Transmigración incomprendida

Quiso decirle que todo era mentira, pero sólo conseguía seguir zumbando. La mano gigantesca la rozó y desvió su vuelo. Pero Lucía se recompuso, removió las alas con furia y voló sobre el brazo y el hombro. Sorteó torpemente la barbilla y se plantó ante los ojos ajenos que no la reconocían. Quiso chillar que la muerte no existía, que el horror no acababa nunca. Juan por fin la aplastó entre sus manos. “Jodidas moscas”, dijo, “son lo peor del verano”.

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