Licántropo mental

Ya no sentía nada, la tristeza cernía sobre él, inundándole por completo.

La rabia le cegaba mientras devoraba el jugoso alimento y le corrían hilos de un tono rojo oscuro por la comisura de los labios. Sabía que estaba cometiendo una atrocidad, pero ya no le importaba, al humano que era segundos antes le habría asustado enormemente.

Pero ahora era un hombre lobo, invulnerable a las leyes humanas.

Se le acabó la comida, y volvió en sí, avergonzándose de sus pensamientos fantásticos, mientras iba a la cocina a por más bayas.

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