EL GUERRERO NEGRO

El Guerrero Negro terminó de afilar su espada y derramó sobre su filo unas gotas de aceite de salamandra. La hoja oscura comenzó a arder con fuerza y tuvo que deslizarla en la vaina de piel de dragón para contener la llama.

– “¡Los aldeanos temblarán al verla!”

Su esposa le ayudó a colocarse el yelmo y su hijo corrió a abrazarle. El Guerrero sonrió al ver cómo el pequeño aprovechaba el abrazo para hacerse disimuladamente con el frasco de aceite.

– “Este chico promete.”, pensó.

Lleno de orgullo, el Guerrero Negro montó su caballo y se alejó al galope.

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