento, suave, preciso y precioso se desperezó, atando mi deseo a una piel de marfil y a unos ojos de brillo caprichoso. Ojos arropados con el ronroneo de unos gemidos anhelantes esculpidos por dos labios rojos como la sangre.

Acudí a ese sonido; súplica y al mismo tiempo orden. Mi piel y mis labios abrazaron los suyos, uniéndonos en una sola respiración, un solo cuerpo y un solo deseo.

Nuestra respiración se aceleraba más y más, sus pechos subían y bajaban con el rítmico frenesí de nuestra danza. Justo cuando creía que me ahogaba, que mi corazón iba a estallar y que me moría de placer, una sonrisa tan caprichosa como sus ojos de gato apareció en su cara. Empujó mi pecho hacía atrás y con una fuerza impropia de su tamaño se puso sobre mí y me aprisionó entre sus piernas.  Pude ver nuestros cuerpos brillar con el esfuerzo y jadear lo justo para recuperar el aire, porque el antojadizo aura de sus ojos volvió a brillar y con sonrisa viciosa se inclinó sobre mí, buscando mis labios en un lametón que empezó desde el ombligo, pero justo antes de tocar mis labios con los suyos se detuvo, quemándome de deseo y hambre, de capricho y locura.

Con la cordura arrebatada me lancé a esos labios que ella en un ágil movimiento convirtió en un mordisco a los míos. Durante una fracción de segundo quede atónito y ella soltó una risa en forma de soplido. Poniéndome rojo y sabiendo que no podía dejar las cosas así cogí sus caderas y la tumbé con brusquedad sobre la cama, la miré, le di un rápido beso y al mismo tiempo que ocupaba mi boca en su oreja y su cuello una mano agarraba un pecho y la otra bajaba en una caricia hasta sus muslos. La volví a mirar, me despedí con otro beso fugaz de sus labios y saboreé cada milímetro de su piel, hasta que vi que ese poderío felino ya no estaba en sus ojos, ahora estaba yo, reflejado en el lustre de su locura y su deseo desesperado.

Rápidamente recuperamos el tango por donde lo habíamos dejado. Gotas de sudor perlaban nuestros cuerpos y oíamos nuestros corazones al unísono por detrás de gemidos y jadeos. De repente ella soltó un débil grito y me empapó en su placer, produciéndome tal éxtasis con el suyo que sin poder evitarlo la correspondí. Tras unos segundos eternos en los que nos calmamos con besos lentos y amorosos nos dormimos abrazados el uno al otro bajo una luna envidiosa.

Mentalriott

Nacido en Madrid en 1994. Psicología, Criminología y Deporte en las venas. Adoro la literatura fantástica y la música. Escribo por diversión y a veces por necesidad.

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1 Comentario

  1. por Carkrof publicado el 16/03/2015  03:32 Responder

    Realmente impresionante, casi lo podía visualizar como una película, realmente te deja sin aliento O.o

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