La grandeza de la nada

Allí, de pie, entre la oscuridad se distinguía las luces tenues de las ventanas de enfrente. Miro hacia arriba buscando una respuesta divina. El cielo estrellado le hacía sentirse insignificante, sucede que cuando presenciamos algo majestuoso, nuestro espíritu, siente envidia, y quiere ser, solo ser más. Buscaba una respuesta en el infinito, una señal que le dijera que hacer. Cuando se divaga mucho en la respuesta, aunque la pregunta no la tenga, esta difícilmente llega. Pero el cosmos, los dioses, algo, se compadeció, arrojándolo a la nada, donde su espíritu se consumiría y su hambre de grandeza se perdería.

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